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martes, marzo 30, 2021

EL DESCONOCIDO

 _ De acuerdo señor Adolfo, creo que si salgo a las siete puedo llevar las carpetas al contador para que las entregue a primera hora,... correcto, buenas tardes señor _

Edgardo sabía que este mandado le implicaba un viaje de trabajo de tres horas extras, entre ida y vuelta, solo que su auto desde hacía un par de días, fallaba en baja, pero cumplir con el jefe preparaba el terreno para pedir ese aumento que lo esperaba desde principio de año.


Después de cargar nafta y subir al baúl las tres cajas llamó a su señora para avisarle que llegaría más tarde, luego emprendió el viaje. Adolfo sabía que en ese horario en la ruta no habría tráfico, si su coche no le fallaba, en una hora y media llegaría a la chacra del contador, había ido varias veces allí pero siempre durante el día nunca de noche, sabía que la tranquera de la entrada estaba muy alejada de la casa como a unos quinientos metros, si llegaba a estar cerrada esto se convertía en un problema porque debería dejar el auto e ir a pie, caminar no le preocupaba pero el contador era un hombre mayor que no utilizaba teléfono, por lo cual tendría que ir a buscar la llave del candado a la casa y regresar a la tranquera, a todo esto se sumaba un inconveniente no menor, los cinco perros del contador que los dejaba sueltos. Pensando en estos posibles inconvenientes sonó su teléfono, al atender, su esposa le comentó algo preocupada que su hijo más chico tenía unas líneas de fiebre, no era mucha, pero hubiera preferido que él estuviera ya en casa. Edgardo tranquilizó a su señora, y la entusiasmó con la posibilidad del aumento que mañana mismo le pediría a su jefe. 


Al ingresar por el camino de tierra, la noche era cerrada, solo podía ver los pastizales de la banquina y de tanto en tanto el alambrado, de acuerdo a sus cálculos le restaba una media hora de viaje, no se podía descuidar, porque la única señal era un pequeño cartel blanco, con el nombre de la chacra "Destino". De pronto en medio del camino alcanzó a ver un bulto muy negro, aminoro la marcha, y se acercó despacio, se asusto cuando el bulto se movió, al frenar, el motor se detuvo y pudo ver una vaca negra acostada que se levantó y corrió por la banquina opuesta, Adolfo este hecho normal del campo, lo sobresaltó lo suficiente como para pensar que la tarea se complicaba de noche, cuando pretendió continuar, ocurrió lo que no debía ocurrir, su automóvil no arrancaba.

Solo las luces iluminaban el camino, pero debía apagarlas para no gastar la batería, eso hizo, en un primer momento la oscuridad era absoluta, al cabo de unos instantes, su vista se acostumbró a la penumbra y pudo disfrutar de las estrellas que tapizaban el cielo como diamantes, un tenue resplandor en el horizonte indicaba la ubicación del pueblo distante, encendió su linterna, buscó una pinza de la guantera, y abrió el capó, la última vez que le ocurrió esto lo pudo solucionar golpeando uno de los bornes de la batería, eso fue a hacer, pero esta vez la maniobra no resultó, lo iba a intentar nuevamente cuando pegado al alambrado sintió unos pasos sobre los pastizales, se sobresaltó y al alumbrar el lugar, solo eran un grupo de vacas, tal vez más asustadas que él. En el apuro la linterna se le cayó y se apagó, escuchó donde había caído, y comenzó a tantear con su mano el piso, pero no la podía encontrar; entretenido con este inconveniente, algo, a unos cien metros del alambrado campo adentro le llamó la atención, observó con más detenimiento y algo blanco juraría que se movía lentamente, imagino que sería otro animal, pero era imposible saberlo, por fin al extender su brazo por detrás de la rueda, allí encontró la linterna. Un segundo intento para que su auto arrancara también fracasó, ¿a quién podría llamar a esa hora y en ese lugar? por algún motivo bajó el capó de su auto, tal vez con la esperanza que arranque, después fue a buscar el teléfono a la guantera, cuando se sentó frente al volante, miró al camino y eso blanco ahora estaba sobre el camino, al encender las luces, pudo ver nítidamente la silueta de un hombre con sombrero que caminaba hacia él. Edgardo comenzó a realizar conjeturas de todo tipo, nada halagüeñas, al ir acercándose lo podía observar muy bien, era un hombre delgado, alto, con saco, sombrero y pantalón blanco, caminaba hacia el auto, y con su mano se protegía la cara, evidentemente las luces lo encandilaban, Edgardo asustado, colocó las trabas de las puertas, y tomó un destornillador. Esta persona se acercó a tal punto de quedar parado a cinco metros del auto, inmóvil.

Habrían transcurrido unos minutos, y Edgardo atinó a abrir la ventanilla y decir en voz alta, _ ¡hola!, ¿que desea?_ 

Y este hombre respondió

 _ he visto que se le quedó el auto, ¿lo puedo ayudar?_

Edgardo sabía que la gente de campo es servicial por naturaleza, pero eso no lo a animaba demasiado, la apariencia de aquel hombre era desprolija, su sombrero ni siquiera tenía una forma, el saco era grande para esos hombros huesudos, y el pantalón era blanco pero notoriamente sucio, al tener este sujeto su brazo levantado no podía verle bien la cara, solo alcanzaba a ver un pañuelo azul o tal vez negro con lunares blancos. Ante situaciones extremas, nunca sabemos de qué forma reaccionamos, nuestro instinto de supervivencia actúa a pesar del miedo o el terror. 

Edgardo, con el destornillador aferrado a su mano bajó del auto y encaró al desconocido. 

_ así es_ dijo Edgardo,

 _ creo que son los bornes de la batería _  

_ ¿quiere que los revise? _ dijo el desconocido. 

Por esas cosas, esa voz a Edgardo le brindaba confianza, era algo difícil de explicar, porque no tenía un acento a nada conocido, ni siquiera campechano, solo era un timbre de voz que bien podría ser la de un profesor, no parecía la voz de un hombre de campo, pero por la indumentaria no parecía que fuera alguien muy instruido, pero las apariencias engañan, se dijo, y entonces respondió 

_ Bueno, ahora le abro el capó, ¿quiere que ilumine con la linterna?_

_ No hace falta, quédese arriba, yo le aviso _

El hombre abrió el capó, y Edgardo no podía ver que estaba haciendo, no se escuchaba ningún sonido, al cabo de unos minutos, el visitante dijo.

_ ¡ ahora dele arranque!_

Al primer intento el auto arrancó perfectamente, Edgardo no podía creerlo, pensó bajar a agradecer, pero el hombre le dijo que no bajara y que mantuviera el acelerador apretado, después de bajar el capó el desconocido se acercó a la ventanilla donde estaba Edgardo y se quedó allí parado, Edgardo agradecido le dijo.

_ ¿ qué le debo por la gauchada amigo?_

_ Nada _ dijo esa voz. 

Edgardo al estar sentado y el hombre próximo a la ventanilla seguía sin poder verle la cara.

_ Continúe con su viaje Edgardo _

Edgardo quedó mudo, ¿de dónde lo conocía? Lo había llamado por su nombre.

_ ¿Usted me conoce señor?_

_ Ahora lo acabo de conocer,... antes no_

Edgardo continuaba asombrado,

_ ¿Usted vive por aquí? _

_ Digamos que si _

_ Quedo en deuda _ Dijo Edgardo.

_ No se preocupe ha sido un gusto poderlo ayudar, continúe con su viaje _

_¿Quiere que lo alcance a alguna parte? _ insistió Edgardo.

_ Le agradezco, mi lugar es este,... disculpe, antes que se vaya, usted merece que le comente algo _

_ Digame_  dijo Edgardo intrigado.

