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lunes, diciembre 29, 2025

PARAÍSO S.A.

 Dinero:


Primero surgió el trueque, cambiábamos, huevos por harina, pan por telas, una silla por dos pollos. Esto se tornó en un complejo sistema por lo general desequilibrado y poco confiable. 

Luego utilizamos para facilitar estos intercambios el dinero mercancía. Un producto por todos conocidos y aceptado como la sal surgió como respuesta.

Después siguieron las monedas de oro y plata, por una cuestión práctica, no se podrían y se podían transportar con facilidad.

Por seguridad se comenzó a utilizar papel moneda, para dejar a salvo el oro y la plata.

Y en la actualidad, si me preguntan, ya no sabemos si el dinero existe o no, la era digital permite que cantidades abismales del mismo pasen de mano en mano a la velocidad de la luz. Pero, ¿donde está guardado?, puede llegar a ser una pregunta que ni el más prestigioso banquero puede dar la respuesta.

No obstante todos estaremos de acuerdo que sin dinero, exista o no, no se puede vivir, dependemos de este prestigioso invento humano para poder realizar todas las transacciones de nuestra vida. Desde comprar un moisés hasta nuestro ataúd…bueno, aunque pensándolo bien, existen muchas formas de dar el último paso de nuestra existencia. 


Amor:


Con dinero podemos comprar muchísimas cosas, no todas. Por ejemplo, el amor sincero, total y absoluto, no se puede comprar ni con todo el dinero del mundo. Pero debemos decir que es posible perder toda una fortuna por amor.



1.


           La constructora y desarrolladora de negocios inmobiliarios se llamaba “Paraíso S.A.” y su único dueño era Ángel Lucifer Dorado… Tal vez parezca contradictorio, pero esa era la verdad. El segundo nombre muy pocos lo conocían porque en su firma solo se leía Angel L. Dorado. En verdad don Ángel como todos lo llamaban en la empresa, era un muy buen hombre. 

Su empresa tenía más de tres mil empleados y créase o no, cuando recorría en persona las obras u oficinas administrativas, se dirigía a sus empleados por su nombre de pila, y además les preguntaba si habían conseguido lo que aspiraban, su nueva casa, su automóvil, ir al lugar para vacacionar preferido, o cual era el nombre de su hijo recién nacido. Para don Ángel sus empleados eran su única familia. Él vivía en un amplio departamento que ocupaba dos pisos completos en Puerto Madero frente al río, que compartía con una tía muy mayor, pero por lo general se quedaba todas las noches en una pequeña habitación detrás de su oficina; el trabajo absorbía toda su vida, incluyendo los fines de semana y feriados. Para don Ángel las vacaciones no existían.

Su secretaria de toda la vida se llamaba Aurora, era una señora mayor que él, estricta, puntillosa al extremo de llevar la agenda de don Ángel, en intervalos de una hora, los trescientos sesenta y cinco días del año. Una mañana, Dora se sintió mal; un infarto terminó con su vida sin poderla asistir. Esta lamentable pérdida afectó muchísimo a Don Ángel, más allá del profundo dolor, tardó dos largos meses en poder organizarse. No podía entrar a la oficina de Dora y ver su escritorio vacío. Un día muy apesadumbrado se decidió y se sentó en él para ver el estricto orden de los papeles y carpetas de su Invalorable secretaría y ocurrió algo inesperado, cuando abrió el primer cajón, vio un sobre que decía “para Don Angel”, cuando lo abrió leyó el contenido de aquella carta:


“Estimado don Ángel, seguramente cuando usted lea esta carta yo ya no estaré, pero no se preocupe, he sido a mi manera muy feliz en la empresa trabajando tantos años para usted que ha sido un jefe sin igual. Como me gusta tener todo ordenado, también he pensado que usted necesitará una nueva secretaria, por esto le digo que yo tengo una sobrina que junto con mi hermana la hemos preparado para que pueda ocupar mi lugar en su empresa. Se llama Beatriz, es licenciada en dirección de empresas, sabe hablar inglés y francés, es super organizada como yo, y muy bonita. Le recomiendo que la entreviste y si es de su agrado la contrate. Sería para mí una satisfacción que mi sobrina ocupe mi oficina. 


Su secretaria de toda la vida Dora”


Cuando don Ángel leyó esta carta, inmediatamente se contactó personalmente con la hermana de Dora y coordinó una entrevista para conocer a la sobrina de Dora; sin muchas expectativas porque reemplazar a alguien tan competente como Dora le parecía imposible. 

El lunes a primera hora Beatriz y su madre se presentaron en la empresa. Cuando Don Ángel vio por primera vez a esa joven, su corazón, su mente y todo su ser se estremecieron a tal punto que ya no pudo dejar de pensar día y noche en la persona que sería su secretaria privada al principio y al muy poco tiempo su esposa. 

La joven Beatriz tenía muchos atributos, pero tres se destacaban por sobre todos los demás: su inteligencia, su astucia y su capacidad para conseguir todo lo que se propusiera. 

El primer objetivo de Beatriz fue conquistar el corazón de Don Ángel, con una diferencia de treinta años de edad este objetivo le resultó una tontería. El experimentado hombre de negocios era muy astuto para cerrar tratos, pero en cuestiones de mujeres sus conocimientos eran nulos, no se le conocía que tuviera una novia. 

Al mes de ingresar a la empresa, Beatriz ya estaba organizando junto con  Don Ángel su casamiento. Él estaba tan feliz que deseaba compartir su alegría con todos sus empleados. Así fué que se decidió realizar el festejo en la estancia.

No faltó a la fiesta nadie, todos los empleados de Paraíso S.A. Llegaron en ómnibus contratados por la empresa, autos particulares, y rentados. Los novios llegaron en un enorme helicóptero, junto al cura que los casaría.

Se levantó un pequeño altar con cortinas de seda blanca sobre el parque de la fastuosa casona, de donde salió la novia del brazo de su padre, con un traje blanco, la cola tenía diez metros de largo y era llevada por cuatro chicos. Don Ángel la esperaba en el altar con un riguroso frac. Cuando se consumó la unión ante Dios, ambos se colocaron los anillos. Todos aplaudieron de alegría; don Ángel desbordada de felicidad.

La fiesta duró tres días, había conjuntos musicales en vivo, un batallón de mozos servían la comida a los invitados. Varios sectores de parrillas se armaron a lo largo de una mesa de novecientos metros de largo para que los mil quinientos kilos de carne y pollo asado lleguen calientes a los platos. La bebida se distribuyó mediante cuatriciclos qué arrastraban unas heladeras con ruedas, para que los comensales pudieran disfrutar todo tipo de bebidas bien frías. 

Por fin, los novios se retiraron en el mismo helicóptero que los trajo entre aplausos y vivas de los invitados. Desde la estancia se dirigieron al aeropuerto de Ezeiza y desde allí en avión privado a Roma.

Este momento de absoluta algarabía, fue el principio del fin de la empresa “Paraíso S.A.”, para convertirse curiosamente en un infierno. 





2. 


Los grandes cambios suelen darse en pequeñas dosis. La luna de miel de don Ángel y Beatriz, duró tres largos meses, en los cuales él se olvidó de la empresa. Como en toda empresa importante todos los días surgían temas a resolver, que se postergaban o los resolvía alguien sin experiencia y a las apuradas.

Una sola orden de don Ángel llegó al contador principal de la empresa. Debía abrir una cuenta corriente a nombre de Beatriz y depositar allí todos los meses una suma de dinero muy importante. 

El contador lo consultó con el gerente y la orden era muy clara, por lo cual se abrió la cuenta requerida pero cuando se realizaba el arqueo de caja general, en dicha cuenta surgía que todo ese dinero se transfería todos los meses a un par de cuentas desconocidas en el extranjero. 

Cuando don Ángel y su esposa regresaron de su luna de miel, a los problemas acumulados se sumó otro que complicaría todo el funcionamiento de la empresa, convirtiéndose en una situación burocrática nunca vista. ​Beatriz tendría el cargo de gerenta general de las operaciones financieras, comerciales y de negocios de la empresa**;** es decir, todo pasaría primero por sus manos antes de que don Ángel se enterase.

El gerente general, amigo de toda la vida de don Ángel, que se llamaba Victor, fue el primero en vislumbrar una serie de acontecimientos extraños. Por empezar la señora Beatriz, así la llamaban todos, no permitía que nadie llegara a la oficina de don Ángel, solo ella le llevaba algunos informes para que él estuviera ocupado. Tampoco se quedaba como era su costumbre en la oficina por las noches, religiosamente a las cinco de la tarde un auto con chófer los llevaba al departamento de Puerto Madero. Don Ángel vivía en una burbuja creada por su mujer.

El primer problema serio sucedió cuando los socios del principal emprendimiento de viviendas comprobaron que las obras llevaban un retraso de varios meses por falta de insumos. Cuando se quisieron reunir con don Ángel, en la cabecera de la mesa de reuniones, en lugar de don Ángel, estaba sentada su joven esposa.

