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miércoles, marzo 09, 2022

CUANDO LA VIDA REGRESÓ A SU NORMALIDAD

       Federico dejó cargada su furgoneta para el día siguiente realizar el reparto, como siempre primero acomodaba las cajas pesadas para la casa de repuestos y después las pequeñas y livianas cuyos destinatarios eran aproximadamente veinte; pero todos dentro de Tigre, excepto dos en San Fernando. Durante el desayuno Federico repasaba el recorrido y las entregas; a pesar de utilizar Google maps, le gustaba contar con cierta orientación mental.

Al subir a su camioneta necesitaba cargar combustible y se dirigió a la estación de servicio de su barrio, a los cinco de la mañana hay muy poca gente por la calle y tampoco cargando nafta, al llegar, un cartel indicaba que no había combustible; pensó que salir muy temprano tiene sus pro y sus contras, pero así era su trabajo. Si toda la mercadería se entregaba rápido, a las cuatro de la tarde terminaría su jornada. El plan de ese día era ir al cine con su novia y después a cenar.

Cuando llegó a la otra estación de servicio de la avenida un encargado le hizo seña que no había nafta, esto ya era algo no frecuente. 


-¿Qué pasa señor, vengo de otra y tampoco hay? - preguntó Federico, bajando de su camioneta.


-No sabemos, el camión que tenía que llegar anoche, hasta ahora no vino, no se si llegará más tarde.


A Federico solo le quedaba la reserva; y calculó que podía llegar a la Shell, pero si allí tampoco había, solo podría regresar a su casa. Cuando llegó a la estación de servicios, había diez autos esperando, pero no cargaban. Después de colocarse en la cola se bajó a preguntar. La novedad era que el camión llegaría en no más de media hora. Pasó esa media hora y media más, cuando un encargado muy amable recorrió la fila de autos solo para decir que el esperado camión hoy no vendría. Federico comenzó a intranquilizarse por el reparto, no por el combustible que seguro aumentaría de precio; pero al escuchar el noticiero de las siete, regresando a su casa, las noticias no se referían a otro aumento de precio en el combustible, decían que se trataba de un desabastecimiento generalizado, por un conflicto de las petroleras que en el peor de los casos duraría tres días. 


-¡Tres días!, - dijo en voz alta Federico, 

- estos tipos se piensan que pueden parar todo tres días sin problemas, total, arreglate como puedas.


Durante esos tres días Federico coordinó con la agencia que cuando pasara este desabastecimiento, realizaría un reparto y medio por día para en una semana regularizar las entregas. Las noticias al referirse a este tema, decían que el conflicto entre las petroleras y las empresas de combustibles lejos de solucionarse se agravaba, porque al parecer no se estaba importando petróleo y lo existente en depósitos se había agotado. Federico pensaba que todo esto era una patraña para fijar un nuevo aumento enorme, con la lógica consecuencias para su trabajo, había decidido que después de regularizar las entregas pediría aumento, pero lamentablemente al tercer día la situación continuaba sin resolverse, y muchas otras actividades comenzaron a tener problemas de abastecimiento, tres días sin combustible en una región puede causar una catástrofe, y la catástrofe ocurrió al quinto día sin el preciado insumo.

Las primeras marchas fueron organizadas por el sindicato de camioneros, junto a los taxistas, todos a pie, como es de suponer. 

Los medios informaban de un desabastecimiento jamás visto en la historia, y falta de insumos de todo tipo incluso medicamentos. Al séptimo día el temor, pasó a ser pánico; Federico recurrió a la pequeña huerta que su padre cuidaba, pero la misma solo proveía tomates cherry algunas pocas zanahorias y lechuga, por suerte su madre quizás por costumbres antiguas tenía una despensa muy completa, pero no era para más de quince días. 

Al mes, todo el mundo se levantaba por las mañanas esperando escuchar el sonido de algún automóvil, en cambio el silencio espantaba, salvo por los pájaros con sus gorjeos matinales, pero nadie estaba para escuchar pajaritos. 

Columnas de manifestantes cortaban avenidas; aunque no hacía falta cortar nada porque no había vehículos, solo bicicletas. 

Increíblemente la falta de combustible era en todo el país, en muchas ciudades que dependían del gasoil para sus usinas eléctricas a los veinte días del desastre quedaban incomunicadas y sin electricidad. 

El presidente de la nación en su último discurso había dicho que enormes buques desde Europa ya habían zarpado cargados de petróleo, y que se castigaría con enormes multas a los responsables,... que a estas alturas, los responsables eran tantos que difícilmente alguien sería enjuiciado. 

Siempre existe alguien que se le ocurre algo genial, y este fue un cartonero que con su carro y unos pocos pesos se fue con su dos ruedas, hasta una chacra en Pilar, y cargó: verduras, queso, huevos, y unos bidones de leche, al regresar con la mercancía, en la panamericana vendió todo al doble de su valor, esto en unas horas se extendió por todo el conurbano y daba gusto ver por tv, a miles de cartoneros yendo con sus carros vacíos para el norte y regresando repletos de mercaderías, la cual vendía al mejor postor. Es curioso como el sistema capitalista se desarrolla ante los negocios oportunos.

A otro "alguien'' se le ocurrió hacer una especie de trencito con ruedas de bicicleta que cuatro hombres podían trasladarlo cargado; solo pedaleando a una velocidad considerable y un original sistema de cambios, piñón y corona que aliviaba el esfuerzo en las subidas. A este buen hombre que se encontraba trabajando en su taller, una mañana se presentaron tres hombres de una importante firma automotriz y le compraron el invento por quinientos mil dólares (a mi entender fueron un tanto tacaños, pero un trato es un trato).

A Federico lo llamaron de la agencia y le dijeron que lamentablemente todos los repartos los estaban haciendo con gente en carros o bicicletas, y se habían suspendido el envío de mercadería pesada; por lo cual, no les quedaba otra alternativa que prescindir de él, salvo que quisiera conseguir una bicicleta y sumarse a los repartos. Después de esta charla Federico se dirigió a una bicicletería; pero la misma estaba vacía y cerrada con un cartelito que decía: "no tenemos más stock"

Federico recordó que su padre tenía una vieja bicicleta en el depósito, allí se dirigió, pero cuando la vio la misma daba lástima, no obstante sabiendo el problema su padre que era muy habilidoso con los hierros y la soldadura, le dijo que si podía arreglarla, él construiría un carro amplio y liviano.