_ Bueno, vea, puede ir tranquilo, la tranquera del contador, está abierta, y los perros están atados, también le digo que su jefe el cual le tiene mucho aprecio, no le aumentará el sueldo este mes, el próximo sí, y regrese a su casa confiado, a su hijito ya le bajó la fiebre _

Aquel hombre, después de decirle esto, se retiró caminando con tranquilidad, por donde vino, Edgardo lo siguió con la mirada y con el corazón en la boca, hasta que se perdió de vista en la oscuridad. Edgardo no atinó a llamarlo para preguntarle sobre todo esto que le decía. Edgardo continuó con su trabajo con la profunda curiosidad hacia esa persona, que bien se podría decir que solo estaba allí esa noche para ayudarlo.


Absolutamente todo lo dicho por el desconocido se cumplió al pie de la letra, Edgardo nunca comentó con nadie este extraño encuentro, ya habían pasado dos meses, y una mañana debía de llevar unos papeles al contador; cuando pasó por aquel lugar, detuvo su auto, se bajó, y miró a su alrededor, eran campos de pastoreo, y los yuyales estaban altos, al observar en la dirección donde aquel hombre apareció, observó algo oscuro, diferente al color de los pastizales, cuando se internó en el campo después de pasar por el alambrado, lo pudo ver, a pleno sol, se podría decir que lo estaba esperando.

Era un espantapájaros ya olvidado incluso por el tiempo, con sombrero, saco, pantalón blanco muy sucio, además de roto, y pañuelo negro con lunares blancos, sus hombros eran solo un palo viejo cruzado sobre un poste, su cara, un manojo de paja seca, Edgardo se quedó allí un largo rato, la briza del campo movia una manga que colgaba descocida, pero el pañuelo se mantenía firme, el sombrero ya no tenía forma, pero Edgardo se lo acomodó lo mejor que pudo, y luego dijo… _ Gracias,...amigo _  





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domingo, marzo 28, 2021

CUANDO EL MUNDO SE DETUVO

   El viento era el único testigo de aquella consecuencia imposible de prever, papeles y hojas arrastrados por calles desiertas, y algunos animales fuera de su hábitat o mejor dicho ocupando su nuevo espacio de vida, era lo último que ya nadie podía observar, porque todos se habían retirado, ahuyentados por sucesivas pandemias imposibles de detener. Los magníficos rascacielos realizados por el hombre, continuaban allí, erguidos, sobre avenidas interminables vacías y silenciosas. Las enormes estaciones ferroviarias solo estaban ocupadas por miles de vagones detenidos. Por las noches, la energía eléctrica no convertía más la noche en día, en los aeropuertos enormes aviones se habían abandonado sin remedio. Millones de familias habían huido al campo y el descontrol reinaba, nada se pudo planificar, todo se desarrolló en muy poco tiempo guiado por el terror a contagiarse,los centros de salud no funcionaban por no tener ni enfermos ni médicos. La información que hasta no hacía mucho era un logro humano sin precedentes, en poco tiempo se deterioró, el sistema no se podía sostener sin energía y sin empleados que la controlen y sostengan, la economía mundial estalló por los aires, y junto a ella los recursos económicos de millones de personas habían desaparecido en poquísimo años. Los principales poderes mundiales no pudieron detener la ola de terror, los tomó por sorpresa, y al deteriorarse la información confiable, todo se arruinó aún más sin remedio ni solución a la vista. Los puertos de todo el mundo quedaron con miles de buques de carga incluso muchos cargados pero abandonados, ante esta situación no era muy difícil prever un colapso aún mayor, la pérdida de todos los avances tecnológicos que poseía la humanidad, satélites,  centrales eléctricas, la plantas purificadoras de agua, todo aquello que parecía cotidiano, simple y para siempre, se detuvo en casi solo dos años, el transporte de mercaderías no funcionaba, por ende el mundo entero se había detenido. 

Los principales países quedaron desconectados unos de otros, incluso los vínculos sociales también, grupos de pequeñas comunidades trataron de organizarse pero de inmediato entendieron que al desaparecer el comercio global, con él desaparecía el sistema de engranajes que permite el funcionamiento de la humanidad, transacciones, mercado, cultura, educación, trabajo, todo se esfumó. 

Desconocer lo que ocurre del otro lado del océano, significa retroceder mil años en la historia del hombre. Un grupo de marinos tuvo la ocurrencia de formar una comunidad sobre un buque, pero la idea se descartó de inmediato por los posibles riesgos, quedarse sin combustible, la alimentación, y por supuesto la posibilidad de enfermarse. Un aviador experimentado junto a su familia  decidió cruzar el Atlántico desde Florida a Inglaterra, logró preparar su nave que poseía la autonomía suficiente, cargar combustible, aprovisionarse de víveres y despegar no fue problemático, pero no contaba con pronóstico climáticos fiables, esto es como volar a ciegas, con muchísima suerte pudo evitar una tormenta y retomar su ruta, pero el mayor riesgo era sufrir un aterrador choque aéreo porque muchos aviadores pensaron lo mismo, pero no había controladores de vuelo que los guíen, cuando llegó a los cielos del Reino Unido, aterrizar por poco les cuesta la vida, pudo lograr hacerlo sobre un campo solo gracias a su destreza, al comprobar cómo estaba la situación allí, encontró el mismo drama que existía en Estados Unidos, ciudades abandonadas, y campamentos de personas en todas las llanuras, con sus provisiones al límite, y su estado de ánimo llegando a la desesperación e incluso a la locura.

El principal problema en apariencia imposible de resolver era poder contactarse para lograr una mínima organización, los teléfonos, internet, la radio, la tv, solo funcionaban al diez por ciento de su capacidad, porque las centrales quedaban sin energía ni mantenimiento alguno.

Al principio el desastre para gran parte de la población mundial pasaba desapercibido porque aquellos sistemas de convivencia humana reducida no lo notaban, sus vidas en apariencia continuaban como siempre, hasta que comenzó a fallar la energía, no llegaban insumos indispensables, los medios de comunicación dejaban de informar, y un día una enorme cantidad de familias empezaron a aparecer desde todos los puntos cardinales, desesperados, solicitando albergue y alimentos para sus hijos, los disturbios no tardaron en empezar y era la vida de las familias lo que estaba en juego, los incidentes eran cada vez más sangrientos, y lo peor era no poder saber a quién recurrir, a quien pedir ayuda, o adónde dirigirse, porque los comentarios de viajeros que venían de muy lejos brindaban de todos lados historias horribles. Una gran cantidad de familias acostumbradas a vivir y disfrutar del aire libre practicando camping pudieron conseguir una forma de vida muy precaria, pescar y cazar en zonas boscosas fue para ellos una solución, pero una cosa es disfrutar de un campamento durante un verano y regresar durante el resto del año a la vida citadina, y otra es tener que enfrentar esa vida todos los meses del año,... de por vida, imaginando para sus hijos un futuro de mujeres y hombres de la selva. 


El reloj de Miguel sonó a las 8 en punto, al despertarse corrió a su ventana, la abrió desesperado, al ver a su cartero que lo saludaba, su alma regresó a su cuerpo, este simple acontecimiento lo dejó feliz y tranquilo,... todo había sido un mal sueño. 


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jueves, febrero 11, 2021

LAS DESVENTURAS DE DANIEL (historia en entregas)

 


LAS DESVENTURAS DE DANIEL (historia en entregas)

LINK

https://lasdesventurasdedaniel.blogspot.com/


jueves, febrero 04, 2021

martes, febrero 02, 2021

LA TEORÍA DE DIMITRI

 Hola Juan, ¿cómo estás?, bien Edgardo, más allá de estar quebrado y con amplias posibilidades de dormir esta noche en la calle, bastante bien. ¿Discutiste nuevamente con Nora? preguntó Edgardo, no llegamos a esos extremos, pero sin decirme una sola palabra arrojó toda mi ropa y mis libros a la calle, alguien se ofusco al recibir un golpe en su cabeza de los cuentos completos de Cortázar y tuve que bajar rápidamente los tres pisos, cuando regresé al departamento la puerta ya estaba cerrada.