Fué la reunión más corta en la historia de la empresa. El maltrato que recibieron por parte de Beatriz, hizo que estos hombres de negocios se fueran de allí muy ofuscados con la intención de realizar un juicio por no respetar las cláusulas contractuales asumidas por Paraíso S.A.

Esta fue la gota que rebalsó el vaso para el gerente general, exigiendo a Beatriz hablar con don Ángel ese mismo día. 

Por fin don Ángel lo atendió en su oficina en presencia de su esposa. Cuando el gerente alertó a don Ángel de todos los problemas que había, incluyendo un descubierto de varios millones de pesos, este le respondió sosteniendo la mano de su mujer con cara de un tonto enamorado:

—A partir de ahora querido Victor, todo lo referente a bancos en inversiones lo manejará Beatriz, ella es muy competente en estas cuestiones, y no nos defraudará, ya verás.

Cuando el gerente general escuchó esto inmediatamente se dió cuenta que la empresa ya tenía una fecha de defunción. 

Al día siguiente Victor le entregó a Beatriz su renuncia. De la cual don Ángel se enteró muchos después. 

No habían cumplido un año de casados y Beatriz ya había logrado su objetivo; la empresa de don Ángel estaba descapitalizada y quebrada. Ahora solo le restaba quitarse de encima a su marido al que jamás quiso. Fué muy sencillo, una mañana le dijo que iría a visitar a una íntima amiga que vivía en Alemania, solo se ausentaría por una semana. Don Ángel aceptó de buena gana, sabiendo que su esposa estaba feliz por el viaje.

Después de despedir a su esposa en el aeropuerto, la cual llevaba más diez grandes valijas, y una enorme sonrisa, se dirigió a las oficinas de su empresa; le llamó la atención que de los treinta empleados que siempre había, sólo vió a   tres. 

—¿dónde está el resto del personal?, —preguntó. 

Un muchacho muy joven de dijo:

—Solo quedamos nosotros, don Ángel, los demás renunciaron.

—¿Por qué motivo joven?, ¿no estaban a gusto en la empresa?  —le preguntó don Ángel asombrado.

—Se fueron señor  —dijo el joven con temor—, porque hacía tres meses que no cobraban y la señora Beatriz no les permitía hablar con usted, por eso se tuvieron que ir.

Cuando don Ángel quiso ver al gerente general, recién se enteró que hacía meses ya no estaba.

Poco a poco don Ángel fue comprendiendo que su magnífica empresa estaba quebrada y semiabandonada. Los emprendimientos estaban paralizados y el golpe de gracia lo recibió cuando entró a un pequeño despacho que estaba en la oficina de su mujer en donde pudo encontrar cientos de cartas documentos de todo tipo. Por poco sufre un paro cardíaco, desesperado se dirigió a la caja fuerte que controlaba Beatriz, al abrirla la decepción fue enorme. No quedaba un solo peso.

Su cabeza estaba por estallar, y sus manos frías, desde su escritorio llamó al celular de su mujer, y lo que escuchó fue demoledor:

“Este número ha sido dado de baja”

De golpe comprendió la catástrofe, no había duda alguna. Beatriz se había ido, dejándolo a él y a su empresa en la ruina.

Con su mano derecha, abrió el cajón en donde guardaba un revólver, pero en ese momento alguien golpeó la puerta de su escritorio, cuando abrió, un señor de traje y corbata acompañado por dos agentes de policía le dijeron después de identificarse como agentes de la DGI que lo tenían que acompañar por estar implicado en un caso de retención de impuestos de varios millones de pesos.


3.


 Los días que siguieron a la detención de don Ángel terminaron con él. Ese otrora emprendedor hombre de negocios y exultante caballero, estaba acabado, un torrente de injusticias y angustias lo arrastraron a un solitario calabozo que él sentía como si estuviera enterrado vivo. Por las frías noches de invierno, y los fétidos días de verano, se convirtió en un pordiosero. Cada año que pasaba allí, lo hacía envejecer cinco años. Y aún le restaban ocho para cumplir su condena. 

Un día el carcelero lo sacó de su monotonía y le dijo que tenía una visita.

Don Ángel, sin esperanza alguna arrastró sus pies hasta la sala de reuniones. Allí lo esperaba un hombre mayor de pelo blanco que él no recordaba ni remotamente. 

—¡Don Ángel, que alegría verlo!.

—¿Quién es usted? —le preguntó don Ángel extrañado.

—¿No me recuerda?

Aunque se esforzaba en recordar a ese hombre, don Ángel no podía vincularlo con ninguna situación de su vida pasada. 

—Yo soy Ferndando, señor  —le dijo con respeto ese hombre—, usted me salvó la vida.

Fernando era un antiguo sereno de una de las primeras grandes obras de la empresa, pero tenía un único problema, era alcohólico. Y su enfermedad hizo que una noche, delincuentes robaran la obra llevando una enorme cantidad de mercaderías muy costosas. Lo curioso fue que don Ángel en lugar de echarlo, se involucró en el problema de su empleado, y lo ayudó. Primero se ocupó de la difícil enfermedad y una vez no curado, pero manteniendo siempre la sobriedad, lo nombró inspector de obradores, con un importante sueldo, que le permitió a Fernando comprarse una hectárea de tierra en Moreno, construir su casa y fundar una familia con cuatro hijos.

Cuando Fernando le repitió su historia, don Ángel pudo recordar y después de mucho tiempo, aquel viejo empleado, lo hizo sonreír. 

A partir de ese día el antiguo empleado de don Ángel, lo visitó ininterrumpidamente, todos los domingos, aunque lloviera, hiciera calor o frío. Incluso para su cumpleaños, la señora de Fernando le preparaba un pastel que don Ángel repartía con sus carceleros y compañeros de celda. Poco a poco, el maltrecho espíritu de don Ángel se fué recomponiendo y consiguió mediante una petición a las autoridades de la penitenciaría realizar una cancha de bochas. Al cabo de unos años a don Ángel todos lo apreciaban y pudo encontrar allí hombres complicados pero con ciertos valores dignos de ser atendidos.

Por buena conducta le redujeron su condena, y una tarde lluviosa de otoño el carcelero de años, le abrió su celda. Era nuevamente un hombre libre. 

—Adiós don Ángel, como es la vida, hoy usted se va y yo me quedo aquí. —le dijo su carcelero al que todavía le faltaban algunos años para jubilarse. 

En la puerta de la penitenciaría lo esperaba una vieja camioneta blanca conducida por su antiguo empleado Fernando, en cuya puerta aún se leía: “PARAISO S.A.”


FIN


Estimado lector, si te ha gustado esta historia puedes continuar leyendo este libro:


"NORA Y SU AMOR SECRETO"

viernes, noviembre 28, 2025

LA PASAJERA DESCONOCIDA

1.

           Los viernes parece que los medios de transporte no alcanzan. La ciudad es un hervidero de personas que se desplazan apuradas, hablando, discutiendo. El ruido del tránsito aturde. 

“¿Todo el mundo tiene cosas que hacer el último día de la semana, o lo harán a propósito?” se preguntaba Daniel, apretujado en el colectivo. Cuando quiso ir a la puerta trasera para bajar, dos señoras no le permitieron pasar porque llevaban unos paquetes enormes. Lo intentó levantando su pie por encima de un bulto, pero perdió el equilibrio y empujó a un señor que le dijo de mal modo

—¡Tenga cuidado, no sea insolente!


Prefirió no discutir, y cuando pudo salir de aquel tumulto de personas el colectivo ya se había pasado de su parada tres cuadras.

Cuando bajó sintió el alivio de volver a ser un ser humano, no una sardina enlatada.


Cuando llegó a su oficina la reunión había empezado. Al entrar, observó que su jefe lo miraba con un gesto de desaprobación. Miguel, el vendedor estrella de la oficina, terminaba de explicar el modo en que pudo conquistar al cliente más importante de ese año. Cuando la reunión terminó su jefe le pidió que fuera a su oficina.


—Santein, su rendimiento es desastroso, llega tarde, hace dos semanas que no consigue un solo cliente. Si no cambia esta situación me veré en la obligación de despedirlo.  —le dijo su jefe con las manos sobre el amplio escritorio y su mirada fría como el hielo—. Le daré una última oportunidad, hace varios meses que queremos conseguir a la constructora de Perez, tiene quince días para lograrlo, si no puede, ni se moleste en regresar. 


La reunión terminó y Daniel sintió que ya tenía un pie afuera de la empresa, justamente en este momento de su vida cuando estaba por pedirle a su novia que vivieran juntos. ¿Qué le diría? comenzar una nueva etapa con un desempleado no era un buen comienzo.  


De regreso a su casa esperó el colectivo como siempre, cuando subió, curiosamente no había pasajeros, se sentó con su mente atestada de interrogantes. —El trabajo, su novia, las deudas de su tarjeta—. En lugar de pensar que comenzaba un fin de semana durante el cual poder disfrutar de una salida con su novia, se sentía cargado de cuestiones molestas.

Mirando por la ventanilla sin mirar, Daniel no se dió cuenta que una señora se sentó a su lado a pesar que el colectivo estaba vacío.




—Que locura —dijo en voz alta la mujer que llevaba una cartera de mano entre sus manos.


