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miércoles, mayo 27, 2026

LA CIUDAD DE LOS CÉSARES (segunda entrega)


2.


           Una de las cosas que más nos agrada a mi mujer y a mí de nuestros “viajes expedicionarios”, así los llamamos, son todos los preparativos previos.

Esta vez íbamos a estrenar una carpa de cabina, la cual va montada en la caja de la camioneta y se despliega al acampar. Pero por el mes de Mayo, en Bariloche suele nevar, por lo cual es necesario estar prevenido para soportar un frío intenso que puede llegar a algunos grados bajo cero. Por precaución quisimos llevar dos equipos de calefacción, uno portátil a gasoil y otro a leña el cual es muy cómodo para preparar comida caliente dentro de la carpa. La vestimenta debe ser la adecuada (en capas), desde las medias y el calzado hasta las camperas. Las bolsas de dormir que tenemos son las de pluma de ganso, las hemos probado y son insuperables para el frío. Además contamos con equipos de trekking muy completos, incluso para soportar varios días de caminata. 

Nuestra camioneta es una vieja Ford Ranger, que a pesar de tener varias travesías realizadas se encuentra como el primer día y nos ha permitido confiar en ella. Para estos viajes, llevo por costumbre dos auxilios y cadenas para la nieve, una caja de herramientas no puede faltar, faroles, linternas, y fundamentalmente los mapas y una brújula. No se puede confiar ciento por ciento en el GPS. Tampoco jamás olvido llevar mi equipo de pesca, en este caso para utilizarlo con mosca. 

Emprendimos el viaje desde Buenos Aires comenzando por la ruta 5 hasta Santa Rosa en la provincia de la Pampa, después la ruta 35 hasta la 152 para cruzar Río Colorado, continuando por la ruta provincial 6 hasta Gral. Roca, luego por la ruta 22 que pasa por Cipolletti hasta empalmar la 237 hasta llegar a Piedra del Águila. A partir de aquí disfrutamos de lo mejor del viaje, porque el trayecto se convierte en un paraíso hasta el último destino, Bariloche. Aproximadamente son 1600 kilómetros y se tarda unas 20 horas sin parar. No es nuestro caso, nos gusta pernoctar en Gral Acha.

La partida nos provoca  muchas expectativas por todo lo que nos deparará el viaje, en esta caso en particular se nos agregaba tener una dato muy preciso, la ubicación entre dos puntos separados unos 90 kilómetros, desde Bariloche al cerro Tronador, para encontrar nada más ni nada menos que la misteriosa Ciudad de los Césares. Este recorrido lo conocíamos de memoria, el cual solo se puede admirar estando allí, las palabras no alcanzan, es un lugar inigualable y majestuoso. Salimos a la madrugada del sábado para evitar en lo posible los camiones. 

Nuestro objetivo era acampar en un camping del lugar para hacer base y desde allí comenzar nuestras caminatas en busca de encontrar al menos un pequeño indicio, una marca, un cambio en el color de las rocas, un sendero olvidado entre las piedras; algo que nos llame la atención. 

El primer tramo fue tranquilo, sin sobresaltos, lo disfrutamos mucho, nos gusta la ruta. Mi costumbre es tratar de no parar llevando una velocidad lo más constante posible, respetando las velocidades máximas que muchos conductores imprudentes piensan que las mismas no son para ellos. Cuando llegamos al camping de Gral. Acha sus dueños nos conocen y fuimos bienvenidos, debo decir que extender por primera vez la carpa de caja nos resultó bastante complejo, pero logramos hacerlo y pudimos pasar una muy buena noche y descansar. A la mañana siguiente bien temprano, cargamos combustible y desayunamos en la estación de servicio, al poco rato de salir a la ruta comenzó a llover intensamente pero con precaución continuamos. El mal tiempo nos acompañó unos trescientos kilómetros hasta que por fin un alegre sol iluminó el camino.

Cuando nos faltaba unos cuatrocientos kilómetros para llegar me sorprendió un mensaje en mi teléfono, era el señor Roberto X, para saber cuándo saldríamos, le envié un mensaje de voz comentándole que estábamos por llegar a Bariloche, le iba a dar una sorpresa cuando llegáramos, pero él se nos adelantó. 

—¡No lo imaginaba, Francisco!. ¡Qué alegría me brinda!. —me habló emocionado—. Créame que ahora mismo, con mi imaginación, estoy viajando junto a ustedes. Téngame informado y envíeme, si puede, fotos.

—Lo tendré al tanto de cada detalle que descubra, despreocúpese usted.




Llegamos a Bariloche a las cinco de la tarde, estábamos muy contentos por el viaje pero cansados. Decidimos comer algo, para estirar las piernas caminamos por el centro y compramos los comestibles ligeros para las incursiones a pie. Es importante destacar que para las salidas de trekking llevamos una carpa de montaña y todo lo necesario para acampar y pasar la noche.

La última parte del viaje que nos restaba, unos cuarenta y cinco kilómetros, era el trayecto desde Bariloche al camping de destino. Cuando llegamos era de noche y no había luz eléctrica. El encargado nos indicó el lugar iluminando con un sol de noche. Esta vez pudimos desplegar la carpa con éxito y Raquel preparó una cena de tostadas, huevos revueltos, sardinas, tomates y queso, un manjar. La temperatura era de diez grados con perspectiva de seguir bajando. Armé y encendí la pequeña estufa a leña, el fuego nos brindaba una sensación de hogar perfecto, el cielo estaba tapizado de estrellas, una luna indiscreta nos miraba detrás de unos árboles reflejándose en el lago. No podíamos pedir algo mejor.



Continuará dentro de quince días 


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