A Edgardo estas historias contadas por  Juan le causaban gracia, y por lo general tenía que esforzarse para no reírse en la cara de su amigo.

Bueno, dijo Edgardo en tono conciliador, ya sabemos que toda mujer tiene sus días, ya va a pasar, y verás que se compondrá la relación, ¿vos crees?, sin duda, mañana llamala y pedile disculpas, y cuando la veas de nuevo regálale un ramo de rosas. Tal vez tengas razón, dijo Juan no muy convencido, pero esta vez me parece que su actitud es diferente a otras veces, creo que definitivamente no me soporta y de algún modo tiene algo de razón, mis proyectos han fracasado uno a uno, y mis deudas aumentan todos los años a pesar de haber tenido oportunidades inmensas no las he sabido aprovechar, ninguna mujer puede soportar la incertidumbre constante de la inestabilidad económica de su pareja, todo tiene un límite y esta vez creo que el límite de Nora ha llegado al grado de saturación. Hoy estás demasiado pesimista Juan, mira, esta noche mi hermano no está por lo cual te invito a que duermas en casa, mañana vamos a desayunar y verás todo de otra manera, 

¿te parece?, por supuesto, Gracias Edgardo acepto, vos sos mi mejor amigo, me acuerdo cuando me metí con el asunto de la crianza de los perros Gran Daneses, el tipo me la vendió muy bien, y yo entre como un caballo, lo que no sabía era que estos bichos eran más grandes que mi ignorancia, si no hubiera sido por tu viejo que me prestó la quinta no tenía dónde ubicar diez de estos animales que comían como dinosaurios, la verdad ni mi hermano mayor me tiene en cuenta, creo no equivocarme en decir que soy un desastre. Bueno, Juan, dijo Edgardo, ¡déjate de joder! ¡parala!, mañana verás las cosas mejor, vas a ver...¿Qué querés tomar, yo invito?

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PERGOLAS COSTA ATLÁNTICA

PRESUPUESTOS SIN CARGO

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A la mañana siguiente cuando ambos amigos estaban desayunando, el ánimo de Juan se había fortalecido y pensaba tratar de componer las relaciones con Nora, fue entonces cuando en plena charla prácticamente de la nada un hombre delgado, de cabello entrecano, de nariz aguileña y ojos celestes, se paró frente a la mesa del bar sin decir una palabra. A Juan le extrañó la actitud de este hombre sin duda de origen ruso, o alemán, que vestía un pantalón negro con saco gris alguna talla mayor y camisa blanca con el cuello desprendido, pero de inmediato Edgardo dijo, con sorpresa, ¡hola Dimitri! ¿cómo está usted?, tome asiento por favor.

El hombre se sentó frente a Juan, sin decir palabra, Juan también lo miraba al punto que sus miradas se cruzaron unos instantes, y en ese momento sonó un celular, era el de Edgardo, cuando atendió se paró repentinamente y tapando con su mano el teléfono se dirigió a los dos conocidos para decirles que había surgido un problema en su estudio, difícilmente regresaría, pidan lo que ustedes deseen va por mi cuenta. 


El destino hizo que estos dos hombres se conocieran frente a frente en una mesa de un bar sin imaginarlo jamás, Dimitri no era un hombre grande pero su apariencia le sumaba algunos años, en cambio Juan parecía un joven de 40 años y ya tenía casi 50.

Juan rompió el silencio y le preguntó a Dimitri que deseaba tomar, Dimitri tardó en responder y después pidió un café. En un momento Juan tuvo deseos de inventar una excusa e irse, pero faltaban no menos de dos horas para abrir la persiana del gimnasio tarea que debía realizar solo él, dado que era el único empleado de Augusto su primo, el dueño. 


Tratando de entablar una conversación, Juan dijo mirando por la amplia ventana, Edgardo siempre tiene problemas en el trabajo, y eso que es el dueño, que sería si estuviera empleado.


Cuando el mozo le trajo el café a Dimitri este le dijo a Juan, así es, Edgardo es muy trabajador,...y ¿tú a qué te dedicas? preguntó Dimitri, a lo que Juan respondió, estoy en el negocio de los gimnasios, ¿tienes un gimnasio?, en realidad mi primo tiene uno y yo se lo administro. Ahh, que bien, es una linda actividad dijo Dimitri. Si, es muy linda dijo Juan, ¿y tú? yo soy profesor de matemáticas y dibujo técnico, en verdad es lo que he conseguido aquí en Argentina, en Rusia de donde soy oriundo trabajaba en un laboratorio científico de satélites espaciales, pero cuando los Chinos ingresaron en el negocio me echaron.

No había terminado Demitri de decir esto cuando apareció junto a la mesa una mujer de rostro inexpresivo, se podría decir de profunda angustia con un chico en brazos, y dirigiéndose a Dimitri le dijo algo en voz baja, entonces Dimitri sacó de su bolsillo una billetera muy gastada y finita, la abrió y le entregó a esa mujer un billete, la mujer sin decir palabra tomó el dinero y se retiró. 

Juan imaginó que Demitri le presentaría a esa señora que por sus rasgos y su idioma seguramente era su esposa, pero esto no ocurrió. 


Otro espacio de silencio se produjo, y ambos intentaron decir algo al mismo tiempo. Fue entonces que Dimitri sonrió y una robusta dentadura blanca iluminó el rostro de aquel hombre, demostrando un carácter afable y amplio que hasta el momento estaba oculto. A partir de allí la conversación fue aumentando en temas diversos, experiencia, viajes, anécdotas, ambos tenían esa capacidad de algunas personas de poder llegar a escuchar hablar cien horas sin importar lo que digan. Ese primer día Juan se fue a trabajar con la sensación de haber conocido a una persona muy inteligente y con una experiencia de vida enorme, de ser posible hubiera seguido charlando todo el día; cuando se encontraba inmerso en estos pensamientos sonó su teléfono, y pudo leer un mensaje de su amigo Edgardo que opacó un poco su nueva amistad, "Juan, te quiero avisar que Demitri es un muy buen hombre pero ten cuidado que está un poco loco".


Juan ni siquiera registró esta advertencia y durante varios días las reuniones con Dimitri continuaron, pero ahora con más comodidad después de cumplir con sus respectivos trabajos, el conocimiento mutuo fue en aumento y comenzaron como suele suceder a confiarse ciertas cuestiones privadas, por ejemplo Juan se enteró que esa mujer que venía a pedirle plata a Dimitri no era su esposa, era su hermana, la cual vivía con él en Rusia, y era madre soltera, Juan por su lado le había confiado a Demitri la seguidilla de proyectos fracasados de su vida y su relación inestable con Nora.


Esa tarde de Diciembre el calor era soportable pero la humedad no, Dimitri y Juan quedaron en encontrarse en la plaza para respirar aire fresco, así fue, un cómodo banco a la sombra de un gran árbol era un lugar adecuado, una brisa refrescante animaba su conversación, ya estaba bajando el sol y Juan le había prometido a Nora llevarla a una cervecería que preparaban unas riquísimas papas rústicas, fue entonces que le dijo a Dimitri si quería venir a conocer a Nora y tomar una cerveza... pero Demitri tenía que terminar de corregir unos últimos exámenes de rezagados alumnos, por lo cual le dijo a Juan que no faltaría oportunidad, ambos se pararon par irse cada cual por su lado, pero Dimitri se detuvo un instante y le hizo una pregunta a Juan, Hace unos días que quiero preguntarte algo si, Dimitri dime, y Dimitri le preguntó a Juan ¿tienes alguna experiencia en la teoría de las probabilidades?, ¿qué significa eso? preguntó Juan, nada, nada, dijo Dimitri, te lo comentaré en nuestro próxima encuentro, que disfrutes tu cerveza junto a Nora,...chau Dimitri, nos vemos.