—¿Perdón?  — le preguntó Daniel observando a la señora que llevaba su pelo atado con un pañuelo rojo.


—Que locura es la vida hijo, si usted se fija bien, todo el mundo tiene problemas. 


—La verdad que sí señora, vivimos en un manicomio, y lo peor es saber que no tenemos solución ni salida.


—Bueno, ustedes los jóvenes tienen toda la vida por delante, en cambio nosotros tenemos poco hilo en el carretel. —contestó la mujer mirándolo a los ojos— Cuando yo era joven quería ser cantante de ópera, pero en mi pueblo de Francia, el futuro de los jóvenes solo era recoger huevos, cuidar la quinta y ordeñar la única vaca que teníamos. Cuando mis padres murieron el dueño del campo nos dijo a mi hermano y a mí que teníamos que irnos, porque no sabíamos nada de vinos y viñedos. Así fué como con una valija nos vinimos para América y aquí nos quedamos.


—¿En qué año fue que vinieron?


—En 1954, yo tenía dieciséis años y mi finado hermano doce, se enfermó en el viaje y murió a los pocos meses.


—¿Y cómo se las arregló aquí?


—Fué muy difícil, pero tuve suerte porque me recibieron en una parroquia de Belgrano y me gané la confianza y el cariño del cura y de tres monjas divinas que fortalecieron mi espíritu, además de enseñarme el idioma.


—Debo decirle señora que su historia de vida transforma mis problemas en algo insignificantes.  —le dijo Daniel a aquella mujer que salió de la nada. 


—Le diré algo más joven  —le dijo la mujer—  en la parroquia que me albergaron pude descubrir qué tenía un don. Cuando salgo a la calle y observo a la gente, se de inmediato quien tiene problemas, me pasó ahora con usted. Esto para mi es una carga difícil de llevar porque no puedo ayudar a todos, por eso decidí solo enfocarme en solucionar las situaciones de una persona a la vez por día. Hoy le ha tocado a usted.


Daniel después de escuchar esto pensó que tal vez la señora no estaba bien, y trató de no seguir hablando. Al cabo de unos instantes la mujer le dijo.


—No crea que estoy loca, yo sé que todos lo piensan, pero si me permite tocar su frente le diré cuales son sus problemas y cómo solucionarlos.


Daniel no sabía si continuar con todo eso o bajarse, pero el rostro de esa mujer le brindaba confianza. Más allá que fuera descabellado que una señora desconocida se sentara junto a él para solucionarle su vida, aceptó. La señora apoyó con suavidad su mano izquierda en su nuca y la derecha en su frente, después de decir unas pocas palabras en francés y en voz baja, volvió a colocar sus dos manos sobre su cartera.


—¿Por dónde desea empezar Daniel?. 


—¿Cómo sabe mi nombre?  —le preguntó Daniel asombrado. 


—Ahora conozco muchas cosas sobre ti, pero solo hasta que otra persona me permita ayudarla. —le dijo la señora mirando hacia el frente— ¿por donde quieres que empecemos?, ¿quieres que te diga cómo seguirá la relación con tu novia Nora.


—Si, comencemos por eso. —le dijo Daniel con una enorme curiosidad. 


—Bien, Nora te ama y quiere compartir la vida contigo, solo que no se anima a proponerte vivir juntos. Incluso quiere formar una familia y tener hijos. Eres afortunado Daniel, ella es una muy buena joven. Ella no está muy segura si tu la quieres tanto como ella te quiere a tí, y teme que si la relación entre ustedes se prolonga, tú te canses de ella y su proyecto de vida con tigo fracase.


—Me están por despedir de mi trabajo, no puedo imaginar compartir mi vida con Nora, soy un rotundo fracaso. —dijo Daniel con angustia.


—Te diré algo Daniel, muchas personas consideran que no son capaces o virtuoso para ninguna tarea. Creen que todos sus conocidos y amigos son más exitosos que ellos, y esto es una mochila que cargan, la cual, no les permite levantar vuelo o hacer otra cosa que les guste. Creen que no pueden cambiar nada y que jamás conseguirán nada. Esto me da muchísima pena, porque todos nacemos con algún atributo que las circunstancias no nos han permitido explotar. Obviamente que nada se consigue sin algo de voluntad, constancia, superando barreras, incluso demoliendo altos muros. Pero cuando por algún motivo, por lo general extremo, se desata en nosotros esa vocación, capacidad o talento oculto, todo cambia, y entonces comprendemos que nacimos para hacer eso que estaba allí escondido. Lamentablemente muchos descubren su virtud o capacidad de grandes. Pero siempre es preferible arriesgarse a fracasar que pensar que ya hemos fracasado. Aunque solo nos quede una hora de vida, podemos cambiar nuestra vida. Intentarlo siempre es preferible a no hacerlo por miedo.


Daniel se quedó pensando, y vino a su mente aquella maestra de arte que le dijo que sus trabajos eran excelentes, que debería ir a una academia para perfeccionar su estilo. 


—Eres bueno para las artes plásticas Daniel, pero en mi opinión eres mucho mejor para otra cosa. —dijo la mujer. 


—¿Para qué soy bueno entonces?


—Aunque no lo creas eres muy bueno para vender cualquier cosa. Por ese motivo te aprecia tu jefe. 


—¿Qué mi jefe me aprecia?  —dijo Daniel con desdén— aquí se equivoca usted señora, ese hombre me ha tomado de punto y para él soy un estorbo.


—No es así Daniel, muchas veces nos confundimos con las personas y las cosas no son como nos parecen. Tu jefe ve en ti, al mismo muchacho inseguro y sin ánimo qué era él cuando joven. Obviamente no puede decírtelo, o no se atreve, pero tú tienes las mismas barreras que él tuvo que afrontar. Aunque no lo creas le encantaría que superaras con algún nuevo cliente importante a Miguel que se destaca entre todos los vendedores, porque él sabe que tú tienes algo de mucho valor en el rubro que no todos tienen.


—¿Se puede saber que cosa tengo yo, que los demás no tienen?  —preguntó Daniel con fastidio 


—Es algo muy sencillo y simple  — le dijo la señora mirándolo con una sonrisa— tu rostro, tus ojos, tu forma de hablar; transmiten tu  absoluta honestidad; a ti, cualquier cliente o persona acostumbrada a realizar negocios, te cree todo lo que le digas. En cambio Miguel, utiliza para vender otra técnica, él primero muestra un precio insuperable que entusiasma, pero después aparecen una serie de rubros qué antes no estaban, y lo que era una cosa se transforma en otra, el tiene picardía para hacer tratos, pero no inteligencia; podría vender autos, seguros o zanahorias, sin tener la menor idea del producto. Te lo diré en castellano para que te quede grabado, el vendedor estrella de Miguel, es un chanta, con todas las letras. En este mundo, lo que sobran son ese tipo de personas, mujeres y hombres. Los negocios, los tratos, el mundo de las grandes empresas, está dirigido por inescrupulosos charlatanes que hacen de su astucia su profesión. 

En cambio tú, puedes triunfar si lo deseas en cualquier cosa que emprendas porque eres inteligente y transparente, estos dos atributos no abundan en este mundo, tienes que aprovecharlos, porque te puedo asegurar que tu futuro laboral está asegurado.


Daniel se quedó pensando en todo lo que esta señora le dijo, y esto lo tomó por sorpresa. Tal vez esta mujer hablaba cualquier cosa, solo con la intención de que se sintiese bien, pero pasado el fin de semana cuando hay que enfrentar nuevamente el lunes, volvería a ser el fracasado de siempre. Cuando estaba por preguntar algo más, la mujer le dijo:


—Bueno hijo, espero que puedas aprovechar lo que te he dicho, aquí termina nuestra relación, tengo que bajar.  —dándole un beso en la mejilla se despidió diciendo —Bonne vie mon fils.


2.


Durante todo ese fin de semana, la conversación con aquella señora retumbaba en la mente de Daniel.

Cuando el sábado se encontró con su novia, observó en la mirada de Nora, a la chica con las intenciones que había descrito esa señora. Decidieron no salir porque llovía y se quedaron en su departamento. Pidieron pizza, vino, y de postre; el mejor y más exquisito del mundo… de más está decirlo.

Esa noche Daniel comprendió que no existía otra vida que no fuera junto a esa mujer.


Cuando llegó el lunes, Daniel llegó media hora antes, se sentó en su escritorio, encendió su computadora, y el primer correo que envió fue al dueño de la gigantesca empresa constructora, la cual era un cliente codiciado porque el volumen del negocio era enorme.

Con soltura y seguridad escribió:


Señor Andrés Perez:

Más allá de saber que usted está muy ocupado, lo molesto porque tenemos una nueva línea de seguros a la medida de su empresa que estoy seguro que le interesará. 

Usted es la primera persona en recibir esta línea de productos, se la ofrecemos porque deseamos sumarnos a su cartera de proveedores. Le puedo asegurar que no se arrepentirá de esta propuesta.

Yo personalmente dirigiré todos los aspectos del contrato, para que no surjan inconvenientes. 

