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lunes, abril 19, 2021

MIEDO

 La búsqueda de una historia misteriosa por lo general adopta temas como la muerte, los fantasmas, el más allá, secretos muy viejos, historias de castillos y casonas abandonadas, la locura, un crimen, apariciones, monstruos que habitan un lugar pero jamás se los atrapa. El hombre ha escrito y contado estas historias desde siempre, por placer, por entretenimiento, con la intención de causar miedo. El miedo es esa sensación que nos deja sin protección o sin la sensación de seguridad, el miedo nos atrapa y ocupa toda nuestra atención, el miedo nos paraliza, cuando superamos esta situación nos tranquilizamos y la perspectiva de nuestra vida vuelve a ser luminosa, y renovadas esperanzas nos gratifican.


Esta historia que voy a contar, sucedió en una región de Argentina, en un pequeño pueblo de la pampa húmeda, el nombre de ese pueblo es preferible no saberlo, ¿por qué motivo? porque los acontecimientos malos no aportan nada a nuestras vidas es preferible olvidarlos.


La siesta de verano en muchos lugares se continúa practicando, e incluso se dice que es saludable, ese día en particular todos dormían incluso los perros vagabundos, de pronto cuando nadie lo observaba una niebla gruesa y gris se levantó desde el sur y dejó al pueblo en penumbras, en un primer momento aquellos que despertaban creían que por algún motivo continuaron durmiendo hasta llegar la noche, pero al consultar el reloj el mismo indicaba las cuatro de la tarde.


Al salir a la calle para comprobar qué sucedía, la niebla era tan espesa que no se podía ver absolutamente más allá de diez metros, la preocupación por este suceso comenzó a transmitirse de boca en boca por teléfono, nadie de los antiguos pobladores habían experimentado un hecho climatológico ni siquiera parecido, el primer día no dejó de ser una curiosidad con explicaciones tales como, que pudiera ocurrir por la quema de pastizales sumado a una atmósfera muy pesada por el calor, entonces el humo espeso cubría todo, solo que esta niebla no tenía olor a humo. Otros pensaron que tan solo eran nubes demasiado bajas y que al no existir viento cubrieron el pueblo, lo notorio era el drástico descenso de la temperatura, a las seis de la tarde el termómetro indicaba veinte grados centígrados, para un día de Enero no era frecuente.


Como sucede en los pueblos chicos, las charlas telefónicas subían el tono de esa situación y alguien tiró la idea que no era una niebla de buenos augurios, esto llegó a los oídos del cura párroco el cual brindó una misa en soledad, y a las ocho de la noche se escucharon ocho campanadas que no ayudaban a las buenos pensamientos, sumado a que junto con las mismas todos los perros del pueblo comenzaron a realizar un aullido largo que no brindaba tranquilidad, todo lo contrario.


El comisario del pueblo dio una vuelta por esas calles oscuras y desoladas guiado por su linterna junto a sus dos colaboradores, al encontrarse con vecinos se intercambiaban al principio charlas graciosas, pero al transcurrir el tercer día y no cambiar la situación, solo el aumento del frío, la preocupación lentamente se transformaba en temor. Las rondas el comisario las realizaba atándose de la cintura él y sus ayudantes con sogas.


Algunos pobladores llamaron a pueblos cercanos en donde vivían parientes y este fenómeno no ocurría, evidentemente el pueblo elegido por la naturaleza u otra cosa era solo ese.


El quinto día se sumó un nuevo y alarmante hecho, la luz se había cortado y los teléfonos no funcionaban, algunos vecinos, se asomaban a la ventana y comenzaron a gritar.


-¡Alguien me escucha!


-¡Si, escucho!


-¡Me estoy quedando sin agua!, ¿quién puede ayudarme!


-¡Yo también!


-¡Nosotros también!


-¡Aquí igual!


Y la cadena de llamados se prolongaba por todas las calles.


Los alimentos al séptimo día se terminaron en la mayoría de las casas, ir a alguno de los dos almacenes del pueblo era caminar a ciegas, pero algunos padres con hijos chicos salieron en busca de comida y agua, utilizar automóviles era riesgoso, si varios intentaban lo mismo, chocar en cualquier bocacalle era lo más probable. Muchos llegaron al almacén pero el encargado solo pudo abastecer a las familias del pueblo no más de dos días.