No habían pasado dos días y el teléfono de Juan, recibió un mensaje de Dimitri que decía: "Juan, te espero en mi casa porque quiero comentarte lo de la teoría" La verdad que a Juan no le agradaba donde vivía Dimitri, era una pensión de mala muerte con baño y cocina compartida, la habitación que Dimitri alquilaba para él y su hermana era tétrica, un cordel del que colgaba una sábana separaba las camas de su hermana y su pequeño hijo y la de él, las paredes de la pieza lucían un empapelado semi arruinado que se sostenía de pura casualidad, un viejo ropero con espejo y una mesita desvencijada con dos sillas de pino era todo el mobiliario, una sola lámpara colgaba desde el medio del cielorraso, y solo la cama de Dimitri poseía una mesa de luz y velador. Juan había estado allí en una sola oportunidad para llevarle un medicamento para el sobrino de Demitri que no conseguían pero cuando lo quisieron convidar con un té Juan por poco sale huyendo.


Juan respondió, "No podemos mejor encontrarnos en el bar, lo digo para que estemos más cómodos, yo invito el café"


"No Juan, esto que deseo compartir contigo es un trabajo que he realizado durante veinte años y merece una reserva absoluta"


A Juan no le quedó más remedio que aceptar.


Esa tarde el clima era pésimo, una llovizna persistente humedecida la ropa, cuando Juan entró a la pensión y se dirigió a la habitación de Dimitri, su hermana salía pero sin su hijo.


Hola Juan, adelante, ¿que deseas tomar, te, café, mate? No gracias Dimitri, solo te aceptaría un poco de agua fría. Dame un momento ya traigo, cuando Dimitri salió de la habitación Juan pudo observar a solas aquella pieza, el niño dormía profundamente, y el foquito de luz encendido que iluminaba poco y nada conformaba un entorno paupérrimo, pero lo que más le molestaba era ese penetrante olor a humedad mezclado con el perfume de la criatura. Cuando Dimitri regresó traía una pequeña bandeja con una taza de té, un vaso con agua y bizcochos de grasa, con cuidado Dimitri depositó todo sobre la cama con la intención de dejar libre la única mesa existente, después se dirigió al ropero y de un estante superior sacó dos cajas de madera idénticas que ubicó una sobre la otra en la mesa, siéntate Juan te mostré algo que seguramente no has visto en toda tu vida.

Después que ambos estuvieron sentados frente a frente Dimitri abrió la primer caja que contenía decenas de pequeñas libretas numeradas prolijamente, cuando sacó un de ellas con el número 1, se la entregó a Juan para que la hojeara, Juan al abrirla observó que todas las hojas de la libreta contenían infinidad de listas de números y solo algunos remarcados con un círculo ¿imaginas, que es esto? Le preguntó Dimitri a Juan, no tengo ni idea, le respondió Juan mirando la libreta.

Este es el trabajo de estadística pura realizado durante más de 20 años, esta libreta que tienes en tus manos fue la primera, yo en ese momento era el hombre más feliz de Rusia, sigo sin entender dijo Juan. "Bien, te explicaré dijo Dimitri, cuando joven realicé una apuesta a un amigo mío que era un jugador empedernido, aposté que podía ganar en el casino miles de rublos si me dejaba realizar unos cálculos en un lapso de tiempo de seis meses y mis cálculos fueron exactos, esto me permitió no solo ganar la apuesta, continue aplicando mi teoría en la ruleta y pude ganar una suma de dinero enorme...Dimitri quedó con su mirada fija en los ojos de Juan sin decir palabra…¿y entonces?, le preguntó Juan intrigado, y entonces, contestó Dimitri, no consideré el principio y el final de cada ciclo, esto me impidió continuar ganando...Nuevamente Dimitri quedó en blanco…¿y entonces? preguntó ya algo exaltado Juan,... y entonces, respondió Dimitri, continúe perfeccionando mi teoría y ahora, después de todos estos años, el trabajo está concluido, ya conozco la cantidad de jugadas necesarias para que el ciclo comience o termine. ¿Qué significa esto de los ciclos? preguntó Juan,...Te explicaré estimado amigo.

Mi teoría se sustenta, en que cualquier sistema manual o mecánico que pueda brindar solo dos resultados, por ejemplo el colorado o negro de una ruleta, en forma aparentemente casual, estadisticamente no es así, yo he comprobado que estos resultados cumplen rigurosamente un ciclo repetitivo de entre 1200 o 1400 tiros, te enseñaré. 

Dimitri abrió la otra caja y de la misma sacó una ruleta en escala, y una libreta.

Después de abrir la libreta y observar una lista de números, hizo girar la ruleta y arrojó la bolilla, antes de que la bolilla cayera en un número, Dimitri con anterioridad le decía el resultado a Juan.

Colorado 14, colorado 23, negro 33, colorado 16, negro 20, colorado 12, negro 35, negro 31, 00, colorado 7, negro 15.

Dimitri no falló en ninguna oportunidad incluyendo el cero, después se quedó mirando a Juan sin decir palabra, y realizó una nueva demostración también sin fallar ni un solo juego y repitió esto una tercera vez para que no existiera duda alguna de su teoría, al finalizar le dijo a Juan, esto no se trata de cábalas, corazonadas o azar, esto que te he mostrado es solo ciencia pura.

Juan quedó impresionado, y no sabía que decirle a Dimitri sobre semejante proeza o ciencia para utilizar el término adecuado, solo le dijo, ¿por qué motivo me cuentas a mi este trabajo que evidentemente te puede convertir en multimillonario?

Es muy simple dijo Dimitri, para poder ganar en una ruleta se tiene que realizar entre dos personas, uno apuesta, tu,  en tanto yo realizo ciertos cálculos indispensables, sin inconveniente podemos ser dos los millonarios.

Cuando Juan aún no salía de su asombro, la criatura que dormía irrumpió en llantos, y entonces Dimitri guardó apresuradamente todo lo que contenían las cajas y las llevó nuevamente al ropero para después comenzar a cambiarles los pañales a su sobrino. Juan no pretendía ayudar en la tarea, y entonces quedaron en verse al otro día en el bar de siempre.

Durante el transcurso de camino de regreso a su casa Juan no sabía si lo vivido en la habitación de Dimitri era verdad o un sueño, pero sin duda era verdad, convertirse en millonario no era algo que estuviera en sus planes por esos días. 


Al día siguiente Juan esperaba a Dimitri en la mesa de siempre hasta que lo vio entrar, después de saludarse pidieron un café y comenzaron sin más preámbulo a ultimar los detalles de aquella empresa.

Como todo el proyecto y el dinero necesario surgía de Dimitri, se estableció el porcentaje para cada uno, 30% para Juan y 70% para el mentor, para Juan el 30% de millones de pesos sin arriesgar un centavo era como tocar el cielo con las manos, por lo cual este tema estaba superado.

Dimitri le detalló a Juan todo lo que debía hacer sin cometer errores, él, mediante señas muy disimuladas le indicaría a Juan cuánto apostar, a que número, e incluso los intervalos en los que no debía apostar, estos movimientos eran los indispensables hasta que se diera el golpe, este golpe consistía en apostar todo a un solo color, en la jugada que Dimitri le indicara. Quedaron en viajar a Mar del Plata el viernes de la semana próxima para ir al casino el sábado que es cuando concurren mayor cantidad de apostadores y ellos pasarían desapercibido hasta el momento culmine.

Esto se planificó así porque Demitri decía saber que en las salas de juego siempre están los veedores, señores que disimulan ser jugadores y en realidad controlan cualquier movimiento extraño, si los descubren a ellos, a uno apostando y al otro realizando cálculos, los obligarían a dejar la sala.