Federico se fue con la bicicleta a una bicicletería próxima, pero cuando se acercaba en la vereda y en la calle había una multitud de gente, todos con la misma intención, reparar sus viejas bicicletas. Después de una hora logró hablar con el bicicletero el cual le prometió tenerla lista en dos semanas.


-¡Dos semanas!, gritó Federico.


-Tengo decenas de pedidos como el suyo, -le contestó el bicicletero, y solo dos empleados, imagínese, esto es un infierno. 


-¿No tendrá una bicicleta reparada para alquilar o vender? - le preguntó Federico con una cara de angustia que conmovió a aquel hombre.


-Mire, - dijo el bicicletero, con una llave inglesa en su mano, por la noche viene un muchacho a trabajar, si se viene, le dejó dicho que le preste las herramientas y usted se la arregla. 


Federico no sabía hacer nada con sus manos, excepto manejar y repartir cajas, pero contaba con la experiencia de su padre, pensando en eso aceptó. 

Esa misma noche se dirigieron a la bicicletería con su padre, al llegar detrás de una maraña de manubrio, ruedas, y horquillas un hombre bajito entrado en canas escuchaba la radio mientras trabajaba sentado en un banco; cuando Federico y su padre se acercaron el hombre los miró con una sonrisa y les indicó un lugar para trabajar próximo al tablero de las herramientas.

Pero pasó algo increíble, el padre de Federico, al ver a aquel hombre dijo:


-¡Antonio! , Antonio Gutiérrez, y aquel señor respondió eufórico -¡Miguel! ¡Miguelito! ¡Cuántos años! ambos hombres se abrazaron emocionados, se conocían del servicio militar, los recuerdos, las anécdotas y los chistes, hicieron de esa noche un momento de grata amistad. En tanto Federico servía café caliente, los trabajos en el arreglo de su bicicleta era lo de menos, a las cinco de la mañana, la bicicleta de Federico estaba en óptimas condiciones, y el padre de Federico quedó en contacto con un amigo de su juventud.

Federico se presentó muy temprano en la agencia con su bicicleta que arrastraba un amplio carro muy liviano montado sobre dos ruedas de bicicleta, una vez que cargaron todas las cajas, Federico comprobó el peso y no era mucho; al tomar envión por la avenida su movilidad se desplazaba con suavidad y silenciosamente. A Federico lo impactó lo que veía, ríos de personas se desplazaban en todo tipo de vehículos tracción a sangre, bicicletas, carros de dos ruedas, similares a esos que utilizan pueblos orientales con sombrilla trasladando a personas, uno coches montados sobre seis ruedas, para cuatro ocupantes en donde todos pueden pedalear, Varios hombres muy bien vestidos de corbata, con mochilas en sus espaldas, sobre unos monopatines muy ágiles. Los semáforos aún funcionaban, y esto permitía que ese flujo de tránsito silencioso, fuera ordenado. Le llamó la atención a Federico que a diferencia de los días en que realizaba el reparto con su furgoneta; ahora no se tensionaba con el ruido y el tránsito, al contrario, ese día se podía decir que disfrutaba del día y no reconocía la hermosa arboleda que franqueaba las calles y avenidas. Federico estaba descubriendo una nueva ciudad muy distinta a los días de tránsito alocado, sumado a los inconvenientes para estacionar y descargar la mercadería. 

Las noticias no eran nada prometedoras, se anunciaba que en muchos lugares habría cortes de luz programados y que todo se solucionaría cuando los barcos lleguen de Europa con el vital cargamento; pero no se decía cuando esto ocurriría. Ese primer día Fernando después del reparto, pedaleando seis horas, llegó cansadísimo, después de hablar con su novia, no cenó, se pegó un baño y se acostó; curiosamente al levantarse por la mañana y después de desayunar, se sentía muy bien, tranquilo y distendido, al principio le dolían un poco las piernas, pero a los quince primeros minutos de ejercicio; entró en calor y esta vez no le dolía ni un solo músculo. Ese segundo día curiosamente después de realizar casi el mismo recorrido, miró su reloj y había tardado media hora menos que el primer día. 

Desde que comenzó la falta de combustible ya había trascurrido dos meses y todo continuaba igual, excepto algunas complicaciones como los cortes de luz que provocaron serios inconvenientes en los edificios altos al no poder bombear agua al tanque superior; pero esto se solucionó contratando cuadrillas de jóvenes que subían el agua hasta el tanque utilizando bidones, resultaba ser un trabajo muy arduo pero bien pago, a un ingeniero se le ocurrió para facilitar esta tarea, construir un sistema de poleas y una soga continua suspendida de una rondana en la terraza, la cual sostenía cada dos metros bidones, los cuales subían llenos y bajaban vacíos,.el sistema se manejaba desde la vereda mediante una manivela la cual dos hombres la hacían girar,un tercero cargaba los bidones con agua y un cuarto en la azotea los descargaba, una vez que el tanque superior estaba lleno, el original sistema se utilizaba para subir a los diferentes pisos mercaderías. 

La escasez de combustible, generaba falta de energía y todos los sistemas que funcionaban con motores eléctricos quedaban paralizados, ascensores, trenes, semáforos, computadoras, teléfonos portátiles etc. De un momento a otro el correo postal se tornó vital, y miles de cartas eran necesario trasladarlas de una provincia a otra, para ello aquel primitivo trencito cuya idea fue adquirida por una empresa automotriz, hoy eran ágiles contenedores, montados sobre ruedas de bicicletas con dos hombres para pedalear y conducirlas. 

En las calles se escuchaba durante todo el día un zumbido como si se tratara de un enorme panal de abejas producido por las miles de ruedas de goma al rozar el pavimento. 

El padre de Federico junto a su amigo bicicletero continuaron con su amistad y por casualidad, charlando de bicicletas y la falta de combustible, se les ocurrió la idea de hacer algo así como un automóvil sin motor,  obviamente, impulsado a pedal, pero con un sistema de piñón y corona, que quintuplicaba la fuerza al que se enviaba a las cuatro ruedas, lo denominaron "bici auto". Fabricaron los primeros dos, y lo pusieron en exhibición en la bicicletería, los vendieron esa misma tarde y le encargaron diez más lo antes posible.