Al octavo día la situación se había tornado desesperante, esa noche sin fin y cada vez más fría empezaba a alterar a las personas, el terror se esparcía y aumentaba al no entender nadie que causa los había llevado a que una extraña niebla desconocida alteraba la normalidad de sus vidas.


Una familia decidió enfrentar el problema y a viva voz, pidieron que todos se reunieran en la plaza, para desde allí organizarse y luego dirigirse por el camino real hasta la ruta, trayecto que en tiempos normales demandaba a pie tres horas. La consigna se propagó y lentamente cientos de personas incluidos niños y mayores cubrieron sin poder verse toda la plaza y calles circundantes, mediante sogas se ataron unos a otros formando una larguísima columna, el comisario junto a su familia encabezaba la línea y así partieron. El reloj de varios padres ya indicaba más de tres horas de caminata, pero la ruta no llegaba y esa maldita niebla persistía, la única explicación era que se hubiera errado al camino, pero cómo saberlo, mejor no hacer conjeturas y continuar, la columna humana continuaba su destino, destino por el momento desconocido, pero al menos se estaba actuando, todos caminaban hacia un mismo lugar, en silencio con temor, algunos niños llorando, madres aferradas a sus hijos, hijos ayudando a sus padres.


En un momento la columna se detuvo, pero para los que se encontraban en los últimos lugares, solo podían imaginar lo que podía haber ocurrido, tal vez los de adelante llegaron, tal vez estaban perdidos, la incertidumbre los angustiaba. 


El último de la fila era Don Julián, que pensaba quedarse en su casa, porque creía que cuando se llega a grande no queda mucho que perder excepto la vida, que inexorablemente también se perderá, pero sus nietos lo convencieron, Don Julián era morocho, grandote, y aún vestía bombacha y alpargatas, ya no trabajaba más en el campo pero ahora tenía una nueva actividad, era el invitado infaltable a todas las fiestas, casamientos, cumpleaños, bautismo, o asado multitudinario celebrando algún día conmemorativo, su función era tocar la guitarra y cantar. Ante tanta incertidumbre por culpa de esa niebla maldita se le ocurrió hacer algo que era lo único que sabía hacer, cantar, y entonó una viejísima canción folclórica que dice así:


Sapo de la noche, sapo cancionero

Que vives soñando junto a tu laguna

Tenor de los charcos, grotesco trovero

Estás embrujado de amor por la luna

Tenor de los charcos, grotesco trovero

Estás embrujado de amor por la luna


Yo sé de tu vida sin gloria ninguna

Sé de las tragedias de tu alma inquieta

Y esa tu locura de adorar a la luna

Es locura eterna de todo poeta

Y esa tu locura de adorar la luna

Es locura eterna de todo poeta


Sapo cancionero

Canta tu canción

Que la vida es triste

Si no la vivimos con una ilusión

Que la vida es triste

Si no la vivimos con una ilusión


Tú te sabes feo, feo y contrahecho

Por eso de día tu fealdad ocultas

Y de noche cantas tu melancolía

Y suena tu canto como letanía

Y de noche cantas tu melancolía

Y suena tu canto como letanía


Repican tus voces en franca porfía

Tus coplas son vanas, como son tan bellas

¿No sabes, acaso, que la luna es fría...

Porque dio su sangre para las estrellas?

¿No sabes, acaso, que la luna es fría...

Porque dio su sangre para las estrellas?


Sapo cancionero

Canta tu canción

Que la vida es triste

Si no la vivimos con una ilusión

Que la vida es triste

Si no la vivimos con una ilusión


Como por arte de magia la canción comenzó a ser entonada por los últimos de aquella fila, hasta contagiar al pueblo entero, cada vez con más fuerza, cada vez con mayor confianza, parecía que ese canto realizado en conjunto, despejaba en principio el miedo y se entendió que ante cualquier eventualidad de la vida por siniestra que pudiera ser, algo en nuestro interior sala en nuestra defensa, algo tan simple como un viejo canto. Lo asombroso fue que al continuar cantando el pueblo entero, cada vez con mayor convicción y coraje, increíblemente también se despejaba esa maldita niebla cerrada, lentamente podían ver más allá de los diez metros, ya se veía a quince, luego a veinte,  luego a treinta hasta que un rayo de sol irrumpió en el campo, luego el azul del cielo, mirando hacia atrás se podía ver el pueblo entero, rodeado de campo, repleto de esperanza. 