Después del viaje en micro el viernes a la noche, llegaron a Mar del Plata el sábado a la madrugada, Dimitri eligió un hotel próximo al casino bastante costoso, después de descansar almorzaron como reyes en el comedor del hotel y sin más vueltas se dirigieron al casino. Juan se sentía bastante nervioso a diferencia de Dimitri que se comportaba confiado y tranquilo, el plan consistía en que Dimitri le entregaría las fichas a Juan en los sanitarios en forma disimulada, y así fue, en un momento que no quedaba nadie en el baño, Dimitri le dio a Juan cinco fichas de las más grandes, después entraron por separado a la sala, Juan se dirigió a una mesa de acuerdo a lo planeado y Dimitri se colocó en un lugar estratégico para impartir las señas.


¡No va más!,  negro el 29, Dimitri no realizó ninguna señal, Juan no debía apostar aún, ¡No va más! negro el 10, Dimitri inmutable, ¡No va más! colorado el 5, Dimitri le hizo la señal a Juan, dos dedos hacia arriba, apostar al colorado una sola ficha de las grandes,...Juan acató la orden y le traspiraban las manos a pesar que el dinero que se arriesgaba no era propio….¡No va más!...el repiqueteo de la bolilla tardaba una eternidad hasta que se detuvo… y se escuchó nítidamente colorado el 34. A Juan su corazón le dio un brinco, ¡funcionó! se dijo, en tanto el crupier, dejaba al lado de la apuesta de Juan una montaña de fichas. El juego continuó y durante seis tiros Dimitri no le daba ninguna instrucción, hasta que en la séptima, le indicó a Juan con señas que apostara dos fichas grandes al color negro, Juan así lo hizo, y nuevamente, se escuchó el característico ¡No va más! ...luego esperar el desenlace,...Juan no quería ni mirar a la ruleta… negro el 4.

Juan no podía contener su entusiasmo, en un cálculo rápido habían ganado como 800.000 pesos, el 30% de esa cifra eran 240.000 pesos, eran los sueldos de todo un año en el gimnasio. 

Una enorme cantidad de fichas le entregó el crupier a Juan, los demás jugadores de la mesa hicieron sentir su admiración.

Cuando Juan miró a Dimitri este observaba fijo el paño, y mantenía el puño izquierdo cerrado señal que no se debía apostar, después cerró los dos puños, esa era la señal trascendental, cuando le guiñara el ojo izquierdo debia apostar a negro y si le guiñaba el derecho, debía de apostar todo a colorado, Juan espero ansioso la señal, pero los nervios bloquearon su mente y un escalofrío le corrió por la espalda, dudaba cual de los ojos de Dimitri era el izquierdo o el derecho, respiró profundo y exalo el aire a intervalos, y mentalmente se orientó con su mano, él era diestro, por lo cual solo tenía que interpretar como sería si estuviera frente a un espejo, pero esto le causaba dudas por lo cual prefirió interpretar que su mano con la que escribía era la derecha y entonces la de Dimitri sería la opuesta, la transpiración corría por su frente, cuando Dimitri, ahora sí, cerró su ojo izquierdo, Juan se dijo ¡todo al negro! ...es curioso lo de nuestras mentes cuando están trabajando al límite,...en lugar de apostar al negro, Juan apostó a colorado, pero dos segundos antes de que el crupier cantara el ¡no va más! Juan vio su error inexplicable, y alcanzó a cambiar de color todas las fichas estirando su cuerpo y su brazo al límite. ¡No va más! el repiqueteo de esa bolilla tardó una eternidad, hasta que se hizo un segundo de silencio, Juan había cerrado sus ojos, y el crupier cantó implacable…¡colorado el 12!  


Juan sintió que se desmayaba, su desesperación irracional hizo que tratara de no permitirle al crupier que se llevara esa fortuna, pero el encargado lo miró muy serio y con ese artefacto infernal que todo lo entrega o todo lo quita, se llevó todo. Juan no se animaba a mirar a Dimitri, y pasó por su mente que él era el responsable del error, cuando levantó la vista Dimitri no estaba, imagino a Dimitri queriéndolo matar, y se dijo, mejor así, aquí se terminó todo. Cuando comenzó a buscar la salida pasó frente a la barra y alguien lo llamaba, era Dimitri que le hacía señas para que se acercara.

Desencajado, y empapado en sudor, Juan se acercó, curiosamente Dimitri lo esperaba con una botella de champaña, Dimitri sirvió las dos copas y distendido dijo: cometí un error Juan, pero ya lo solucionaré,...¡salud compañero, el próximo año seremos ricos, te lo aseguro!


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miércoles, enero 27, 2021

EL SUEÑO DE ELISA

 Elisa no comprendía la conducta de Alberto de esa noche, ¿qué motivo lo había impulsado a contestarle de tan mal modo? A ella que se esmeraba en esperarlo todas las noches con una mesa bien servida, una sonrisa y un beso, tal vez habría tenido algún problema en su ingrato trabajo en el puerto, Elisa no contestó la ofensa porque sabía que las ilusiones de antaño de ese muchacho impetuoso se habían poco a poco marchitado, para dar paso a ese carácter amargo de los últimos tiempos, sumado a que ella nunca le pudo brindar un hijo, o quizás sería que a esa altura del mes la renta de la pensión aún no estaba al día como de costumbre, y la visita de Don Alfonso el dueño, con su habitual reclamo interminable, había colmado su angustia.

Pero a decir verdad jamás se había dirigido a ella de esa forma, se podría decir que fue un arranque de furia reprimida durante quien sabe cuanto tiempo.


Elisa cenó sola y en silencio esa noche, pensando que tal vez ella era la culpable de que su esposo le hubiera gritado de esa forma, íntimamente sabía que a pesar de ser una mujer ordenada, limpia y abocada a las tareas de su hogar, esto muchas veces no era lo suficiente para conformar a un hombre como Alberto, pero, ¿qué podía hacer?, si todo lo referente al amor, lo había aprendido de ese hombre cuando ambos eran jóvenes.


Elisa recordaba siempre la primera vez que lo vio, le había impactado su estatura y su pelo negro muy brillante, pero curiosamente esa noche a Alberto lo acompañaba una muchacha, y solo la ilusión de ser ella esa mujer afortunada, fue lo que pudo rescatar de esa noche en aquel club del barrio, cuando su ilusión de chiquilina concluyó al llegar a su casa en donde como era costumbre su padre había discutido una vez más con su madre al punto de levantarle la mano.


Recordar esa vida pasada no era grato para Elisa, prefería pensar en otra cosa, y entonces deseaba charlar con su hombre, pero él no estaba allí para escucharla.


Esa noche Elisa soñó que Alberto la abrazaba y la besaba consolándola, para después regalarle un ramo de rosas, y un pañuelo de seda el cual ella se lo colocaba al cuello frente al espejo, en tanto Alberto la contemplaba mientras acariciaba su pelo.


Elisa soñaba y reía sintiendo el placer de darle ese hijo tan esperado por Alberto.

Este es nuestro hijo Alberto, aquí lo tienes, un varón, tiene tus mismos ojos y tu mismo color de pelo.


Esa mañana cuando Elisa despertó de su sueño fugaz, la realidad le golpeó la cara, Alberto ya se había marchado, dejando sobre la mesa de luz unas monedas para las compras, y un puñado de ropa sucia al pié de la cama.

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MUEBLES A MEDIDA COSTA ATLÁNTICA

PRESUPUESTOS SIN CARGO

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Al mediodía, un policía y dos compañeros de su esposo se presentaron en la pensión para darle la ingrata noticia. Alberto había sufrido un grave accidente en su trabajo.


Elisa al verlos comprendió de inmediato que su Alberto jamás regresaría. Cuando los hombres se fueron, Elisa quedó sola frente a la puerta, luego, lentamente se sacó su delantal, lo dobló, y lo dejó sobre la mesa, se dirigió a la habitación y tomó las monedas que quedaban, una vez en la calle, se dirigió al puesto de flores, y compró tres rosas, a Elisa no le alcanzó el dinero que Alberto le había dejado para poder comprar el pañuelo de seda.