Al mes siguiente, los dos socios alquilaron un galpón y en poco tiempo estaban fabricando en serie, unos cien biciautos mensuales, los pedidos llegaban de todas las provincias, y eran retirados por sus clientes en persona desde el taller. El padre de Federico le dijo a su hijo si quería asociarse y este aceptó obviamente.

La personas en pocos meses se adaptaron a vivir sin combustible, las velas, y candelabros resucitaron, los mecánicos de automóviles se convirtieron en bicicleteros, y las empresas automotrices, en lugar de automóviles construían camiones a pedal; los cuales tan solo con dos hombres arrastraban tres mil kilos.

Por la falta de electricidad ya no se escuchaba ni la tv, ni la radio, solo se leían periódicos de papel, impresos con las antiguas imprentas manuales. Un día que Federeico, estaba en su fábrica leyendo el diario, un informe médico, daba cuenta que en estos últimos seis meses sin combustible, y por el uso intensivo de bicicletas y otros mecanismos similares, sa había comprobado en la población, una notoria caída de los accidentes cardiovasculares, problemas de hipertensión, estrés, y diabetes, también se redujeron los problemas de vías respiratorias, y ahora los análisis de la atmósfera en las grandes ciudades verificaba estar más pura y libre de smog. Federico, que ahora se había convertido en un empresario importante junto a su padre y su socio; pensó que no hay mal que por bien no venga, y asomándose a la ventana de su oficina, miró su furgoneta, abandonada y tapada de polvo. 

Un día cualquiera, Federico, después de desayunar junto a su señora y sus dos hijos, subió a su bicicleta para ir a su fábrica disfrutando del trayecto como todos los días, bajo las frondosas copas de los árboles, escuchando el trinar de los pájaros en ese hermoso día de primavera, al doblar por la avenida, pudo ver con asombro, lo que no tendría que haber ocurrido nunca más: tres automóviles se encontraban cargando combustible,... la vida volvería a su normalidad.







FIN

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sábado, octubre 16, 2021

LA PARTIDA DE TRUCO

Nicolás Sirreyes tenía un campo lo suficientemente extenso  para permitirle ser el hombre más acaudalado del pueblo. Corría el año 1912, se había implementado el sufragio universal para varones.  La pica venía de lejos con Gumersindo Luna que era dueño de la casa de productos generales, desde granos hasta tranqueras.


El galpón comercial tenía para las tareas del campo todo lo necesario, incluido los créditos para poder pagarlo después de la cosecha. La pica venía de lejos por culpa de una joven que solo estuvo en el pueblo dos noches, esas cosas de hombres que quedan arrinconadas en el recuerdo y salen en el momento menos pensado. 


El Negro Fonseca era un buen hombre pero a la segunda copa de Ginebra el humor le cambiaba para mal.


Abelardo era el muchacho de los mandados, pero lo único que tenía de malo era no ser lerdo, digamos que solo necesitaba que el contrincante quien sea, solo diera un parpadeo, para que el faconcito hiciera el resto.


Los de armas llevar eran Nicolás Sirreyes y Gumersindo Luna, cuyo rencor mutuo quedó allí, aquella noche, oculto por mucho tiempo, pero era tan grande y peligroso como una serpiente.


Las diez de la noche era una hora apropiada para comenzar un juego de truco en el almacén, que después de las ocho las señoras ya se habían retirado y el lugar daba paso a convertirse en boliche.


La apuesta era fuerte, mil pesos, sólo entre dos adversarios, Sirreyes y Luna, los otros dos eran laderos. El Negro 

Fonseca jugaba con Luna, y Abelardo con Sirreyes. De ganar no arriesgaban nada y se llevaban cien pesos.


Sirreyes pidió al almacenero unos naipes nuevos y una botella de Ginebra. El pedido llegó más cuatro vasos y un platito con porotos.


Se pactó que el juego se realizaría sin flor y a quince puntos. Esto indicaba a las claras que había revancha y otros mil pesos más de apuesta. 


En las primeras dos manos, Luna y el Negro tenían diez porotos de ventaja.

La mesa de juego estaba iluminada por un candelabro, negro y torcido que colgaba de algún lado con cuatro velas, más dos velas sobre la mesa, la iluminación estaba a cargo del establecimiento. 


En tanto barajaba el Negro Fonseca, Sirreyes sirvió una vuelta de ginebra para todos. En ninguno de los rostros y menos aún los que arriesgaban su dinero se podría decir que se estaba jugando por simple distracción, más precisamente era a muerte.


La mano para Sirreyes venía,  bien y mal, el ancho de espadas y dos cuatros, lo mira casi sin mirar a su compañero y Abelardo le hizo la seña inconfundible, cerrando los dos ojos, no lo podía ayudar con nada. Pero mentir es la principal estrategia de este juego de naipes, y entonces:


-¡Envido!, -dijo Sirreyes-, sin cartas.


-Quiero! -le contestó Luna-, hoy no era su día, pero lo que le molestaba no era perder ni mil, ni dos mil, ni tres mil pesos, lo que realmente le jodía a Sirreyes era perder a manos de Luna.


La partida esa y la siguiente salió de mal en peor para el estanciero. 

El almacenero les alcanzó la segunda botella de ginebra, y el ambiente no era lo que se dice cordial.


Gumersindo Luna ya le había ganado a Sirreyes cuatro mil pesos. 

Y entonces le pareció que lo mejor, o lo más saludable era ir dando por terminado el encuentro. Mirándolo a la cara a Sirreyes antes de empezar a barajar le dijo, 


-Creo que por hoy es suficiente, -dijo Luna- y fue entonces cuando la ginebra, los malos recuerdos o de sólo bruto no más, le espetó en la cara, Sirreyes: 


-¡Vas a jugar hasta que yo te diga carajo!


Después de eso el rumbo de la reunión se estropeó para no mejorar.


-¡Pagame que hasta aquí llego yo! -dijo en voz alta Luna-.


Sirreyes estaba esperando esa contestación, alcanzó a manotear su pistolón y disparó turbado al pecho de Luna, que se la venía venir; se pudo retirar un poco, pero no le alcanzó, sintió el desgarro en su pecho. El negro Fonseca hizo un ademán como quien quiere calmar algo, ya era tarde, 

Gumersindo Luna entendió que se le terminaba la vida, pero en un último impulso alcanzó a disparar su arma a la frente de Sirreyes, que cayó al instante desplomado.