Así, un pueblo entero, solo cantando, pudo llegar a destino a pesar del miedo.


                                FIN

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sábado, abril 17, 2021

MAR DEL DIABLO (cuarta entrega y final)

 El día de la conferencia de prensa había llegado, Pepe y Adolfo se trasladaban junto a su traductor en su pequeño auto, la reunión se organizó a las 17 horas y ellos salieron con tiempo de sobra para poder ubicarse en un lugar que le permitiera a Pepe tomar las mejores fotos en primer plano y a Adolfo grabar toda la conferencia, más allá que dicha grabación sería traducida por Yo Chuan y por escrito, conseguir el registro de esas voces era muy importante.

Solo faltaban unos seis kilómetros para llegar cuando el motor del auto de Yo Chuan comenzó a despedir un espeso humo blanco. Cuando su dueño revisó el desperfecto la confirmación que el vehículo no podría continuar se observó en la expresión de angustia de su conductor. Los tres jóvenes quedaron en medio de una ruta, sin muchas posibilidades, caminando no llegarían jamás, de pronto Yo Chuan comenzó a realizar señas desesperadas a un vehículo que se aproximaba, este se detuvo detrás del auto amarillo, Yo Chuan, se aproximó al conductor a hablar; era otro primo, que en su pequeña camioneta llevaba pollos vivos al mercado, el inconveniente de traslado de ambos reporteros y su traductor se resolvió satisfactoriamente, solo que el único lugar disponible era entre los cajones de pollos en la caja de la pequeña camioneta. Una vez en camino Pepe, le gritó a Adolfo.

- ¡Avisame cuando empiece el partido en las ligas mayores del periodismo, en cuanto ponga un pie en Argentina, no me agarras nunca más, te lo juro!

- ¡Pepito, no podes negarme que esta es la mejor forma de conocer Tokio!

La camioneta pegó un salto y un cajón de pollos fue a parar a los brazos de Pepe, en tanto Yo Chuan sonreía como siempre.

Lamentablemente cuando uno pasa algún tiempo muy próximo a cajones de pollos suele contagiarse su olor la cual no es una fragancia muy grata, pero las leyes de la naturaleza son implacables. 

Cuando lograron ubicarse en el salón solo consiguieron estar parados detrás de todo, no obstante una enorme pantalla garantizaba poder ver a estos náufragos en primer plano.

Cuando estos cinco jóvenes ingresaron al escenario un fuerte murmullo invadió la sala, su apariencia, su corte de pelo, su ropa, su calzado, no cabía duda que correspondían a la moda de la década del cincuenta. Cuando se hizo silencio cada uno de ellos se presentó y el mayor comenzó a relatar su experiencia en el buque de científicos perdido en el Mar del Diablo. La historia era simple pero muy asombrosa un banco de niebla rodeó el buque y un masivo desperfecto eléctrico los dejó sin contacto con tierra, esto motivó que al no contar la nave con energía estaban detenidos y en riesgo, ellos fueron los encargados de conseguir ayuda y solo estando dos días y dos noches en alta mar, un pesquero los rescató, el interrogante es que para ellos solo pasaron tres días, pero para el resto del mundo sesenta y cuatro años. Cuando comenzaron las preguntas se produjo un momento de confusión, todos querían preguntar, inmediatamente un moderador organizó la reunión. Las preguntas fueron de todo tipo, pero una señorita muy inteligente dijo:

- ¿Como han manejado sus vínculos familiares?

El mismo muchacho que siempre respondía dijo.

- Todos nuestros seres queridos, ya no están, no hemos podido ubicar a ninguno, incluso nuestros hogares tampoco existen, en su lugar hemos visto enormes edificios, nada queda de nuestra historia, estamos tratando de comprender lo que nos ha ocurrido y además nos duele el destino de nuestros compañeros en alta mar, la prefectura nos ha dicho que en esa zona marítima nada que flote existe. 

Uno de los náufragos se emocionó y tapó su cara con sus manos.