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domingo, enero 24, 2021

UN PROBLEMA DE ESPACIOS

 Ana, la mayor, ocupaba su espacio en la habitación de la planta alta, Claudia, disfrutaba del suyo en la habitación que miraba a la colina, Edgardo, se aturdía en el rústico altillo de la casa. Adolfo, el padre, compartía en silencio su espacio con la madre de los tres adolescentes. Verónica, la madre, abarcaba con su voz, todas las habitaciones.

Adolfo por fin, delegó su espacio a Verónica y al poco tiempo se fue.

Ana, siguió los pasos de su padre y dejó su habitación para siempre, Edgardo continuó aturdiéndose, pero ahora muy lejos de esa casa y de su altillo, ahora, Claudia la menor, ahogada por el poco espacio que queda en la casa, está pensando si no existirá un mundo mejor detrás de la colina.



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domingo, enero 10, 2021

UN BAR DE BUENOS AIRES

 Era una de esas tardes en que la ciudad se entristece, una llovizna persistente humedece las calles y todos los colores se apagan para convertirse en una variada tonalidad de grises, en la penumbra del viejo bar, el paño verde de la mesa de billar se encendía como todas las noches para el desafío habitual por la ronda de café.


¿Qué otro mejor lugar podría existir como ese, para un día así? Pensaba en tanto acomodaba el cenicero esperando que le trajeran su pedido como quien se preparara para acomodar sus ideas después de una semana sin pena ni gloria.


Ernesto siempre se preguntaba, ¿de qué modo se mantendría el gallego con este boliche de mala muerte, al que solo concurren personas como él que a lo sumo consumen un cortado y alguna copa, y hojea el mismo diario manoseado hasta el cansancio? Mirando por el ventanal, observó a un taxi que se detiene para que suba una pareja de jóvenes estudiantes sonrientes, como si esa tarde gris no existiera para ellos.


Los jóvenes siempre están contentos se decía, no como él que la vida lo había marchitado por dentro, y lo único vivo que le quedaba era su piel como un cascarón duro con el que tenía que enfrentar todos los días el trabajo en la oficina para solo poder subsistir, cuántas veces había pensado que su error fue no aceptar aquel trabajo que le ofrecía su tío en la pampa, ¿pero qué podía hacer en ese pueblucho que ni estación tenía, atendiendo una ferretería, justamente él que no sabía distinguir un tornillo de un clavo? Para mejor su tío era bastante peculiar, cuando quiso invitar a esa chica a tomar un café, le hizo un escándalo porque era la hija del dueño de la casa de repuestos.


"es gente muy seria”, le dijo, por lo cual indirectamente le indicaba que él no merecía entrar en ese círculo de la alta sociedad del pueblo, pobre tío, no era malo, solo que se pensaba que vivía en Manhattan, pero que se le va a hacer era así, y creía que ese pueblo era el mejor del mundo y si eso lo hacía sentirse bien, mejor para él, pero para Ernesto evidentemente no era el lugar adecuado.


Afuera la gente pasaba caminando con paso apurado para llegar seguramente a sus casas y disfrutar del viernes a la tarde, quizás el mejor momento de la semana, en donde las expectativas del sábado y domingo son mucho mayor que el devenir del propio fin de semana, y el pozo depresivo del domingo a la tarde, que nos indica que nuevamente la realidad de la vida comienza el lunes cuando suene el despertador.


A Ernesto le gustaba disfrutar de esa sensación de sentirse libre de responsabilidades al menos por esa tarde del viernes, en donde los dos días que más se anhelan comienzan a brindarnos todas sus sorpresas, que después resultan tan solo una continuidad de hechos que no cambian mucho las cosas.


Esa tarde en particular Ernesto se sentía melancólico, y pensaba que durante los últimos años muchos fueron los viernes a la tarde que había vivido, y no existían cambios en su vida que le permitieran ver un futuro interesante.


Mientras meditaba estas cuestiones, le vino a la memoria las palabras de su padre:

"El pasado no se puede cambiar, y la realidad es una sola”, eso me decía el viejo todas las mañanas antes de salir con el camión de reparto para el frigorífico, se pensaba que yo me levantaba para ir a la facultad, y después que él se iba yo seguía apolillando, quería que fuera ingeniero, y yo no pude ni dar el ingreso, pobre viejo, se murió satisfecho pensando que me había recibido, lástima la casa de Caballito, tenía más deudas que rajaduras, de nos ser por Edgardo después de la venta casi tengo que poner plata encima.


Tal vez si me hubiera casado con Clarita…, linda piba Clarita…, pero no era para mí, o mejor dicho yo no era para ella, al final se casó con Edgardo, me acuerdo como me miraba en la iglesia, creo que nunca dejó de quererme, ella si la pegó con Edgardo, lastima que no pudieron tener chicos, con lo que le gustaban…, pero por lo menos vive como una duquesa, yo no podría haberle dado esa vida jamás, viviríamos en la pensión y para peor llenos de deudas, mejor así, porque siempre fue una buena mujer, me acuerdo cuando me apuró para que concretáramos, creo que mi cara lo dijo todo, y se fue llorando, no se, siempre le tuve miedo al casorio, o no me gustan los compromisos, formar un hogar, los hijos, que se yo, soy así un bueno para nada como me decía mi vieja, me acuerdo cuando me metí con el negocio de la inmobiliaria, casi nos rematan la casa, si no fuera por sus ahorros, creo que ese disgusto la terminó del todo, quería juntar plata para cambiar la casa, a la vieja le gustaba Belgrano, lastima que solo pudo disfrutar de Belgrano con ropa de mucama, pobre vieja, tocarle los ahorros me dolió en el alma, creo que no me perdonó nunca, justamente yo su único hijo, me acuerdo como si fuera hoy ese día que fuimos a visitar a la patrona, me compró un pantalón nuevo y una camisa, y después me tocó vivir todo una tarde jugando con los hijos de la dueña que me miraban como si yo fuera un extraterrestre, ¡que fastidio por dios!, la vieja quería que me conectara con la alta sociedad, y los chicos no me daban ni pelota.

 

Al que le fue bien es a Edgardo, ya no viene por el boliche…, a decir verdad el tipo es un bocho, y de números ni hablar, donde pone el ojo pone la bala, al final él se quedó con la casa de Caballito, y después hicieron el edificio, creo que después de eso no paró de hacer plata, es un buen muchacho Edgardo, lástima que siempre tiene cara de amargado, es curioso si no le falta nada, solo que no pueden tener chicos, pero si quisieran podrían adoptar con Clarita, ¿cuantos pibes necesitará una madre como ella?, Dios le da pan al que no tiene dientes.


Hablando de Clarita, tengo que llamar a Elisa, me va a matar, para colmo me olvidé y no la saludé para el cumpleaños, tendría que invitarla a cenar, pero hasta el mes que viene es imposible, me dejó preocupado cuando hablamos por teléfono, de esa sorpresa que tenía para darme, a ver si me dice que está de encargue, me muero, no quiero ni pensarlo, me imagino durmiendo los tres en la cama de la pensión y me aterroriza, esta Elisa siempre con esas sorpresas que después son tonterías…, y bueno ella es así…, yo también tengo mas vueltas que la oreja.


Un hombre trajeado y con aire de diplomático, pasa por delante de la ventana del bar y saluda a Ernesto elevando un poco el paraguas con amabilidad, Ernesto también lo saluda, en tanto el mozo le sirve su café y un vasito de agua.