Al día siguiente la gente del pueblo arrancó  con sus tareas de siempre, excepto por dos entierros, y aparentemente nadie pagó la cuenta del boliche de la noche anterior.


FIN



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martes, octubre 12, 2021

UN PROBLEMA DE ESPACIOS

 Ana, la mayor, ocupaba su espacio en la habitación de la planta alta, Claudia, disfrutaba del suyo en la habitación que miraba a la colina, Edgardo, se aturdía en el rústico altillo de la casa. Adolfo, el padre, compartía en silencio su espacio con la madre de los tres adolescentes. Verónica, la madre, abarcaba con su voz, todas las habitaciones. Adolfo por fin, delegó su espacio a Verónica y al poco tiempo se fue. Ana, siguió los pasos de su padre y dejó su habitación para siempre, Edgardo continuó aturdiéndose, pero ahora muy lejos de esa casa y de su altillo, ahora, Claudia la menor, ahogada por el poco espacio que queda en la casa, está pensando si no existirá un mundo mejor detrás de la colina.


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lunes, septiembre 27, 2021

LA CIUDAD DE LOS MIL DEMONIOS (cuento)

  El proyecto se había concluido, era una ciudad de mil manzanas todas ocupadas con edificios de propiedad horizontal que aprovechaban al máximo la superficie de construcción, se estimaba que se terminaría en cinco años aproximadamente, y así fue.



En el pliego de licitación del proyecto se buscó de lograr la mayor cantidad de departamentos al menor costo posible, esto permitió que el estudio de arquitectura ganador se decidiera por la propuesta de realizar todos los edificios exactamente iguales, de este modo al hacerse los trabajos en serie, los costos disminuían considerablemente, así fue como se comenzaron los trabajo y todos los detalles de la construcción eran una copia interminable de elementos, las empresas encargadas de los diferentes rubros como las que fabricaban las puertas y ventanas, sufrieron el inconveniente que sus operarios se estresaban por tener que realizar siempre la misma tarea, se comentaba que un encargado de tener que colocar bisagras, lo habían tenido que internar en una casa de retiro para enfermos mentales, sin poderle sacar de su mano el destornillador. También a un pintor de una de las empresas al cabo de terminar doscientos departamentos, todos del mismo color, en un momento dado comenzó a realizar extraños dibujos multicolores, similares a pinturas abstractas, cuando lo despidieron, llevaba en su bolsillo una brocha con pintura roja y salpicó todo el despacho del jefe de personal, en tanto gritaba desencajado: ¡en el mundo existen otros colores, no solo el gris perla!.


Solo faltando dos días para la inauguración y posterior entrega de los departamentos a sus dueños, surgió un inconveniente de último momento, no se podrían colocar los carteles indicadores del nombre de las calles por haber surgido un problema con la empresa encargada de realizarlos, y solo estarían para un par de semanas después de la inauguración.

En el departamento de planeamiento este tema de los carteles de las calles se analizaba como un serio problema debido a que el proyecto era una repetición de edificios exactamente iguales unos a otros, y no existía nada que los pudiera distinguir, ni las veredas, ni los postes de alumbrado, ni el color de sus fachadas, todo el emprendimiento era una constante repetición de miles y miles de espacios absolutamente iguales, comentaban que un inspector de obra había revisado el mismo edificios unas cuarenta veces, sin darse cuenta.
Al jefe de planeamiento se le ocurrió una solución de emergencia que podría resolver este problema, se entregaría a cada uno de los propietarios un plano en donde se indicaría la ubicación de su unidad de vivienda, y mediante la utilización de una brújula, una vez que se determinara los puntos cardinales, sería sencillo encontrar el lugar, esto no convenció mucho al intendente, pero otro remedio no quedaba, la inauguración era inminente. 

Así fue como se contrató a una empresa para la realización de cien mil brújulas de bolsillo y a otra la realización de planos que indicaran la ubicación de cada departamento, lamentablemente, esta última empresa cometió un pequeño error y lo que se indicaba como el oeste era el este y viceversa, pero para subsanar este pequeño error, se colocó al reverso de este plano una nota aclaratoria, en donde decía: “Para interpretar correctamente este plano solo cambie el este por el oeste”


El día de la inauguración llegó y se cortaron las tradicionales cintas, luego de esto el intendente en persona entregaba las llaves, junto a la brújula y el plano de ubicación a cada uno de los propietarios.

En un primer momento todo funcionaba bien, pero la mayoría de la gente no leía la nota aclaratoria por estar en el reverso del plano y se dirigía exactamente al lugar opuesto al que debería ir, luego, la llave no abría por supuesto.

Comenzaron los primeros reclamos, y al cabo de unas horas todo se tornó en un caos, en pocas horas ya se habían extraviado cinco chicos y diez abuelos, los nuevos propietarios pedían a gritos por familiares perdidos, y otros queriendo tomara posesión de sus viviendas lo antes posible amenazaban con realizar juicios a la comuna por estafa.

El intendente ante este alubión de reclamos decidió llamar a la gendarmería para que ayudara a esta pobre gente que ya era una multitud agolpada frente al estrado, se comenzaron a ubicar a las primeras familias pero este operativo resultaba muy lento y se hacía de noche con lo cual la impaciencia aumentaba, entonces se decidió armar carpas de campaña para que esta multitud pudiera pasar la noche, con la esperanza que por la mañana todo se solucionaría.

En este desorden general, aparecieron pseudos representantes de la comuna que por veinte pesos guiarían a las desamparadas familias hasta su hogar, muchos aceptaban la propuesta, y después de abonar por este “servicio” eran guiados solo unas pocas cuadras para luego dejarlos abandonados a su suerte.

Algunos habían podido llegar a su departamento, pero luego viendo desde sus balcones, el caos y la desesperación que imperaba en las calles, temían en salir y perderse, pero de pronto surgió el terror, se encontraban atrapados en sus viviendas, y sin poder conseguir alimentos, en pocos días morirían si no eran rescatados, muchos comenzaron a pedir auxilio desde los balcones a los gritos.