El moderador dio por finalizada la entrevista y muchas preguntas quedaron pendientes, pero la más importante sin contestar fue ¿Que ocurrió con ese buque y el resto de los tripulantes?

Para Adolfo, algo de toda esta exposición no lo llegaba a convencer, no sabía discernir que era, pero algo le decía que no todo encajaba. El itinerario de los jóvenes era continuar con estas ruedas de prensa en Francia, Alemania y Estados Unidos, pero primero irían a la ciudad de Osaka. 

Cuando regresaban de la conferencia en un micro local, los reporteros coincidían que su misión había concluido y terminarían de armar su nota para el periódico con la traducción de Yo Chuan, pero eran conscientes que no habían logrado un foto al menos con un primer plano de los náufragos. Fue entonces que Yo Chuan les comentó que conocía muy bien el aeropuerto de Tokio y existía un lugar de embarque en donde si eran pacientes los extraños náufragos pasarían por allí y si lo deseaban hasta podrían tocarlos con la mano. Pepe aceptó de inmediato.

Ya habían estado esperando dos largas horas en ese estratégico lugar y nada ocurría hasta que en un momento lo esperado ocurrió, los cinco jóvenes avanzaban por ese pasillo muy distendidos, Pepe les saco con su cámara no menos de treinta fotos, pero a Adolfo se le ocurrió una idea y se la trasmitió al oído a Yo Chuan. Cuando el último de la fila de los náufragos pasó, que era justamente el que se había emocionado, Yo Chuan le gritó en su idioma.

- ¡Amigo se te cayó el teléfono!

El joven en un acto reflejo, se dio vuelta y miró al piso, al entender el error cometido, observo la lente de Pepe que obtuvo un primerísimo plano de un joven aventurero y mentiroso. En 1955 aún no existían los teléfonos móviles. 


Un dato histórico:

El 3 de abril de 1973,​ Martín Cooper directivo de Motorola realizó la primera llamada desde un teléfono móvil del proyecto DynaTAC 8000X desde una calle de Nueva York. ​ precisamente a su mayor rival en el sector de telefonía: Joel Engel, de los Bell Labs de AT&T.

FIN


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MAR DEL DIABLO (tercera entrega)

 

SASHIMI Y TENIS DE MESA

Después de desayunar salieron al patio de la casa y los esperaba Yo Chuan con su pequeño auto amarillo y una amplia sonrisa.

- Quiero que conocer ustedes, mi ciudad, es lindo, les gustará.

Yo Chuan los entretuvo todo ese día mostrándoles las afueras de Tokio, era impactante la cantidad de personas, transitando de un lado al otro, mercados, pequeños negocios, personas de todas las edades en bicicletas, recorriendo angostas calles con adornos multicolores de papel atados en cuerdas de vereda a vereda, Pepe se hizo un festín de fotos, y Adolfo estaba deslumbrado con la enorme cantidad de vida que allí se respiraba. Yo Chuan estacionó su auto donde pudo y les dijo que a donde los llevaría solo se podía llegar caminando.

- Llevarlos a comer, almuerzo muy rico, restaurante primo mío, exquisitos platos tradicionales, yo invito.

Después de recorrer una calles repletas de lugares para comer, en donde aromas a frituras, salsas y pescado ahumado entraron en un local que solo medía dos metros de ancho, y las mesas estaban dispuestas sobre un lado, después de sentarse un señor vestido de blanco, se presentó, era el primo de Yo Chuan, quien traducía lo que este decía. 

- Hoy van a comer mi especialidad Sashimi, no encontraran en todo Japón este plato como yo lo preparo, por lo bajo Yo Chuan dijo a sus a anfitriones, - es un poco exagerado mi primo.

- Este exisito plato lo realizo con finos cortes de pescados, acompañado por salsa de soja, jengibre y wasabi, les gustará se los aseguro.

Cuando el primo de Yo Chuan se retiró al instante un mozo vestido de negro con pañuelo en la cabeza trajo una fuente de madera con tres porciones de esta comida y tres grandes vasos de cerveza. Durante el almuerzo, Yo Chuan contó cosas muy divertidas de su familia y lamentaba no poder invitarlos a sus casa en la cual vivía con su esposa pero sus dimensiones eran tan reducidas que solo entraban dos sillas. La charla se prolongó bastante y surgió el tema de los náufragos que aparentemente no habían envejecido. Yo Chuan les dijo que todo Japón estaba asombrado con esta noticia y se esperaba ansiosamente la conferencia de mañana.