Quedo a la espera de poder mantener una reunión con usted y mostrarle todo lo necesario.

Desde ya gracias por su atención 

Daniel Santein


Tres minutos después 


Señor Daniel Santein:

¡Es increíble este mundo!, estaba pensando en usted, justamente lo recordaba.

Me interesa mucho lo que me ofrece, venga en lo posible esta misma tarde a ver si hacemos algún negocio. Lo espero en la empresa a las 16 PM. Venga preparado porque estarán mis abogados, y el gerente de compras.

Un saludo, Andrés Perez 

FIN

​"Este cuento termina aquí, pero nuestras historias se parecen más de lo que creemos. Si te has sentido identificado con estos miedos, me encantaría leerte en los comentarios. No estamos tan solos en nuestras inseguridades como pensamos."


Estimado lector, si esta historia te ha gustado, te recomiendo otra cuyo título es:

"LA CIUDAD DE LOS MIL DEMONIOS"














jueves, noviembre 20, 2025

VIAJE DE IDA

 



          Estoy seguro que en algún momento de nuestra historia humana, podremos por fin comprender que nuestro hogar en el basto universo, es este pequeño planeta al que llamamos tierra.

Espero que disfrutes la historia estimado lector.

Francisco Brun 


Código universal:  37502739053584


domingo, octubre 26, 2025

UNA VOZ EN EL JARDÍN

           Se dice que todo lo que el hombre pueda imaginar, en algún momento es posible lograr concretarlo. Son muchísimas las creaciones realizadas que previamente fueron solo imaginadas sin tener siquiera una idea de cómo conseguirlas: la radio, el teléfono, la luz eléctrica, la TV, volar, Internet, pisar la luna, colocar equipos de investigación en Marte, explorar el universo con super telescopios. Seguramente conseguiremos mucho más, pero permítanme realizar una hipótesis. 

Yo creo que en algún momento podremos viajar al pasado, no tengo  la menor idea de como hacerlo, pero lo puedo imaginar. 

Sabemos que estudios científicos hablan al respecto, mentes como la de Albert Einstein y Stephen Hawking, no descartaron tal posibilidad. Pero se  necesita superar ciertas barreras físicas que por el momento son imposibles de cumplir, una de ellas es conseguir superar la velocidad de la luz

Si pudiéramos viajar al pasado surge también lo que se denomina la paradoja de la causalidad, como por ejemplo la paradoja del abuelo. Que plantea lo siguiente: Si intervenimos en acontecimientos del pasado estaremos modificando el presente. Si lográramos conseguir que nuestros abuelos no se conocieran, nosotros dejaríamos de existir. 

Por último quisiera agregar, que si en algún momento de nuestro futuro remoto, se consiguiera viajar al pasado, bien podría ocurrir que alguien de ese futuro nos visite…porque nosotros estamos ahora mismo en el tiempo pasado de ese ser humano del futuro.

F.B.


1.

Para muchas personas, cuidar su jardín les provoca una enorme satisfacción, yo creo incluso que podemos comunicarnos con nuestras plantas. Muchas veces he comprobado que si agrupo dos o tres especies distintas, estas se auto potencian y se observan sanas y vigorosas. En cambio si ubico alguna aislada, me ha ocurrido que no progresa.

Andrés amaba su jardín, sus flores, sus arbustos, dedicaba muchas horas del día para cuidarlas. A los jubilados les sobra el tiempo, y la dicha mayor es utilizarlo en hacer algo que les gusta.

Esa tarde pudo comprobar que unos caracoles habían hecho estragos en las hojas de sus hortensias y un ejército de hormigas negras habían tomado el jazmín. Cuando regresaba de su pequeño depósito de herramientas con los elementos que necesitaba se acomodó con una rodilla en el piso para poder quitar con sus manos los caracoles qué aún permanecían sobre las verdes hojas. Al terminar roció con veneno para hormigas el sector del jazmín y colocó unas trampas para que no puedan subir en sus gajos inferiores. 

El jardín de Andrés era pequeño, pero tenía todo lo necesario para lograr que fuera su mejor lugar en este mundo. Sobre una rústicas pared de ladrillos una enredadera disciplinada que la había cubierto por completo ofrecía una base perfecta para sus begonias y rosales, en el otro extremo junto al



pequeño depósito de madera para herramientas pintado color azul, un cómodo sillón protegido por una pérgola repleta de glicinas era su lugar para tomar su té con algún pastel dulce qué él mismo preparaba. Allí disfrutaba de los atardeceres mirando su paraíso multicolor que compartía con los diminutos colibríes

2.

Ese día  cuando estaba por comenzar a disfrutar su té, sucedió algo muy curioso; le pareció sentir una voz de una niña que dijo su nombre muy por lo bajo:

—Andrés…Andrés. 

Asombrado miró en todas direcciones y no había nadie, “que extraño” se dijo, “juraría que alguien me llamó”. 

Al cabo de un rato nuevamente ocurrió lo mismo, pero esta vez más nítidamente:

—Andrés… Andrés. 

Andrés se sobresaltó tanto, que su corazón comenzó a latir con fuerza, se puso de pie y comprobó una vez más que estaba solo. Y nuevamente esa voz dijo:

—Andrés, por favor no te asustes, toma asiento. 

Pensó que estaba delirando, posiblemente estaba sufriendo un Acv, y esto le hacía sentir voces, sintió en su frente un sudor frío. Se desplomó en su sillón esperando lo peor.




—Andrés, te suplico que no te asustes y tomes esto con calma, no estás sufriendo ningún ataque, eres un hombre muy sano, permíteme explicarte. Por favor, respira profundo y relájate. —dijo esa voz de niña.

Esta vez, Andrés comprendió que lo que estaba sintiendo no tenía que ver con su salud, estaba ocurriendo otra cosa que aún no podía comprender. Le hizo caso a la voz y respiró profundo, tratando de relajarse. 

—Ahora sí Andrés, respira y tranquilízate, cuando tu corazón se calme me presentaré. 

Cuando Andrés se tranquilizó nuevamente esa voz, cordial, suave y muy joven se escuchó próxima a su oído.

—Me llamo LS 56300,  y estoy autorizada para contactarme contigo, no puedo por ningún motivo asustarte, alterarte o causarte alguna preocupación, sólo podemos hablar siempre que tú lo desees, ¿me has comprendido?

—Si, entiendo, pero ¿quién eres?, ¿no estoy soñando?. 

—No Andres, yo soy tan real como tus flores, pero no podemos todavía vernos, aún no. Primero debes estar preparado.

—No entiendo el hecho de poder escucharte sin verte, ¿qué significa?

—Te lo diré ahora mismo, pero me gustaría no interrumpir tu merienda.

—Me parece que estoy por presenciar algo grandioso, si no es que he enloquecido y escucho voces. —dijo Andres a la nada, porque no veía a nadie en su jardín, solo escuchaba esa voz, que parecía decir cosas coherentes.

—Te reitero Andrés, toma esto con calma, no estás enfermo ni desvarías.  —dijo esa extraña voz—  empezaré por decirte que yo soy un ser humano como tú, de carne y hueso, pero con una pequeña diferencia, estamos separados por veinte siglos en el tiempo. Yo estoy en el futuro de tu civilización, y tú estás en el pasado de la mía, ¿me comprendes?.

—¡¿comprenderte?!, ¿¡crees que solo es una pequeña diferencia la que nos separa!?. Lo que creo es que definitivamente estoy loco.

—Me haces reír Andrés, entiendo que no es tan simple para ti entender algo así, pero permíteme agregar algo, tú fuiste profesor de historia y de geografía, ¿no es verdad?.

—¿Cómo diablos lo sabes?

—Vallamos de apoco Andrés, yo sé todo respecto a ti, pero quiero que razones y que imagines lo siguiente:  como nuestra raza, tu raza, puede cambiar y avanzar en ciencias durante veinte siglos; imagina la cantidad de descubrimientos científicos que la civilización humana ha conseguido en esa cantidad de tiempo.

Andrés se quedó meditando un rato y tomó un sorbo de té. 

—Si, puedo imaginar que los avances científicos pueden ser enormes  —dijo Andrés, más tranquilo. 

—Exacto  —contestó esa voz de niña— bien, ahora contéstame esta pregunta:  ¿en todo ese tiempo y con el cúmulo de conocimientos que conseguimos, no crees que hemos podido lograr viajar al pasado?

Andrés se quedó pensando comiendo un poco de su torta  —debo decirte que sí, que es muy probable semejante hazaña.

¡Así es Andrés!, has comprendido. Yo soy una visita del futuro.

—Pero si esto no es un sueño de un viejo loco, me surge una pregunta: ¿por qué a mí, justamente hoy, catorce de octubre del 2025?

—Bueno, es solo una casualidad, has de cuenta que ganaste en la lotería,  —dijo la voz—  pero la verdad es que yo te he elegido porque también soy profesora de historia.

—¿Por qué no puedo verte?  —preguntó Andrés. 