 

Todavía sigue vivo este, ¿en que andará?, pensaba Ernesto mientras le agregaba el azúcar a su café, me acuerdo el día de la reunión en el la unidad básica, casi le pego una cachetada, lo único que le interesaba era hacerse cargo de la administración de los fondos de la cooperativa, según él en unos meses, la sacaba a flote, y todos sabíamos que cuando se hizo cargo de la tesorería del club, si no hacemos la vaca de cien pesos cada uno, remataban hasta las bochas, flor de chanta, y sigue caminando por la calle como si fuera un gran señor.


Tres muchachotes entraron al bar, saludaron con amabilidad a Ernesto, y se dirigieron a la mesa de billar, uno de ellos fue a buscar las tres bolas, mientras los otros elegían los tacos para colocar con suavidad la tiza azul en la punta, después el sonido característico del billar, animaba el salón y de algún modo el espíritu de Ernesto.


Estos si que no tienen drama, se decía, mientras miraba desde lejos como comenzaban la partida, lo único que les interesa son las putas y el billar, y no se si se darán un toquecito con algo, porque siempre están con las pilas puestas, no sé de qué viven, porque nunca se los ve por el barrio, tal vez vienen de asaltar a un pobre diablo, Cómo está la juventud, que destino nos espera con estos malandras.


La noche había tomado la calle y las luces de los carteles de neón le daban un colorido especial a la avenida distante, ahora con el tránsito más calmo de un viernes lluvioso.


Ernesto se preguntaba lo curioso de los lugares de la ciudad, esa esquina del barrio se había quedado en el tiempo, en tanto los bares y negocios de la arteria principal prosperaron dentro de un mundo que se desentendió del resto, y de la gente que como él no podían dejar el barrio, como si formaran parte de sus veredas y sus paredes desteñidas por el paso del tiempo del mismo modo que sus almas y sus recuerdos, a pesar de tener la opción de ir a una de esas confiterías modernas e iluminadas, siempre terminaba en el bar del gallego, era como su segundo hogar a pesar de no tener ni siquiera el primero.

 

Como casi todas las noches a la misma hora, llegó Doña María, se sentó junto a la ventana y sin mirar a nadie a pesar de conocer a todos sacó la libreta para levantar las apuestas clandestinas de sus clientes perpetuos, su rostro de mujer madura castigado por el tiempo y una vida difícil, se iluminaban si pasaba alguna señora con su hijo en brazos, se decía en el barrio que tenía un hijo, pero que era mejor perderlo que encontrarlo, solo venía a verla cuando se encontraba en apuros de dinero, y eso era casi todas las semanas, a pesar de sus años, en su rostro quedaban rastros de una hermosa mujer que habría sido alguna vez.


Ernesto pensaba que las mujeres solas, cuando envejecen son más vulnerables que los hombres, pero daría la sensación que son criaturas preparadas para sufrir, como a Doña María que la vida se la llevó por delante, pero en su interior siempre  perdura el amor de toda madre por su hijo, aunque este sea un descarriado.


Se abrió la puerta nuevamente y entró una muchacha, que para el gusto de Ernesto salvando los tiempos, le hubiera flechado el corazón con una sola mirada, se dirigió al teléfono público, y su presencia cortó el murmullo de los de la mesa de villar, Ernesto observó los ojos de los muchachos que se asemejan a fieras salvajes observado a una presa indefensa, después siguieron murmurando y se escuchó una tenue risa malvada, producto quizás de algún comentario morboso, pero ese no era el lugar para atacar, allí las bestias solo se refugiaban los días de lluvia, y no buscaban problemas. La muchacha se retiró y se despejó la tensión de inmediato.


Tres hombres entraron al bar, y se sentaron en una mesa próxima a Ernesto, dos de ellos vestidos con trajes elegantes y su pelo engominado brillaba dándole una aire de profesionalismo y capacidad intelectual, el tercero lucía un pulóver tejido a mano que tapaba un prominente abdomen con su cara regordeta y la calvicie le daba un aspecto desprolijo, después de pedir tres cafés, uno de los de traje sacó unos papeles de su portafolio y se los entregó al hombre de pulóver, este sin leerlos siquiera tomó una birome del bolsillo de su camisa y firmó los mismos, mientras los caballeros de traje cruzaron sus miradas con un aire de satisfacción, luego de este acto, el hombre del pulóver, tomó su café de un solo trago y luego intentó pagar la cuenta, sus dos acompañantes no se lo permitieron y se retiró después de darles la mano, los dos hombres bebieron lentamente sus cafés sin intercambiar palabra, uno de ellos sacó un celular y realizó una llamada, Ernesto escuchó estas palabras:

 

"Ya está quedate tranquilo el lunes deposita la plata…, no ni siquiera protestó…, si, si, pero acordate que esto tiene un costo, chau, buen fin de semana”

Después de pagar se retiraron, con paso reposado y señorial.


Para Ernesto estos dos tipos, tenían el aspecto de delincuentes de guantes blancos, y a pesar de no haberlos vistos jamás, hubiera jurado que terminaban de hacer algún tipo de estafa a ese hombre que firmó tan siquiera sin leer.

En que balurdo lo habrán metido, pensaba Ernesto mientras prendía un cigarrillo, de esta clase de gente Buenos Aires está llena, si llegas a caer en sus manos te despluman y ni te das cuenta, como cuando me quisieron vender aquel caballo de carrera, por poco voy en cana, para colmo los quise meter en el negocio a Juan y a Néstor, la cara de Néstor cuando vimos al potrillo era para filmarla, se le podían contar todas las costillas al noble animal, la trifulca que se armó fue de película, si no lo separamos a Juan lo mataba al veterinario que gritaba que él nada tenía que ver, ahora me causa gracia, pero aquel momento fue tremendo. Hablando de Roma.


Un hombre alto, de tez morocha, muy delgado y de pelo totalmente blanco entró y se dirigió a la mesa de Doña María, después de hablarle por lo bajo y mientras la mujer anotaba en su libreta, le entregó un dinero, luego se arrimó a la mesa de Ernesto y le dijo: tengo una mala noticia para darte, vengo del velorio de Néstor.

Ernesto al escuchar la noticia de su amigo, se puso pálido y los ojos se le llenaron de lágrimas.

¿Cuándo fue? , le preguntó Ernesto.

El hombre sin sentarse, le dijo que lo habían encontrado muerto hoy a la mañana en la casa aparentemente de un ataque al corazón, después de eso le dijo que tenía que irse porque tenía gente a cenar, y le dejó anotado en una servilleta la dirección del velatorio.

Ernesto se quedó con el sabor de las malas noticias que justamente parecería que llegaran los días viernes, que comienzo de fin de semana, tener que ir al velorio de un amigo.

La muerte de Nestor, le cayó como un balde de agua fría, hacía dos días que estaban charlando animadamente en esa misma mesa y ahora lo estaban velando.

Ernesto pensaba muy poco en la muerte, pero cuando pasaba tan cerca, reflexionar sobre la misma era inevitable, pensó que del grupo de amigos prácticamente no quedaba nadie, como se van los años se decía y no se puede hacer nada, más allá de ir al velorio de los que nos dejan y charlar hasta el cansancio con los que aún se quedan, los velorios son la excusa perfecta para entablar todo los diálogos pendientes, Ernesto pensaba que de no ser por los velorios uno no se enteraría de las novedades de la familia, y cuando terminan, el ineludible compromiso de verse próximamente y no esperar otra situación tan triste.

Ernesto se conformaba de algún modo pensando, que a pesar que los amigos se van marchando, siempre queda el recuerdo de infinidad de anécdotas vividas que los regresan para instalarse en la charla, como si una vez más estuvieran presentes, ¿quién puede asegurar que no lo están y se ríen con las bromas como siempre?.