Al día siguiente, por las calles de esta ciudad repetitiva, seguían vagando personas totalmente perdidas, que ya no les interesaba encontrar su departamento, solo querían salir de ese laberinto infinito.

Se decidió convocar a tres helicópteros de la fuerza aérea para que a asistieran a esta gente desesperada con alimentos y agua que eran arrojados desde las alturas.

A media mañana el caos continuaba y los mismos gendarmes que habían concurrido para acomodar y auxiliar a los propietarios, debido al agotamiento de haber trabajado durante toda la noche también se perdían.








El intendente en persona desde uno de los helicópteros impartía instrucciones desesperadas para que todos los estuvieran alojados o no, dentro de esta trampa infernal se dirigieran para el oeste que era en donde estaba las tiendas de campaña, pero la gente que escuchaba aterrorizada a esta altura de los acontecimientos y debido al apresuramiento y el miedo se dirigía al lado opuesto guiadas por las instrucciones ahora del reverso del mapa.

Paresia que ya nadie podría poner orden a semejante catástrofe, cuando a un asesor del intendente se le ocurrió que se crearan brigadas de experimentados exploradores para ingresar en aquella ciudad de los mil demonios y rescatar a las personas.

Así fue como estas brigadas se internaron en esas infinitas calles gemelas, provistas de un importante equipo de sobrevivencia, y utilizando una especie de banderines multicolores auto adhesivos para poder después encontrar la salida, pero ocurrió lo inesperado, los banderines no quedaban bien sujetos y se desprendían, luego el viento los dispersaba por todos lados, las dos primeras brigadas se perdieron irremediablemente, entonces se decidió como un último esfuerzo desesperado, que una maquina vial de esas que realizan la demarcación de rutas, marcar dos línea blanca de este a oeste y de norte a sur al medio de la ciudad, luego de esto en los cuatro extremos de estas líneas se instalaron puestos de rescate, y se les indicó a la gente mediante panfletos y altoparlantes que se dirigieran a cualquier lugar pero siempre en línea recta, y que cuando encontraran una línea blanca la siguieran o para un lado o para el otro, que de esa forman podrían encontrar la salida.

Por fin lentamente los desconcertados propietarios fueron abandonando esta ciudad, y abrazados a sus hijos, lloraban de alegría cuando eran asistidos por lo puestos de la gendarmería que se encontraban en los extremos de las líneas blancas.

Al fin todo este acontecimiento solo paso a ser un mal recuerdo para la comuna, quedando impreso en los titulares de los diarios “caos ocasionado por una empresa irresponsable”

Los otros días me detuve en las proximidades de esta ciudad que se encuentra ahora abandonada, y me interné en ella solo unos pocos metros, por temor a perderme, pude ver merodeando por el lugar un par de perros muy flacos, que evidentemente no se pierden allí porque se guían por su olfato, dicen los comentarios que algunas familias nunca regresaron ni se supo nada mas de ellas, pero son solo comentarios.

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sábado, septiembre 18, 2021

LOS MISERABLES DE VICTOR HUGO (comentario de un viejo libro)




 A pesar de transitar este siglo XXI experimentando lo que podríamos decir el futuro, en la frase "el futuro es hoy". No estaría demás ni sería descabellado releer antiguas novelas como lo es "Los miserables" de Víctor Hugo cuyo drama se ubica en varios lugares de Francia, durante el siglo XVIII.

La magistral pluma de este escritor, logra mostrar con plenitud la lucha de un hombre castigado por la sociedad, que se reencuentra con la misma gracias a un bondadoso cura; pero su pasado que parecía haber quedado enterrado surge con toda su fuerza, y un hecho hace que tenga que luchar con su consciencia. Asegurar si ha ganado o no, queda para el sentir de los hombres con valores o sin ellos.


El hombre (refiriéndome a ambos sexos) no ha cambiado gran cosa, me animo a decir que continúa igual o peor. ¿Por qué motivo las miserias humanas se repiten como antaño?, ¿cuál es el motivo que el ser humano tenga aún ese instinto animal de no proteger al débil?, ¿por qué motivo tienta tanto el poder, incluso más que el dinero?, ¿qué contienen nuestros genes que continúan transmitiendo lo peor del hombre?


Me gustaría vislumbrar una cierta esperanza, pero hoy a la vista no se ve, solo negros nubarrones continúan amenazantes en el cielo de nuestro presente. Pareciera que la ley del hombre no alcanza y la de Dios no llega a tiempo.


Les pido a aquellos que poseen poder que recapaciten, somos contemporáneos de esta misma aventura, utilicemos nuestro razonamiento para el bien común, no continuemos siendo necios creyendo que podemos ser dioses, siendo solo polvo insignificante. 

jueves, septiembre 09, 2021

VIDA Y TIEMPO (comentario de este libro)


 

Isaac Asimov, con su libro Vida y tiempo nos permite ingresar al mundo de la ciencia para todos aquellos que cómo yo,  no somos científicos, y logra mostrarnos desde la evolución de una célula hasta que la naturaleza logra conseguir el intrincado y muy poco conocido cerebro humano.

Con un lenguaje simple podemos interpretar algunas leyes de la física como son la masa de las partículas, y la velocidad, hasta los límites de la velocidad de la luz. Las posibilidades y situaciones complejas de los seres humanos en nuestro planeta tierra y la anticipación de nuestra actual pandemia.

También conocer los límites alimentarios y de energía de nuestra civilización, y un viaje imaginario por galaxias lejanas esquivando agujeros negros, o imaginando el final de nuestra estrella madre nuestro sol.

Este libro es en mi opinión apasionante, nos permite entender lo pequeño que somos, pero también nuestra inagotable búsqueda por saber de dónde venimos y a donde podremos llegar, si tenemos éxito. 

¡Lo recomiendo estimados lectores!


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martes, agosto 31, 2021

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA (comentario de libro)

 


La magistral novela de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, me ha resultado atractiva transportándome a un tiempo lejano de costumbres de las mujeres y los hombres de la campiña Española en el siglo XVI.

Pero el principal logro de su autor, es haber podido pintar un personaje gigantesco, así es, tan gigantesco como sus hazañas valerosas de un buen hombre loco, si, loco, pero noble, valiente, caballero y bondadoso, también muy pobre de calcetines zurcidos y cabalgadura grotesca pero imposible de subestimar; Rocinante era en la imaginación de Don Quijote un potro pura sangre y tan valiente como su dueño.