—Se debe a un problema de imposibilidad científica, te lo diré como me lo explicaron a mi. Yo en tu tiempo no existo, y solo ínfimas cantidades de materia hemos podido desplazar a velocidades mayores que la luz, porque se necesitan inmensas cantidades de energía para hacerlo. Por esto, solo podemos transportar por el tiempo una minúscula partícula de materia cien veces más pequeña que un átomo. Esta es una explicación muy simple y rudimentaria, en la práctica es un proceso muy complejo que ha demandado miles de años de experiencias y cálculos matemáticos. Pero te puedo decir que yo sí puedo verte y también ver a tu hermoso jardín que dicho sea de paso, quiero preguntarte muchas cosas sobre tu relación con esos sistemas de vida tan coloridos.

—Andrés se quedó pensando en silencio y le dijo a la voz. 

—Creo que cuando le cuente esto a mis hijos, me tomarán por loco y me internarán en un manicomio. 

—Debo decirte Andrés que mi visita tiene algunas restricciones que debes cumplir. —dijo esa voz cordial y juvenil.

—Ya me imaginaba que esto que me está ocurriendo no es gratis.

—No me malinterpretes Andrés y permíteme explicarte. Si tú comentas con alguien mi visita, no creo que te crean y te acarreará inconvenientes, se suma a esto que yo como ser del futuro tengo estrictamente prohibido interferir en el curso de los hechos de mi pasado, es decir tu presente, porque el mínimo cambio de rumbo, decisión, hecho, o circunstancia, por pequeña o poco importante que fuese, puede influir en mi presente causando hechos catastróficos, al punto que países o pueblos enteros pueden esfumarse en un instante por haber alterado el transcurso de la historia. 

—Comprendo. —dijo Andrés entendiendo que definitivamente estaba viviendo el hecho más trascendental de toda su vida— ¿puedo llamarte LS?.

—Sin duda —dijo esa voz— me resta decirte una última cosa, ten presente que esta reunión solo durará muy poco tiempo. Es el tiempo que me adjudicaron.

—¿Cuál es la causa de esa limitación?  —preguntó Andrés. 

—El motivo se debe a que la cantidad de energía que se consume para mantener nuestra conversación es enorme y extremadamente costosa. Yo tengo cosas para preguntarte, ¿tu quieres preguntarme algo?. —Andrés se quedó pensando unos instantes mirando su jardín y después dijo 

—¿Puedes resumirme qué ocurrirá en los próximos veinte siglos?, más allá de ser, imagino, una tarea complicada. 

—Trataré de hacerlo. —dijo la voz— Te puedo decir que existió un hecho de tal envergadura que cambió dramáticamente el rumbo de la humanidad. 

—Escucho atentamente  —dijo Andres, tomando un trozo de su pastel. 

3.

—El hecho ocurrió aproximadamente cinco siglos después de lo que nosotros ahora llamamos el tiempo de la luna llena, que corresponde al tiempo de tu presente. Fue algo que nos tomó por sorpresa, y no pudimos evitarlo.

—Me intriga saberlo  —dijo Andrés sentándose en el borde de su sillón para escuchar mejor. 

—Un meteoro del tamaño de un tercio de la luna impactó de lleno en ella. Solo pudimos saberlo cinco días antes, y nada se pudo hacer. Fue algo devastador, el planeta sufrió cambios catastróficos, tsunamis, tormentas eléctricas jamás vistas, las ciudades costeras desaparecieron, la luna se convirtió de un momento a otro en un anillo de escombros cayendo gran parte de ellos a la tierra liberando tanta energía como si se tratara de miles de bombas atómicas. La población mundial disminuyó dramáticamente al punto de casi extinguirnos. Curiosamente este país, tú país, gracias a tener en la patagonia, el principal centro científico y de inteligencia artificial del planeta, pudo desde sus escombros, gracias a un puñado de jóvenes, comenzar a tejer una débil red entre las ciudades que quedaron en pie, red que se fué consolidando hasta llegar a ser una herramienta de intercambio global, la cual brindó la posibilidad de que la raza humana no desaparezca.

—No puedo creer tal cosa. —respondió Andrés apresurado—  mi país siempre estuvo muy lejos de los adelantos científicos, salvo por algunos ingenieros, e ingenieras, de diversas ramas de la ciencia que se han destacado, jamás fuimos un país brillante.

—Pues te puedo asegurar, que esa vez se convirtieron en héroes, ahora me gustaría hacerte una pregunta a tí. —dijo la voz.

—Adelante —consintió Andrés. 

—¿Por qué motivo riegas a tus plantas, remueve la tierra de sus canteros, quitas sus hojas muertas, las cuidas de las heladas, incluso hemos visto que las acaricias. Si ellas no te hablan?; ¿Qué te motiva a trabajar tanto en tu jardín, todos los días, pudiendo hacer tantas otras cosas?.

—Qué extraña es tu pregunta LS, acaso en tu tiempo no cuidan sus jardines.

—Nosotros después del gran meteoro no tenemos plantas, la tierra verde desapareció convirtiéndose en un territorio hostil, arenoso y sin agua dulce.

—¿Pero entonces de dónde obtienen oxígeno para la vida, de que se alimentan?.

—Obtenemos el oxígeno del agua de mar, para ello tuvimos que construir gigantescas usinas qué consumen inmensas cantidades de energía, pero de ellas depende nuestra vida, se puede decir que somos electrodependientes. En cuanto a nuestra alimentación sólo ingerimos las vitaminas y sustancias que nuestro cuerpo necesita, curiosamente al no utilizar nuestras papilas gustativas, las hemos perdido.

—Te aseguro LS, que no te envidio, no me imagino poder vivir sin mi hora del té disfrutando de mis tortas, observando a mis plantas y mis flores. —respondió Andrés.

Tienes razón Andrés, por ese motivo mi trabajo es averiguar lo valioso de tu vida, yo personalmente dirijo un gran equipo de personas que deseamos crear un micro hábitat exactamente igual al que tú tienes aquí, porque pensamos que en esa relación que tienes con tus plantas, se encierra algo muy importante que no alcanzamos a entender.

—No creo que pueda ayudarte LS, solo soy un viejo que disfruta de su jardín. No existe aquí nada oculto o misterioso, ni sobrenatural. Lamento tanto esfuerzo de ustedes para nada.

—Justamente es eso lo que deseamos saber,  —dijo la voz— dime por favor ¿que te devuelven tus plantas?.

—Ellas solo me devuelven su belleza, para mí son seres muy especiales que piden muy poco, los nutrientes de la tierra fértil, agua, cuidado y mi amor.

—¡Ese es el punto Andrés!, ¿qué es el amor?.

—No entiendo tu pregunta LS, ¿no sabes que es el amor?  —dijo con una sonrisa Andrés, dejando su cuerpo caer en su sillón.

—En este preciso momento estimado Andrés, un millón de científicos diseminados por todo el planeta esperan que en este poco tiempo que nos queda de reunión les digas que es eso que tú llamas amor. Necesitamos saberlo, tú puedes darnos ese dato. 

Andrés se quedó pensando un instante, se puso de pie y después se dirigió al sector de sus rosales. 

—Trataré de explicarlo en pocas palabras. Aquí, junto a mi esposa, nos abrazamos cuando esperaba a nuestro primer hijo, también en este lugar lo hicimos cuando esperaba a los otros dos. Y hoy me abrazo a ella todas las tardes, a pesar que no está aquí. Estas eran sus rosas, las amaba. Ahora yo las cuido porque sé que en su fragancia ella me besa todas las tardes. Eso es todo. 

—Pero, qué sientes tú, ¿cómo se desarrolla el amor?

—El amor es solo una sensación que nos permite confiar en el ser amado, disfrutar de su presencia, sentirnos unidos e indestructibles, es tal vez un don que nos dió Dios o si lo prefieres la naturaleza. Sin amor no es posible vivir plenamente, sin amor seríamos solo objetos sin alma. El amor es el aglutinante para seguir adelante aunque la adversidad nos castigue. ¿Me comprendes?

—Te hemos entendido perfectamente Andrés, nuestra reunión llega a su fin, pero aquí me dicen que nos puedes pedir el deseo que tu quieras, solo nos quedan unos instantes.

—Bueno, si fuera posible, solo quisiera volver a mi pasado, a ese día de nuestro primer hijo junto a ella.

—Concedido Andrés, te estamos muy agradecidos. 

—Andrés, se quemó un poco el budín, pero tengo algo que decirte que creo lo solucionará.

Una joven mujer salió de la cocina,  dejó la fuente sobre la mesa del jardín, se dirigió a donde estaba el joven Andrés, lo abrazó, y le dió un prolongado beso en la boca, para después decir:

—Estamos esperando un hijo mi amor.