Se acordó del día que fueron a pescar a Santa Teresita, en el Citroen del tendero, por poco nos matamos cuando se rompió la dirección en Dolores, al final terminamos tirando líneas en la Laguna de Chascomús y entre los cuatro solo sacamos una mojarrita, menos mal que se me ocurrió llevar un paquete de bizcochos de grasa y el mate porque nadie tenía un peso y todos pensaban que íbamos a comer lo que lo que se pescara, ¡que optimismo! si no fuera por los bizcochos no moríamos de hambre, entre el frío, los mosquitos, y nada en el estómago, era para llorar.


Una pareja de apariencia acomodada ingresó y se sentaron en la esquina del salón, ella era una mujer de unos cuarenta años y él parecía bastante mayor, la señora daba la sensación que estaba llorando, y al poco de estar, se escuchó que le gritaba al hombre:

 “¡Sos un miserable, mujeriego y caradura!”, Después de semejante grito que se escuchó en todo el bar nítidamente, todas las miradas concurrieron al lugar, luego de un silencio prolongado el hombre comenzó a hablar en voz muy baja con su cara colorada como un tomate, no había que ser adivino para interpretar lo que ocurría en esa mesa, luego, la mujer se levantó bruscamente y se retiró llorando, el hombre pagó apresuradamente y la siguió a la calle.

Ernesto se decía que todas las parejas, por algún motivo siempre pelean, pero cuando se trata de engaños, la cosa cambia y recomponer tales situaciones nos es sencillo, el peor enemigo en los matrimonios son los celos, pero a decir verdad, el hombre realmente tenía toda la pinta de ser mujeriego, a Ernesto le pareció muy curioso el episodio, porque la mujer era muy elegante y bien formada, a su parecer candidatos no le faltaban, pero así son las cosas en la vida y los sentimientos de las personas suelen ser intrincados, vaya a saber uno cómo era la historia de esos dos.

Ernesto no se consideraba un mujeriego, pero sabía que la mujer de sus sueños aún no había entrado en su vida, por lo cual se encontraba siempre alerta a cualquier eventualidad, solo que el carretel tenía cada vez menos hilo, y a esta altura del partido la amistades de falda y tacones, no se encuentran todos los días, por lo cual su relación con Elisa era lo más parecido a un noviazgo, siempre y cuando a Elisa no se le ocurriera tirar mucho de la soga, porque él era sumamente temeroso y escurridizo para las relaciones formales.


Un pibe de la calle, se arrimó a la ventana en donde estaba Ernesto, y con su mirada escudriñó el interior del bar, como quien busca algo perdido, luego entró y se dirigió a la mesa de Doña María, tenía pantalones cortos y un pulóver con los codos deshilachados, su pelo enmarañado permitía adivinar que su morada era tal vez algún rincón sucio de alguna casilla de la villa, solo se quedó allí parado frente a ella, mirando a la vieja sin hablar como si su presencia dijera toda la necesidad que portaba tanto material como espiritualmente, la mujer solo lo miró y extendió su mano para darle unas monedas, el chico, no le dio ni las gracias, solo salió corriendo como si todo fuera una simple rutina interminable.


Ernesto se imaginó por un instante cómo sería un solo día de la existencia de esa criatura, en donde la indiferencia de la gente puede ser tan cruel como el destino que lo trajo a la vida tan solo para ser un excluido de una sociedad que no los puede o no los quiere cobijar, y que en realidad trata de ignorarlos, ¿qué futuro les deparará a este y a tantos otros chicos, que deambulan por la calles de la ciudad sin rumbo, en donde las carencias de todo tipo inundan su mente?, ¿que vida tendrán cuando sean adultos?. Para ellos la vida consiste tan solo en tratar de subsistir quizás por instinto del mismo modo que los animales, sus planes con respecto al futuro, no pueden exceder más allá de conseguir durante el día un plato de comida, y sentir una caricia quizás llegue a ser algo tan improbable como tener un hogar, un padre o una madre.

¿Cuánta responsabilidad nos cabe a todos? pensaba Ernesto, que indiferente somos a una realidad que no queremos ver, porque a decir verdad cuando pasamos por un mal momento nos quejamos como cotorras, y para nosotros es solo eso, un mal momento, para ellos toda su vida es un fatal accidente.


Una mujer de anteojos negros, pañuelo de seda al cuello, vestida con trajecito negro ingresó y se sentó en una de las mesas del centro del salón, encendió un cigarrillo y cuando se acercó el Gallego le hizo un pedido, al poco rato le trajeron un coñac, la mujer lo bebió sin parar, con la desesperación típica de un alcohólico, luego pidió otro y al tomarlo pudo controlar ese impulso desesperado, guardando de algún modo las formas, al cabo de un rato, Ernesto había perdido la cuenta de las copas, las que fueron varias, la mujer mantenía aún la postura de una persona sobria, y de nos ser por lo que había tomado, nadie diría que se trataba de una alcohólica, daba la sensación de ser una mujer muy culta y elegante, llamó al Gallego una vez más y con dificultad sacó de su cartera, un billete de cien pesos, después sin esperar el vuelto, se paró y en su dificultoso andar encaró hacia la puerta, pero no pudo evitar tener que detenerse y apoyar su mano sobre una de las mesas para no caerse, el gallego la alcanzó antes de que saliera y le entregó el vuelto de su dinero, y ella respondió con una amplia sonrisa, para luego salir y perderse en la noche.


¿Quién velará por esta mujer?, ¿tendrá una familia a quien recurrir?, ¿o se encontrará sola en la vida con su padecimiento? Ernesto mientras se hacía estas preguntas tuvo la intención de alcanzarla, por lo menos para subirla a un taxi, pero luego dudó y tuvo miedo de involucrarse en un problema; Para que me voy a meter si bastante tengo con mis cosas, se dijo, y pidió otro café al gallego.


En ese preciso momento se le acercó un hombre joven, algo encorvado, muy alto que portaba una maraña de papeles, carpetas y un grueso libro esos de tapas duras, era Mauricio el hijo del diariero, saludó a Ernesto y se sentó frente a él en la mesa.


Ernesto conocía a este muchacho de toda la vida, sabía que estudiaba filosofía y letras, en verdad anteriormente arquitectura, luego veterinaria y después medicina, era uno de esos personajes que le gustan emprender carreras, para luego dejarlas y no terminar jamás ninguna, pero a Ernesto le caía bien, la forma de hablar que tenía le resultaba risueña, siempre preocupado por la política, el fútbol, y esas historias misteriosas e intrincadas de negocios internacionales, que no sabía de dónde las sacaba, pero que a Ernesto le resultaban tan interesantes como leer una novela de espionaje.

Su visitante pidió un completo de jamón crudo y una cerveza, le dijo si deseaba también algo, y tentó a Ernesto que por la hora, tenía algo de apetito.

La charla giró entorno a la muerte de Néstor y la crítica hacia su familia, que solo se acordaban de él para sacarle plata, sabiendo que el difunto no podía decir que no a nadie porque era un pedazo de pan.


Hablando de pan, dijo Mauricio mientras miraba al mostrador en donde estaba el gallego.

¡Che gallego, este pan que me diste es una goma, donde lo tenías guardado en el ropero!

¡Mira que eres delicado tú, no vez cómo está el clima!, ¿Cómo quieres que esté el pan con este tiempo, y a la hora que tú llegas? le respondió al reclamo el gallego detrás de la caja.

¿Que tendrá que ver la hora?, dijo por lo bajo Mauricio, en tanto le agregaba más cerveza a la copa.


Esa confianza mutua entre el dueño y el cliente, pensaba Ernesto, era justamente lo que hacía de ese lugar lo que más le atraía, esos pequeños detalles, lo hacían confortable a ese decrépito salón, el bar del gallego era como una gran familia, que a pesar de una aparente indiferencia, sus vidas se entrelazan de una u otra forma para atraparlos en un sueño cotidiano viendo pasar la vida frente a sus ojos, y esa era sin duda la vida real, allí las apariencias quedaban de lado para solo dar paso a la verdad desnuda, muchas veces cruel y tantas otras risueña.
















 


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