DESPUÉS DE SOPORTAR VEINTE DÍAS DE MAL TIEMPO
—Buenos días estimados oyentes, si podemos considerarlo así, informamos que continúa este sistema al que el Servicio Meteorológico Nacional lo ha denominado un bloqueo atmosférico. —decía la voz del periodista cuando se encendió la radio sobre la mesa de luz de Felipe, el cual no tenía voluntad para levantarse. Su perro, al igual que él, estaba acostado a los pies de su cama sin intentar siquiera ladrar.
Sin apagar la radio, se levantó, fue al baño, y cuando se miró al espejo su cara estaba demacrada y con negras ojeras. Una vez en la cocina, dejó salir a Cacique, calentó el café, y cuando estaba por preparar sus tostadas, observó que el pan se había cubierto por un moho color verde.
Malhumorado escuchó a su perro llorar; cuando Felipe le abrió para que entrara, pudo ver que sobre su lomo tenía varios pegajosos y enormes caracoles. Después de quitarlos una a uno, salió al patio para tirarlos y en lugar del verde follaje de sus plantas y arbustos, todo estaba teñido de marrón oscuro; cuando miró con detenimiento, miles de caracoles habían hecho estragos, no quedaba una sola hoja, ni una sola flor. Felipe sintió náuseas y deseos de devolver; su verde jardín se había convertido en algo repulsivo y asqueroso.
Lo malo del día aún no había terminado, cuando se quiso colocar su camisa comprobó que no tenía nada seco, todas sus prendas estaban húmedas y desprendían un aroma a humedad y encierro. Ya no tenía tiempo de tratar de secarlas sobre la hornalla de la cocina y se vistió de todos modos. La sensación de sentir su ropa húmeda sobre su piel, le causó muchísimo fastidio. Tendría que llevar todo a la lavandería ese mismo día.
Conduciendo su automóvil Felipe, veía en los transeúntes caras deprimidas, el tráfico parecía de un día domingo a pesar de ser viernes. Aeroparque no funcionaba, los vuelos continuaban suspendidos, el hall estaba desierto, no había ni remises o taxis esperando a pasajeros.
Cuando llegó a su oficina, sus compañeros ni siquiera lo saludaron, parecía que todos estaban ocupados en sus problemas particulares. Al no existir actividad aeroportuaria el trabajo era solo de rutina.
—Si este mal tiempo continúa me voy a enfermar de los nervios —llegó a decir Alberto.
—Yo también —respondió Felipe— hasta mi perro no soporta este clima.
—Hoy por la noche dará un comunicado oficial el director del Servicio Meteorológico, espero que diga que el sol saldrá pronto. —dijo el chico de anteojos— tengo unos familiares que viven en Chubut y no cuentan con energía eléctrica, todo el barrio depende de un centro de paneles solares, me dijeron que tendrán que recurrir al carbón.
—¿Te comentó algo tu amigo Fernández, Felipe?. —le preguntó Alfredo
—Hace tres días, no tenía ninguna novedad, iré a verlo ahora mismo.
Cuando Felipe cruzó por el predio de la pista yendo a ver a su amigo a la estación meteorológica, una niebla espesa y húmeda rodeaba a los aviones inmóviles. Daba la sensación que nunca más Aeroparque retomaría su normal actividad.
—Buen día Fernández, ¿hay alguna novedad? —le preguntó Felipe a su amigo.
—Por ahora continúan las malas noticias —le dijo Fernández mostrándole su computadora— , dos colegas de la pampa me informan que en el campo la están pasando mal. Es un desastre económico, si sigue sin salir el sol una semana más, será una catástrofe. Te puedo asegurar, Felipe, que jamás imaginé una situación de estas características, es un sistema absolutamente estático, y cuando observamos regiones no afectadas, estas no provocarán tampoco cambio alguno.
Me gustaría tener alguna esperanza, pero me temo que tendremos que enfrentar cosas más graves aún.
—¿¡Cosas más graves!?.
—Así es Felipe, este clima de prolongarse provocará no solo un problema económico, la salud de la población decaerá.
—Me cuesta creer que nos esté ocurriendo esta desgracia. —dijo Felipe con resignación— ¿Ocurrió algo parecido alguna otra vez, Fernández?