​"Estimado lector: mi sitio de cuentos no posee publicidad. Todos mis relatos puedes leerlos de principio a fin en el momento que quieras. Si te ha gustado esta historia, puedes invitarme un tecito en señal de aprobación. Desde ya, muchas gracias por tu colaboración."














lunes, septiembre 29, 2025

LAS TORRES DE PIRIATIS

 



         Piriatis era un hombre solitario del cual no se registran familiares, ni descendencia, como tampoco su origen, que tal vez podría ser griego, pero estas son solo conjeturas. Poseía una cualidad que pocas personas pueden lograr. Su vida era austera y aparecía de la nada en algún pueblo, para una vez finalizada su tarea, irse y no volver. Las familias de aquellos lugares lo recordaban con respeto y cariño, para poder ubicarlo en el tiempo se podría decir que vivió a fines  del siglo XVIII (1700). Los pueblos elegidos por él, no poseían una característica especial, se decía que los elegía por la calidad de la gente que allí vivía. A pesar de no quedar registro alguno, los lugares fueron muchos y en distintos países del mundo. Alguien que alguna vez pudo charlar con él y preguntarle por su origen, escuchó de este hombre lo siguiente:

—No creo que interese de donde vengo, es más importante entender a donde deseo ir. Aunque lamentablemente mi tiempo no me permitirá alcanzar mi objetivo, creo que lo importante es intentarlo. Y hacer saber a aquel que quiera escuchar: que las únicas obras que se terminan, son solo aquellas que se comienzan. 

Esa mañana de primavera, la campiña iluminada por el sol brindaba esas ganas de vivir y disfrutar. Por el camino principal, un hombre bajo de camisa blanca, pantalón negro y un sombrero gastado de ala ancha, se aproximaba al pueblo polvoriento con un andar enérgico. Era Piriatis, que observaba las primeras casas, en donde unos chicos corrían al verlo para avisar a sus padres que se acercaba un forastero. No era frecuente que al pueblo llegaran visitas, sumado a que no eran épocas de poder tener invitados, una plato más en la mesa, significaba un plato menos para alguien de la familia. 
En los antiguos pueblos los chicos suelen ser muy efectivos para transmitir noticias, en poco tiempo todos salían a la calle para ver pasar al extraño, que con cortesía saludaba sacándose el sombrero. 
Piriatis era un hombre de unos cincuenta y pico de años de tez morena ojos negros y gruesas sejas, cargaba en sus espaldas una mochila y un pequeño cartel cubierto con arpillera atado con cintas de tela, sus zapatos  eran muy gastados de suela muy gruesa, que evidentemente habían recorrido infinidad de caminos.
El día transcurrió y nadie pudo saber dónde pasó la noche, aquel hombre que apareció un día de primavera. 
Al otro día en el almacén de ramos generales la noticia del forastero era el tema del día, las preguntas recorrían todo el repertorio de posibilidades: ¿será un ladrón?, ¿algún pariente de un vecino?, ¿estará huyendo de alguien por algo malo?. Nadie tenía la respuesta; Hasta que el peluquero llegó agitado y corriendo al salón y después de subirse a una silla con voz agitada dijo:

—¡Lo he visto!, está sentado en el terreno frente a la parroquia, y expone un cartel que dice…, que dice…—Al hombre de la emoción por la noticia, hubo que acercarle un vaso de agua para que pudiera continuar—.
—Que dice: "Aquí se realizará la torre más alta de toda la comarca".
—¿Y que más?, —preguntaron varios al unísono, ansiosos por saber qué decía el cartel—

Y el peluquero mirándolos a todos con cara desencajada, respondió:
—No dice nada más. 

Un murmullo de asombro recorrió todo el salón. Esto creó aún más incertidumbre que certezas, ¿A qué venía aquel hombre desconocido a ese pueblo de familias trabajadoras pero pobres?, y ¿quién podría realizar una torre?, ¿con qué sentido?, ¿quien sería el dueño?. Nadie tenía una respuesta. Pero para estos casos, existía una persona, la cual era la única que podía obtener información confiable, que de pura casualidad, estaba presente en el salón, entonces, todas las miradas concurrieron a él…esa persona era el cura párroco. 

La charla de Piriatis con el cura, duró muy poco, pero jamás se supo a ciencia cierta de qué hablaron. No obstante la respuesta del cura a tanta incertidumbre y misterio fue contundente:

—El señor se llama Piriatis, y es un buen hombre, —nada más se le pudo sacar al Padre de esa charla—.

Don Zoilo, que era uno de los más viejos vecinos del pueblo, no logró contener su intriga y una mañana, decidió ir a hablar con aquel hombre.

Piriatis se encontraba sentado a la sombra de un frondoso árbol exponiendo detrás de él el intrigante cartel. Cuando Don Zoilo se acercó, comenzaron una charla que duró varias horas. Piriatis convidó al viejo, con rodajas de pan de campo y queso, acompañado por un vino dulce y fresco, contenido en un recipiente envuelto en tela de arpillera húmeda. 
Cuando Don Zoilo contó todo sobre su conversación, dijo que la misma  trató de la forma en que se realizaba una torre, su conclusión fue contundente.

—Este hombre es un constructor sabio.

Al transcurrir los días, los pobladores comenzaron a tenerle confianza al forastero, y unos jóvenes se presentaron a pedirle si podían trabajar en la mentada construcción. 
Piriatis les dijo que por el momento no contaba con el dinero para realizarla, pero pensaba que muy pronto comenzarían los trabajos, del mismo modo como ocurría en un pueblo muy  alejado de la comarca, en donde se estaba  construyendo la torre más alta jamás vista.
Esa información llegó a los oídos del dueño del almacén, que era el hombre más rico del pueblo, y ese mismo día después de charlar con su familia, decidió colaborar con la construcción. 
Así fue como comenzaron a llegar al predio donde se encontraba Piriatis enormes carros con materiales trayendo: maderas, herramientas, piedras, sogas y comestibles para que comieran los obreros. Cuando los más jóvenes se enteraron, se interesaron en trabajar con Piriatis, al menos por la comida, que era muy abundante. 
Al mes, la construcción había tomado forma y superaba en altura el campanario de la parroquia, esto provocó un entusiasmo general en el pueblo. Otras familias ricas no quisieron quedar fuera del proyecto y comenzaron a enviar más material; incluso familias enteras que no poseían riquezas contribuyeron con su trabajo. El clima de la obra era de total camaradería y todos trabajaban con entusiasmo, incluso el peluquero trasladó al lugar todo su equipo, y cortaba el pelo gratuitamente a toda aquel que participara en la construcción. Los mujeres y hombres mayores dirigidos por Don Zoilo, se encargaban de preparar la comida para los trabajadores; los viernes por la tarde, que era el último día de trabajo previo al descanso del fin de semana, el coro de la parroquia compuesto por un grupo numeroso de señoras, cantaban varias canciones para todos los presentes de la obra; el cura en persona ayudado por algunos vecinos trasladaban el pequeño órgano, y al finalizar las tareas, todos se sentaban sobre el prado para escuchar esos hermosos acordes y disfrutar de la satisfacción de haber cumplido con la tarea de aquella semana. 
Piriatis pasaba sus días dirigiendo cada una de las tareas y cada piedra que se colocaba en lo alto con la ayuda de poleas, era festejado por todos con aplausos y gritos. Por las noches dormía en un establo acondicionado para que pudiera descansar con comodidad. Para la hora de la cena, Pitiriasis era el invitado de honor del cura párroco, y las sobremesas se prolongaban hasta muy tarde, sus conversaciones jamás trascendieron, pero por lo que se decía giraban en torno a la fe y el orgullo. 
La construcción de la torre duró un año, y nuevamente, cuando los árboles comenzaron a brotar anticipando la primavera, ese último viernes de trabajo, se colocaría la última piedra en lo más alto. Desde muy temprano, todo el pueblo colaboró, los trabajadores habían preparado las sogas, y se permitió que incluso los más chicos, jalaran para sentir el esfuerzo que significa construir. Cuando la última piedra quedó colocada, todos hicieron silencio, para después estallar en vivas, aplausos y abrazos; la torre estaba terminada; pero faltaba un detalle, Piriatis sacó de su mochila un banderín blanco, y comenzó a subir por las escaleras de la torre, cuando estuvo en lo más alto lo colocó, y un fuerte golpe de viento lo hizo ondear. El trabajo de Piriatis había concluido, cuando bajó de aquella torre, se subió a una piedra y dirigiéndose a todo el pueblo dijo:

—Gracias estimados amigos por permitirme compartir su proyecto; esta torre es la más alta que he visto en toda mi vida.

Esa noche se organizó una fiesta para todo el pueblo, se encendieron enormes fogatas en torno a la torre, y en lo más alto de ella se colocaron varias antorchas, en largas mesas se sirvió todo tipo de manjares, y el vino no faltó. 
Todo el pueblo disfrutó de esa celebración y al menos durante esas pocas horas todos los rencores, los resentimientos, las habladurías, las peleas; se olvidaron, y todos los presentes se confundieron entre risas y aplausos, festejando esa construcción que pertenecía a todos, porque todos de una forma u otra habían colaborado para que se pudiera terminar, sabiendo que perdurará allí por muchos años para que la puedan ver las futuras generaciones del pueblo.
Dos hombres corpulentos trajeron un gran cartel de madera tallado en el que se leía: "TORRE PIRIATIS", el cual se colocó al pie de la fabulosa construcción, después, todos aplaudieron de pie y brindaron por el principal promotor.