Que puedo decir de Sancho Panza, compañero sincero, bonachón y dueño de su vida, amante del queso, del jamón y del buen vino, colaborador incansable de su orgulloso caballero, amante de la siesta y buen cuidador de su asno, que si bien quizás no era muy gallardo, como transporte en esos caminos polvorientos era inmejorable.

Este hombre, reitero hombre , al cual no puedo subestimar y decirle "personaje", porque para mi era un hombre encarnado, que me animo a decir que vivió y murió en aquella vieja España, y como bien dice su creador, vivió loco y murió cuerdo, llorado por los que bien lo querían como es lógico que lo lloren a los grandes hombres, porque Don Quijote, les aseguro era un gran hombre, cuyos huesos descansan seguramente en muchísimas tumbas ya olvidadas pero tan reales como su valor en este mundo de hombres y mujeres por lo general débiles, que pretenden vivir solo de su apariencia, y lo único que logran en mostrar una máscara de cartón pintarrajeada.

Aplaudo de pie a esta obra magistral y completa que me brinda las ganas de continuar viviendo en nuestro mundo humano tan hostil como aquel mundo del caballero de la triste figura, pero de alma tan dura, pura y brillante como el más grande de todos los diamantes extraídos de nuestra pobre tierra.


Unas palabras para el señor Andrés Trapiello, traductor de esta enorme obra. Su labor estimado caballero, enaltece el idioma castellano. ¡Muchas Gracias!

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jueves, julio 08, 2021

EL PROFESOR DE LITERATURA (cuento)

 

Nota del autor

Este cuento es mi pequeño homenaje a mi profesora de literatura, la profesora Paternostro, cuyas clases presencié en el colegio industrial Otto Krause. Por aquella época no le prestaba atención a su materia, estimada profesora, sin entender que la literatura es la herramienta fundamental para la buena vida del hombre, le pido disculpas distinguidisima señora.


Arq. Francisco R. Brun


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Sonó el despertador, y los párpados le pesaban muchísimo, no obstante a sus 70 años solo en unos pocos minutos lograba pasar del sueño a la realidad, se levantó y miró su cara en el espejo del baño, comprobando que era prácticamente la misma de estos últimos años, abrió el agua caliente de la ducha, y la reguló con la fría, el baño tenía que ser rápido porque el calefón tenía algún problema y el agua caliente solo duraba unos pocos minutos. En tanto se duchaba no entendía porqué el plomero no venía, ya lo había llamado tres veces, pero nada, voy mañana, voy pasado, ayer no hice a tiempo, todas excusas como si fuera un chico de sexto año, igual que sus alumnos con los trabajos prácticos.


Después de limpiar sus dientes y afeitarse cuidadosamente, se dirigió a la cocina a prepararse el desayuno, unas tostadas de pan negro con manteca untadas con dulce de leche y un café con leche, más café que leche.


Le gustaba levantarse con tiempo suficiente para realizar todas las rutinarias actividades con parsimonia, esa hora matinal, y las que seguían después de la salida de la escuela, Bernardo las disfrutaba porque consideraba que formaban parte de su vida privada que era para él sagrada, como lo eran sus sábados y sus domingos, excepto los días que traía exámenes para corregir.


Este fin de semana tuvo que dedicarle unas horas a esta lamentable tarea de corregir, en donde comprobaba año tras año, cómo decaía el nivel de sus alumnos, a pesar de esmerarse en sus clases, no lograba que se interesaran en su materia, y ni siquiera leyendo en clase y explicando la intención de esos pequeños párrafos, los resultados de comprensión llegaban al grado de catastróficos.


Abstraído en sus pensamientos se colocó una camiseta musculosa y la camisa blanca que había planchado ayer, también  el pantalón del traje, al ajustarse el cinturón comprobó que necesitaba correr un agujero más para colocar la hebilla, señal que no estaba funcionando bien la dieta de su nutricionista para subir de peso, aparentemente era un tema metabólico por la edad y las preocupaciones de la escuela. Después se sentó en la cama para colocarse las medias y luego los zapatos acordonados negros gastados pero bien lustrados. Frente al espejo de la cómoda se probó la corbata negra, dejó la azul y la de pintitas rojas para otro día, en tanto realizaba el nudo pensó en lo sucedido el último viernes en la escuela, son otros tiempos se dijo, me falta solo un año más para jubilarme, por lo cual la palabra adecuada para un profesor de literatura es...soportar,... o tal vez mejor aguantar…, o quizá...mejor sería una frase, como ser, no bajar los brazos,... o tal vez mandarlos a todos al carajo,...pero evidentemente esta última frase demostraba una actitud muy grosera, y seguramente le traería más problemas que soluciones, por último se puso el saco, que disimulaba los huesos de sus hombros, y se dirigió al comedor;  sobre la mesa estaban los papeles de los exámenes, sus libretas y  dos libros, los siete locos de Roberto Arlt, y el evangelio según Van Hutten de Abelardo Castillo, guardó todo en su portafolio de cuero, lo cerró, calculó su peso y comprobó que era aceptable, luego salió a la calle, después de encontrarse en el ascensor con Clara, vecina de su mismo piso. ¡Buen día Bernardo! ¡Buen día Clara! falta poco para que terminen las clases, dijo clara sonriendo, ¿a dónde se va a ir de vacaciones? Creo que voy a ir a una isla en el Caribe, respondió con seriedad Bernardo, que me dijeron que solo hay monos y palmeras y si es así la compraré cuando me jubile. Usted siempre está haciendo chistes, dijo Clara riéndose, a propósito, le dijo Clara, no sé si escuchó el sábado a la noche la festichola de los nuevos de arriba, por poco mi marido quería ir a golpearle la puerta, diga que lo contuve, porque tiene un carácter. La verdad que no escuche nada, dijo Bernardo, lo que ocurre es que escucho música hasta muy tarde con auriculares para no molestar, le respondió Bernardo. ¡Qué mundo este! dijo Clara fastidiada, usted que hace cuarenta años que vive aquí no quiere molestar, y esta gente, recién llega y ya molesta.