—Si, en Junio del 2012, tu no estabas en el país, ocurrió un episodio de las mismas características pero solo durante once días, hubo momentos de mucha zozobra, médicos y psiquiatras advertían por los medios de comunicación, por posibles trastornos afectivos estacionales; pero esto qué está pasando ahora es inédito. Felipe se retiró preocupado pensando en su novia. Una vez en la oficina le dijo a sus compañeros que el clima continuaría igual.
—Esta situación se está tornando en una catástrofe —murmuró por lo bajo Alfredo— mi señora me comentó anoche que en el supermercado hace cuatro días que están racionando la mercadería; frutas y verduras frescas ya no quedan.
Durante el regreso a casa, Felipe escuchaba la radio de su automóvil:
—A continuación hablará por cadena nacional el ministro de salud de la Nación:
—Señoras y señores, debemos informar que se ha decretado la emergencia climática en gran parte del país. El motivo es por la formación de un sistema de bloqueo climático el cual se mantiene sin cambios. Por este motivo se ha decretado la suspensión de las clases hasta nuevo aviso, todas nuestras fuerzas de seguridad quedan en estado de alerta y movilización permanente. Recomendamos que salvo por necesidad imperiosa no realizar actividades, y no salir de sus casas.
Para todos aquellos que sientan algún tipo de malestar físico, recomendamos no automedicarse y concurrir a un médico.
Se distribuirán gratuitamente dosis de vitamina D, fundamentalmente para mayores y niños. Se instalarán hospitales de campaña en todo el territorio nacional para que puedan abastecer el requerimiento de la población.
A pocas cuadras de su casa, sobre la vereda, había un señor mayor tendido en el suelo y una mujer pedía auxilio desesperada.
Felipe se detuvo y fue a brindar ayuda.
La señora a los gritos decía:
—¡Es mi esposo, se desmayó!
—Tranquilícese señora, llamaré a una ambulancia.
Después de quince minutos de intentar conseguir que alguien socorriera a ese señor, no lo lograba, nadie aparecía. La mujer estaba desesperada.
—¡Vamos a un hospital, lo llevaré en mi auto!.
Por suerte el hombre era de contextura delgada y Felipe pudo subirlo al asiento trasero, la señora se sentó adelante.
Cuando llegó al hospital, no podía creer la situación que se vivía allí, era un clima de guerra. Más de cincuenta personas pugnaban por entrar, pero las puertas estaban cerradas. Esto provocaba la exasperación que se transformaba en gritos e insultos.
Sin detenerse, Felipe, se dirigió a otro hospital, cuando llegó, la situación era peor, en la calle, familiares de pacientes eran reprimidos por policías con gases lacrimógenos.
Milagrosamente, el hombre tendido en el asiento trasero dijo:
—¿En donde estamos Laura, que pasó?
—¡Está reaccionando! —exclamó la señora más distendida—, mejor llévenos a casa joven.
Después de acompañar al matrimonio a su domicilio. Felipe llamó a su novia Ester.
—¿Cómo estás, Ester?
—Realmente mal, me siento muy deprimida, mis padres me preocupan. Mamá hace tres días que está en cama, no se quiere levantar, y mi padre está intratable.
No doy más Felipe. ¿Sabés algo de este clima?.
Todavía no hay novedades, continuará, nadie sabe hasta cuándo.
—Estoy viendo el noticiero; en los pasos fronterizos hacia Chile hay colas de más de mil automóviles, también las rutas hacia el norte están colapsadas. Estoy aterrada Felipe, esto es una catástrofe. En casa las paredes están llenas de hongos, los vidrios empañados, y la ropa está totalmente húmeda; quise secar algo con la hornalla de la cocina y por poco provoco un incendio.
—En casa es igual, un desastre. Hoy pasé por dos hospitales y no están dando a basto con la cantidad de afectados. Alguien me está llamando, dame un minuto mi amor.
—Hola Fernández, qué sorpresa, dame por favor alguna novedad positiva.
—Nada aún, solo te digo que la situación se complica con el paso de las horas, y este sistema está inmóvil. Te llamo porque van a programar la salida de dos vuelos, es solo para gente influyente; no quieren que trascienda. Me dieron tres asientos, como tu sabes yo no tengo familia por lo cual pensé en tí y tu novia. Tienen que estar en Aeroparque a las tres de la madrugada sin equipaje, solo con un bolso de mano.
—Pero mi novia tiene a sus padres, no se si aceptará.
—Felipe, te repito; esta situación es calamitosa, me ha dicho un amigo que trabaja en el ministerio de salud, que hay miles de casos con complicaciones pulmonares graves. Tu decides.
Continuará
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