A la mañana siguiente, Piriatis terminó de guardar en su mochila: pan, queso, jamón, y una botella de vino dulce; regalos todos de los vecinos; descolgó su cartel del árbol, lo envolvió en la tela de arpillera, lo ató a su mochila, acomodó su sombrero; y todos se quedaron observando con cierta tristeza, alejarse aquel hombre que pasó de ser un forastero desconocido a alguien estimado por todos. Lentamente se perdió de vista por el mismo camino que había llegado.











martes, septiembre 23, 2025

VIEJAS FOTOGRAFÍAS

 


           Para que una cámara fotográfica  funcione, requiere que exista luz, o calor para las que son infrarrojas, ellas captan a cualquier cuerpo iluminado o cálido. Pero esto no significa que a veces registren ciertas cosas extrañas que nuestra visión no puede detectar. ¿Qué será eso que estas máquinas pueden captar, y nosotros no?. 

Existen infinidad de casos de fotografías o filmaciones, en donde aparecen "personas" que no estaban cuando esa cámara registró ese instante de nuestra vida…Aquí surge una pregunta inquietante, ¿a quién pertenece ese instante?, ¿a nuestras vidas?, ¿o a la vida de otros? 


Hace bastante tiempo cuando aún los teléfonos celulares ni se soñaban, la fotografía era el medio para poder registrar a los familiares y seres queridos de: casamientos, bautismos, cumpleaños, y todo tipo de reunión familiar. Esas fotografías después de ser tomadas se enviaban a revelar y terminado el trámite después de verlas y comentarlas, se ubicaban en un álbum o en una caja; para disfrutarlas nuevamente en alguna futura reunión con parientes o amigos. 


Cuanto más años pasan, las fotografías adquieren un valor propio enorme, porque guardan recuerdos que regresan como el primer día a nuestra vida.


En mi familia cuando la sobremesa con parientes se prolongaba, era costumbre que mi madre trajera a la mesa esa caja repleta de fotografías, y el ritual era mirarlas pasando una a una de mano en mano; con su respectivo comentario, agregando anécdotas, risueñas o tristes.

Esta historia que les quiero contar le pasó a una familia normal, como tantas otras, que aún conservan esa caja con fotografías viejas que ya nadie mira, porque el planeta está atestado de fotos digitales, y filmaciones instantáneas. La fotografía en papel de revelado, es ya cosa de un pasado lejano. 


Ese domingo Dora y Pedro, junto a la tía Laura y al tío Miguel, recordaban el casamiento de su juventud, mirando una a una aquellas fotografías.


—Mira Miguel, estos son Chiquita y Claudio, ¿te acordás? —le comentaba Dora, al tío, mostrándole una foto—

Recuerdo que después se separaron, y nunca más regresaron, yo los llamé y hasta les envié una carta a cada uno, pero ni me contestaron…


—¡Miren esta! —dijo Pedro acomodándose sus anteojos— es de cuando fuimos a Mar del Plata por primera vez con Norita, corría por la playa como loca, ¿te acordás Dora?


—Como no me voy a acordar, fueron unas vacaciones de ensueño. —respondió Dora, mirando esa foto—


—¿Y este quien es? —preguntó la tía Laura, mostrando una foto al grupo, señalando con su dedo a un joven de corbata y pelo rubio, que sonreía. 


Una a uno miraron a aquel hombre, pero nadie podía decir a ciencia cierta quién era.


—Debe ser un amigo de Reinaldo —Dijo Pedro—, 


—Pero si Reinaldo, en esa época estaba en Paraguay, no te acordás —dijo el tío Miguel—. En esa reunión solo estábamos nosotros cuatro, más Juan Carlos, y su señora.


Dora tomó la foto, y se la quedó mirando detenidamente, cuando su esposo le preguntó si conocía a aquel joven, Dora respondió:


—No… pero ahora me acuerdo de aquella noche, y les comento que se me pone la piel de gallina, en esa reunión sólo éramos seis personas.


Todos se miraron asombrados y al unísono cada uno tomó un grupo de fotografías para revisarlas. La sorpresa fue mayúscula, cada tres o cuatro fotografías apartaban una. En esas fotos que apartaban, en todas estaba ese hombre sonriente, de traje y corbata de cabello rubio. 


—No es posible —dijo Pedro, con voz de preocupación— que no sepamos quién es esa persona.


—Me temo que lo que compruebo ahora me atemoriza. —dijo la tía Laura, mostrando dos fotografías— miren,  este es el día del cumpleaños de mi hermano, cuando cumplió cuarenta y tres, y esta es cuando cumplió setenta, las velitas confirmaban las fechas.


Cuando todos terminaron de ver esas dos fotografías, se miraron con ojos de espanto; en las dos estaba el desconocido de traje y corbata, pero su apariencia era de alguien que en todos esos años, veintisiete, no había cambiado en lo más mínimo, la misma sonrisa, y el mismo tono de corbata, y un último detalle, en todas las fotos, se encontraba de pie detrás del grupo.


Después de eso, Dora tomó todas esas fotos inquietantes, las llevó al patio, las roció con kerosene y las prendió fuego, llamas amarillas y un espeso humo negro, convirtieron a esos viejos recuerdos en cenizas. Cuando el fuego se extinguió, Dora regresó a la reunión y guardó el resto de las fotos en la caja destinada para eso. Nunca más esa caja se abrió, y nadie más en esa casa habló de ellas.


El tiempo pasa para las personas y para las familias, y muchos integrantes queridos parten para siempre.

Dora quedó en aquella casa, demasiado grande para una sola persona, su compañía eran las primorosas flores de su jardín, y cuando la llamaba su única hija, que trabajaba demasiado lejos para acompañarla; justamente en esa etapa de la vida en que alguien querido y próximo es muy importante. 

Dora poseía un refugio, sus libros, y su música, por las tardes se ubicaba en su sillón desde donde se podía observar; su paraíso; un manto verde de césped rodeado de arbustos y flores que según ella reían y cantaban. Sobre la mesita para el té, solo tenía dos fotografías: la de su amado esposo de toda la vida, Pedro y la de su hija.


Cuando sonó el teléfono, era un radio llamado de su hija, que con una sonrisa le decía:


—Hola mamá, ¿cómo estás? 


—Bien querida, hoy me acordé de vos y me imaginé que por allí debe hacer mucho frío. ¿Tienes ropa de invierno?


—Si mamá, aquí hoy está nevando. 


—Mira, aquí el calor es insoportable, mis flores están agotadas.


—Te voy a dar una sorpresa mamá.


—Espera que me siente, mi amor, ahora sí, decime la sorpresa.


—EL mes próximo, tengo que ir a Buenos Aires para organizar un evento, así que estaré con vos todo el mes.


—¡Que buena noticia hija!, no sabes como te extraño. 


—Si, mamá, pero contame, ¿tan sola no estás?


—¿Te parece?, si no fuera por mis flores, esto sería un desierto. 


—Pero entonces, —le pregunta su hija con cara de intriga —¿Quién es ese muchacho rubio que te acompaña; parado sonriente; detrás de tu sillón?.


Dora no se sobresaltó, y solo le dijo a su hija:


—Es un vecino al que le doy clases de Francés, se llama Alejandro, y es tan alegre, que pareciera que para él el tiempo no transcurre. —Dora hizo una pausa, y acomodó su teléfono para que su hija solo pudiera ver su cara— Cuando estemos juntas; ya es hora que te cuente una historia, querida;  que hace mucho tiempo no la comparto con nadie. Te envío un beso hija, y te espero. La video llamada concluyó y Dora se quedó sentada en su sillón, mirando su parque hasta el anochecer, su mente estaba entretenida en sus recuerdos de juventud, no tenía miedo, todo lo contrario; se sentía acompañada y protegida. 


Esa historia era muy simple, aquel hombre sonriente y rubio, que misteriosamente aparecía en aquellas fotos familiares, había sido el primer amor de una joven Dora; ilusionada; que el destino por culpa de un grave accidente truncó ese futuro que no pudo ser. Se llamaba Alejandro, y aquella noche de la reunión familiar, ella sí lo reconoció de inmediato en esas fotos, pero ese amor de juventud era parte de un secreto que jamás contó y no pensaba contar. Dora, en estos sus  últimos años, sabía bien que alguien más compartía su vida; cuando cuidaba a sus flores; cuando escuchaba su música; o cuando leía sus libros. 


lunes, septiembre 15, 2025

EL ARTE DE VENDER

 


El espejo le devolvía una figura respetable, su corbata roja perfectamente alineada con el cuello de su camisa blanca, el saco azul oscuro y el pañuelo en el bolsillo al tono de la corbata; una última mirada a sus zapatos bien lustrados; y su pelo negro limpio y corto con la raya al costado. La contextura física de Ignacio que era elegante por ser delgado y alto le brindaba confianza; estaba listo para la entrevista. 

Llegó a la empresa puntual como era su costumbre, subió por el ascensor al piso décimo y cuando entró a la amplísima oficina pudo observar que solo había una secretaria trabajando en su computadora; después de presentarse la joven mujer le dijo que se sentara, que el gerente lo atendería en unos minutos; los minutos de espera fueron cuarenta y cinco, pero para Ignacio el empleo merecía la pena.