El ascensor llegó a la planta baja y Bernardo abrió la puerta para darle paso a Clara, y se despidieron en la vereda. En la parada del colectivo solo había tres personas, a Bernardo le pareció muy pocas por lo general hay muchas más, por si acaso consultó a un señor para verificar la hora, pero no usaba reloj, entonces acudió a una chica, que consultando su celular le  dijo, ocho y treinta, lo mismo que indicaba su reloj que adelantaba, ocho y veintisiete. 


El colectivo llegó y no estaba tan lleno, por lo general siempre tenía que ir parado, pero estaba acostumbrado, ese día se pudo sentar en un asiento individual y disfrutar de los "bellos paisajes" del conurbano. En ese viaje Bernardo pensaba que haría cuando se jubile, tal vez, me gustaría hacer un viaje, la jubilación para un maestro no es mucha, pero agregando mis ahorros, también podría vender el departamento y con la ayuda de un crédito terminar la casita de Córdoba que no pudieron terminar los viejos, que dicho sea de paso este verano tendré que ir al menos unos días a ver cómo está todo aquello. Pensando tonterías sintió un fuerte olor a cigarrillo, cuando detectó quien fumaba, comprobó que era el mismo chofer, nunca lo había visto, pensó que debía ir hacia él y disimuladamente pedirle que no fume, que debía de dar el ejemplo, pero después se arrepintió y consideró que hacer eso era para tener un posible problema, faltando poco para llegar.


Se bajó del colectivo y solo tenía que caminar tres cuadras hasta el colegio, al llegar, en la puerta lo de todos los días, tanto las alumnas como los alumnos, todos distendidamente fumando cigarrillos de tabaco, excepto el grupito de siempre en la vereda de enfrente también fumaban pero otra cosa. Allí estaba, el líder del grupo, con anteojos negros, remera y pantalones de tela gruesa gastado bien a la moda, junto a sus otros cuatro compinches, cuando Bernardo se acercaba a la puerta para ingresar, notó con total nitidez que gritaban desde allí su apodo que ya conocía de hace mucho "flaco escopeta, bolu.. y trompeta" lo de trompeta se debía a una clace que quiso dar sobre instrumentos musicales y surgió que a él le gustaba tocar la trompeta, lo de bolu… corría por cuenta de los maleducados.


No bastó con una vez, lo repitieron, pero más fuerte y todos los alumnos que aún no habían entrado rieron en torno al profesor Bernardo.


Nuestro cerebro suele funcionar de modos realmente raros, y también en algunos momentos nuestra conducta se altera y cometemos un acto de locos o exagerado, tal vez determinados estímulos malos, nos hacen reaccionar, o quizás cuando el vaso se encuentra demasiado lleno, una sola gota puede derramar toda el agua, ya no del vaso,...de nuestro inmenso dique interior civilizado.


Ese lunes próximo a fin de año, Bernardo, al escuchar la broma, no entró al colegio, y en lugar de eso, recogió el guante y se dirigió al grupo de maleducados caminando lentamente, los mozalbetes continuaban riéndose descaradamente, Bernardo cuando estuvo cerca, sin decir agua va, el primer golpe dado con su portafolio se lo incrustó en la nariz al jefe del grupo, haciendo volar sus anteojos a la mitad de la calle, un automóvil que pasaba en ese momento los hizo añicos, el segundo dio con precisión en la oreja derecha de otro y al los demás no los alcanzó porque salieron corriendo.


Luego se acomodó su corbata, arregló el saco y se dirigió al colegio dejando en el piso a estos dos maleducados, el jefecito con su nariz chorreando sangre y su segundo con una oreja algo más que morada. El policía de guardia observó todo pero miró para otro lado, antes de entrar subió los dos escalones de la puerta y en voz alta dirigiéndose al grupo que seguía fumando en la puerta exclamó: ¡lo voy a decir una sola vez, si mañana vengo y alguien está fumando aquí, recibirá diez amonestaciones!, y si persiste su actitud será expulsado del establecimiento, aunque falte media hora para el fin de clases, ustedes pueden arruinar su salud donde quieran, pero yo no puedo permitir que se la arruinen aquí, se dio media vuelta y entró. 


En los días que siguieron nadie realizó una denuncia, y los alumnos del colegio ninguno siguió fumando en la puerta.


Ese mismo día el profesor Bernardo tomó lista, todos estaban presentes incluso los cinco maleducados, que por sus calificaciones se llevaron literatura a marzo, y en marzo, se la llevaron previa, porque no solo eran maleducados, también eran brutos. 


Al año siguiente, que era el último que le restaba transitar a Bernardo para su jubilación, el mismo transcurrió con jornadas muy tranquilas, y además por fin, pudo disfrutar  dictando sus clases de literatura.


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miércoles, junio 16, 2021

EL SOMBRERO MÁGICO (final)

 José se quedó dormido unos instantes bajo ese sol primaveral que calentaba su espíritu, y su cuerpo, cuando entonces alguien a su lado lo despertó. 


-¿Cómo está usted, estimado compañero de banco?, dijo aquel hombre.


Cuando José miró, era el cordial señor, con el que compartían el banco del parque,  que por algún motivo transmitía cierta profundidad de pensamiento, profundidad que pocas personas son capaces de transmitir, o tal vez porque a veces personas mayores que han transitado gran parte de su vida, tienen la capacidad de ver los que otros no pueden, a pesar de no ser ciegos.


-¡Estimado señor! que gusto verlo, ¿Cómo está usted? le preguntó José. 


-¡Muy bien!, dijo el hombre -disfrutando de este día soleado que que a mi edad templa mis huesos, mi mente, y lo más importante, mis pensamientos. 


-Sabe una cosa, le dijo José... -la última vez que nos vimos, no me presenté,  me llamo José.


-Encantado, yo me llamo Justino, nombre que me costó aceptarlo por ser blanco de mil burlas en el colegio, pero en una oportunidad un profesor me llamó aparte y sabiendo que las burlas me mortificaban, me dio un consejo maravilloso, me dijo que las burlas son eficaces cuando el burlado se enoja, pero si este las festeja también riendo, los burladores pierden todo entusiasmo, así lo hice y nunca más me molestaron. Usted no me creerá, pero sigo utilizando esta fórmula para todo aquello que me molesta en mi vida y siempre el resultado es eficaz. 