Por fin la secretaria lo hizo pasar a otra oficina más pequeña en donde estaba sentado detrás de su escritorio un señor de impecable traje gris y corbata, luciendo un par de gemelos de oro, al igual que su impactante reloj pulsera.

—¿El señor Ignacio García, verdad? —le preguntó ese hombre leyendo el currículum que tenía ante sus ojos, al que no era necesario preguntarle si era el dueño de la empresa, su aspecto lo decía todo.

—Sí señor.

—Tome asiento por favor. —le dijo el gerente recostandose en su sillón, y mirándolo muy seriamente — tiene usted idea señor García de la envergadura de esta empresa.

—Por supuesto señor, es más, yo soy un entusiasta de las carreras de automóviles y conozco toda la historia de la prestigiosa empresa Mercedes Benz y las fantásticas carreras ganadas con el piloto más famoso del mundo nuestro Manuel Fangio, con la inolvidable flecha de plata. —Le dijo Ignacio sonriendo con su cara jovial,  a aquel señor que lo observaba.

—SI, si, perfecto señor García, pero este trabajo es para vender los automóviles de más alta gama que tiene la empresa, a esta agencia vienen personas del extranjero, de mucho dinero, muy exigentes, a comprar una joya de la industria automotriz; poco les importa las carreras del siglo pasado, eso es solo historia; a esta gente usted les está ofreciendo no solo un automóvil, usted les está ofreciendo un símbolo de poder; no se si me entiende. 

—Como no lo voy a entender señor —le dijo Ignacio erguido en su asiento, colocando sus dos manos sobre el escritorio—; toda mi vida he vendido autos.

—No me diga, —le dijo algo sorprendido el gerente— ¿en qué empresa? 

—La última fue en una familiar que llevábamos adelante con un primo mío en la ruta 8 cerca de la autopista del Buen Aire, pero de autos usados. —respondió Ignacio orgulloso. 

El gerente con cara de pocos amigos tomando nuevamente el papel le dijo:

—Mire García, le voy a ser franco, su currículum no cumple con nuestras expectativas, nosotros necesitamos alguien que sepa al menos hablar Inglés, un buen manejo de Excel, algo de contabilidad, e incluso un cierto conocimiento sobre algunos lugares de Buenos Aires, como vinotecas, hoteles, restaurantes exclusivos; es decir, no se ofenda; nuestros vendedores tienen que ser jóvenes de cierta cultura general, que le permita en la negociación de la venta entablar charlas de igual a igual con el cliente; y usted está lejos de eso, no obstante debo decirle que lo único en lo que mide usted bien, es en su presencia, su vestimenta es elegante y sobria.

Ignacio se quedó mirando a su interlocutor siempre con su cara gentil y su sonrisa luminosa y al cabo de unos instantes le dijo.

—Señor, le quisiera pedir una oportunidad, permítame brindarle durante quince días una demostración de mi capacidad como vendedor, si durante ese tiempo yo no concreto ninguna venta, me iré y usted no me debe nada, ¿qué le parece?.

El gerente se le quedó mirando, y también recordando que le habían pedido completar el plantel de vendedores cuanto antes, y no podía conseguir a nadie. Entonces levantándose de su sillón y extendiendo su mano para saludarlo, dijo.

—Trato hecho señor García, usted tiene su oportunidad. 

En el salón de exposiciones de la concesionaria solo se exponía un único automóvil, el Mercedes-AMG E 53 4MATIC + color negro...no pregunten el precio porque es de mala educación, solo diré que es muy elevado. Este dato no es menor, Ignacio lo tenía muy presente, el noventa y cinco por ciento de los compradores efectivos, no preguntan por el valor, excepto para extender el cheque. 

Los primeros dos días Ignacio solo se limitó a observar, sus compañeros de trabajo eran dos jóvenes, compinches ellos, que en ese primer momento lo mantenía al nuevo integrante del equipo a cierta distancia, bastante lejana, ni siquiera se preocuparon en enseñarle el lugar o los procedimientos de trabajo por las posibles ventas, tampoco le dijeron dónde quedaba el baño de los empleados. Esto a Ignacio lo tenía sin cuidado, en un pequeño recorrido descubrió dónde estaba el sanitario, la cafetera y lo más importante; la empleada encargada de extender los recibos de anticipos o compras.

Durante esos dos días pudo notar que sus engreídos compañeros, tenían algunas falencias muy evidentes, una de ellas era hacerles  bromas sutiles a las damas jóvenes que venían solas, de las que contabilizó un total de seis, las señoritas concurrían por la mañana pero ninguna concretó una sola compra. Otra de las notorias características de ellos era que cuando faltaban diez minutos para el fin de la jornada estaban desesperados por irse, y en una oportunidad, llegó un cliente diez minutos antes de cerrar y el desinterés por vender hizo que el posible comprador se fuera muy ofuscado. 

Ignacio después de hacer todos sus análisis decidió comenzar a vender.

Un día viernes, quince minutos antes del cierre, paró en el estacionamiento de la agencia una camioneta embarrada hasta el techo; sus compañeros le pidieron si podía hacerse cargo, en cuanto Ignacio aceptó, ambos desaparecieron. 

De la camioneta bajó un hombre bajo con boina y zapatos de trabajo, al verlo Ignacio imaginó la estrategia de su discurso, cuando entró al local con su mejor sonrisa y predisposición dijo:

—Buenas noches señor, gracias por confiar en nosotros, ¿a quién le va a regalar esta joya insuperable de la mecánica, a su mujer, o a un hijo?.

El señor lo miró muy serio y después respondió:

—¿Cómo sabe usted que quiero este automóvil para regalarlo?.

—Me atreví a decirlo porque usted me parece que no es de las personas que deseen este tipo de automóviles. 

—¿Y por qué no?, si me puede usted decir. —dijo el señor algo molesto. 

—Porque usted es una persona de trabajo que por lo general solo invierte en máquinas, o campos de producción agrícola, o cualquier otra cosa que le permita crecer a su empresa, pero jamás invertiría para usted en un auto de lujo. —el cliente se lo quedó mirando unos instantes, y después dijo.

—Debo decirle que usted es un excelente observador, ha acertado, quiero este vehículo para regalar.

Comprador y vendedor se estrecharon las manos y sonrieron.

—Dígame señor, donde desea usted que se lo entreguemos, con un gran moño blanco en el techo, el cual obviamente corre por nuestra cuenta. —le dijo Ignacio con su cara jovial.

—Bien, —dijo el hombre sacando su chequera—, el de mi hija en un country en Pilar, y el de mi señora en Barrio Norte.

—No entiendo —dijo Ignacio— ¿quiere que lo llevemos a dos lugares?

—Si, obviamente —dijo aquel cliente sin perturbarse— uno es para el cumpleaños de mi señora y el otro es para la fiesta de egresada de mi hija.

Ignacio por poco se cae de espaldas, en tan solo quince minutos pudo vender dos autos de alta gama; cuando le entregó el cheque a la cajera que era una joven muy simpática esta le dijo.

—No te puedo creer, te aseguro que jamás vendimos dos autos en tan poco tiempo, has batido el récord. 

—Es solo un golpe de suerte —le respondió Ignacio con cara de experto. 

A la mañana siguiente Ignacio llegó quince minutos tarde y cuando entró al local estaban esperándolo el gerente y los dos vendedores parados en el medio del salón. 

—Señor García, —comenzó diciendo el gerente—, quiero que le explique en detalle todo lo referente a su excepcional venta de ayer a estos dos sujetos, a ver si aprenden al menos un poco.

Ignacio se sorprendió por la indicación del gerente, pero solo para desquitarse del maltrato de los primeros días por parte de esos dos engreídos, dijo con voz y cara  de experto:  —No se preocupe señor, los voy a sacar buenos.

A partir de esa venta vinieron muchas otras, en su mayoría concretadas por él. Ignacio contaba con una ventaja que él solo sabía; venderle un auto o camionetas usadas a alguien que juntó el dinero durante diez años, es mucho más difícil que al que le sobra el dinero para comprar o incluso regalar un automóvil de altísima gama.

Un lunes por la mañana muy temprano llegó un hombre en una moto de alta cilindrada, sus dos compañeros aún no habían llegado, costumbre muy frecuente en ellos. Después de sacarse el casco el posible comprador, entró al local e Ignacio lo saludó habiendo ya estudiado al candidato y su estrategia de venta.

—Después de una prolongada charla sobre las características del automóvil, caballos de fuerza, torque, tapizado, caja automática y lo principal, su elegancia; Ignacio terminó su discurso diciéndole  en voz baja a su cliente.

—Pero permítame que le diga señor, el grave problema que tiene este vehículo. —el hombre puso cara de intriga y preguntó:

—¿Qué problema tiene?.

—El problema es, que cuando usted llegue a todos los elegantes lugares  a los que frecuenta, manejando esta máquina que es una joya, sus conocidos lo van a envidiar poniéndose verdes; y eso, nuestra firma no puede solucionarlo. 

El hombre se rió con ganas y sacando su tarjeta bancaria Negra de American Express dijo:

—Precisamente para eso lo quiero comprar.




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