-Evidentemente su profesor era un buen hombre, le dijo José.


-Realmente sí, era un señor alto de nariz pronunciada y rigurosa traje gris con corbata, nadie entendía por qué, pero sin amedrentar, inspiraba un respeto enorme, cuando entraba al aula no se escuchaba volar una mosca, son muy curiosas ese tipo de personas. 


-Curiosamente, dijo José -los profesores buenos son aquellos que enseñan más allá de su materia, como por ejemplo ciertos aspectos de la vida que son muy importantes para un joven. 


-Así es, dijo Justino, -pero el problema surge cuando ya no contamos con profesores que nos guíen y el camino a seguir depende solo de nosotros.


-Cuando me encuentro con usted, me parece que el giro de nuestra conversación siempre se dirige a temas de mi vida actuales, un camino por seguir es algo que me ocupa justamente hoy todos mis pensamientos.


-Jajaja, rió Justino, que tema este que siempre me apasiona, es la pregunta que en algún momento todos nos hacemos ¿cuál es el camino que debemos seguir?

La verdad estimado amigo, esta incertidumbre sólo la podemos transitar en soledad, si ante una encrucijada alguien me indicara el camino, y después ese rumbo fuera el incorrecto, me arrepentiría por no haber realizado lo que mi inteligencia me sugería. Pero en cambio si la decisión es propia, no existirán responsables, solo yo seré el responsable, con un atenuante, jamás podré saber si el otro rumbo hubiera sido mejor o peor, por lo cual es solo una decisión, la cual si la misma fue buena o mala deja de tener importancia, el camino se eligió y a otra cosa.


José se quedó mirando al señor, en silencio. 


-¿Qué le ocurre mi amigo por qué se queda callado?


-La verdad Justino, le confieso que debo tomar una decisión sobre un asunto que me ocupa y es de suma importancia. 


-Si le sirve de algo, le diré mi fórmula para tomar decisiones, no es infalible pero a mi me ha dado al menos tranquilidad. Siempre frente a una decisión pienso que la misma logre hacerme feliz, pero no solo a mi, también para aquellos que estén involucrados, y créame, los resultados siempre han sido muy satisfactorios. Por supuesto que muchas veces estas decisiones implican perder algo, no siempre se gana, pero debemos pensar que la felicidad se encuentra escondida y es muy escurridiza, y solo al encontrarla nos damos cuenta que la supuesta pérdida no es gran cosa. ¿No se estimado amigo si puede ser claro?


José miró a los ojos de aquel hombre y luego respondió. -Ha sido usted muy, muy claro, estimado señor Justino.


Luego de la breve charla Justino, dándole un apretón de manos se despidió de José y se retiró caminando despacio por el sendero del parque. José después de esta breve charla había podido tomar una decisión, solo le restaba comentarlo con su mujer y después transmitirlo en la empresa.




José al llegar a su casa se reunió con su mujer para decirle la decisión que había tomado. La señora de José se llamaba Blanca y junto a ella habían asumido cientos de situaciones difíciles, pero esta vez por algún motivo, José esta decisión no podía compartirla, por tratarse de un tema de su empresa y la de sus socios, no obstante, la misma era de cierto riesgo y esto si debía decírselo a Blanca.


Jose tomó de la mano a Blanca y la invitó a sentarse en la galería frente al jardín. 


 -Qué dirías Blanca si dejo la empresa para dedicarme a otra cosa. Lo he pensado mucho, y las opciones que tengo son continuar tratando de conseguir más contratos, inclusive del extranjero, convertir la empresa en constructora, o retirarme. 


-¿Y qué harías si te retiras José, tú aún eres joven?, y no te veo haciendo los quehaceres domésticos -le pregunto Blanca-.


-He pensado algunas cosas, -le respondió José-, pero deberíamos vender nuestra casa y realizar un nuevo proyecto en otro lugar, te anticipo que no será fácil para ti y los chicos, otro lugar implica perder amigos, nuevas costumbres, es decir, una nueva vida desconocida y muy distinta a la actual, incluso pueden existir algunas privaciones. Lo he pensado, pero si tu no estás de acuerdo, no puedo hacerlo, porque no te mereces con todo lo que hemos luchado, deshacernos de aquellas cosas que hemos conseguido juntos. 


-¿Que harias, si te digo que que no acepto?- preguntó Blanca-


Si no aceptas, -le dijo José- mi opción es convertir a la empresa en una constructora, pero esto implica un renovado esfuerzo, no es tan simple, buscar nuevos contratos en el extranjero no lo deseo, tendría que realizar interminables viajes de negocios, y esto nos restaría tiempo para disfrutar en familia.


-Te propongo algo -le dijo Blanca- Acepto todo los cambios en nuestra vida bajo una condición. 


-¿Cual? - le preguntó José - intrigado.


-En esta nueva etapa de nuestra vida, si realmente quieres emprenderla, el capitán del barco seré yo, y mi primer proyecto será realizar mi sueño postergado, quiero que desarrollemos juntos algo que siempre quise, una empresa de paisajismo, me siento preparada para hacerlo.


José miró su jardín que lo había proyectado y ejecutado Blanca,  en donde siempre se disfrutaba todos los diversos colores que pueden brindar la naturaleza en un espacio tan reducido durante todas las estaciones del año y entonces le dijo:


-Acepto, solo que yo elegiré el lugar,-dijo José- será Bariloche, después de decir esto José fue a buscar el viejo sombrero y se lo colocó a su señora, para después decirle - ¡Mi capitán, cuando usted quiera levamos ancla!


Ambos rieron.


Esa mañana Alejandro lo esperaba a José para hablar a solas antes de la reunión con sus dos hijos, para tratar el tema del nuevo rumbo de la empresa.


-José, no hace falta que te diga que la última palabra es tuya, pero mis dos hijos sueñan en conseguir contratos en el extranjero, y te debo adelantar que si votamos, obviamente yo estaré con ellos.


-Imaginaba que tus jóvenes hijos querían algo así, y debo decirte que son muy, muy capaces y poseen el ímpetu de todo joven, tienes que estar muy orgullosos de ellos, creo que no los mereces pero eso no importa.


Ambos rieron.


-Mi decisión está tomada, y no deberemos votar,...¡Vamos a la reunión!. -Le dijo José a su amigo-.



FIN



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