- Debemos llegar temprano, a reunión, mucha gente ir, el aula magna de la universidad es grande, pero si llegamos tarde nos ubicarán últimas filas. 

Después de despedirse del primo de Yo Chuan y agradecerle el exisito almuerzo se retiraron. Cuando pasaron por una juguetería Adolfo entró y compró una muñeca de tela para la hermanita de Yo Chuan.

El resto de la tarde, Yo Chuan los llevo a un lugar donde se jugaba tenis de mesa, los destrozó a ambos pero siempre con su amplia sonrisa, era campeón zonal de ese juego, al menos después de ganarles todos los partidos les pidió perdón. 

Cuando la noche caía sobre Tokyo la febril actividad también decaia, Adolfo y Pepe llegaron después de la cena a la casa familiar de Yo Chuan, cuando le entregaron el regalo a la hermanita de Yo, la niñita agradeció en su idioma a los dos jóvenes, realizó una reverencia y se subió a una silla,para poder darle un beso en la mejilla a cada uno.

Continuará 


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viernes, abril 16, 2021

MAR DEL DIABLO (segunda entrega)


EN LAS LIGAS MAYORES

 - Que espectáculo increíble es ver el océano desde tan alto. Le dijo Pepe a su amigo sentado del lado de la ventanilla del avión 

- Debo reconocer que tenes la capacidad de conseguir trabajos de nuestro jefe, que otros jamás logran, Eduardo por ejemplo, que ya cumplió cuarenta años en el diario, no sale de la sección deportiva jamás, y pienso que se quedará allí por el resto de su vida.

- Lo que ocurre Pepe es que el jefe aunque vos no lo creas nos aprecia, se podría decir que ve en nosotros su pasado juvenil de reportero. Desde ya que jamás nos lo dirá, porque no quiere tener preferencias con nadie, y si nos lo dijera corre el riesgo que nos aprovechemos de esa situación. 

- Si, tal vez sea como vos decís, pero esa indiferencia hacia nosotros la demuestra muy bien, a mi no me asciende hace cinco años, todavía figuró como personal de depósito. 

- Bueno, Pepe, pensemos positivamente, vas a ver que después de esta nota, que es nuestra primer nota en el extranjero, se nos abrirán muchas puertas dentro de la empresa, acordate. 

- Decime Adolfo, ¿de que asunto trata esta nota?

- Mira esta es la copia del correo de nuestro corresponsal en Oriente dirigida a Donofrio. 

Pepe después de leerla dijo - Es algo increíble, estos muchachos si en 1955 tenían veinticinco años hoy deberían tener ochenta y nueve años.

- Exacto Pepe, serían todos hombres grandes, pero su apariencia es de jóvenes, evidentemente si se comprueba que estos muchachos no envejecieron estamos frente a un hecho histórico sin precedentes, cuando lleguemos nos alojarán aparentemente en un hotel en Tokio y el próximo miércoles estos jóvenes viejos brindarán una conferencia de prensa en donde estarán presentes medios de todo el mundo. La verdad Pepe, es algo difícil de creer, pero justamente yo he leído algo respecto de este lugar el El mar del Diablo o Triángulo del Dragón y allí han ocurrido cosas inexplicables similares al Triángulo de las Bermudas, pero son todas historias que no se han podido comprobar, algo como lo de estos náufragos es como mínimo asombroso. 

- ¿Te dijeron en qué hotel nos alojarán?

- No, pero seguramente será en un cinco estrellas, me han dicho que todos los corresponsales extranjeros de la empresa cobran muy bien y se alojan en departamentos u hoteles de primera categoría. ¡Pensa Pepe que ingresamos a trabajar en las grandes ligas!

- ¡Vamos todavía Adolfo!

Cuando los dos amigos llegaron al aeropuerto de Tokio, los esperaba un jovencito japonés bajito, delgado, de lentes negros y gruesos vidrios con un cartel que decía corresponsales diario Primero de Argentina, cuando se encontraron, el muchacho anfitrión era muy gentil y los ayudó con el equipaje luego los condujo a un automóvil muy chico color amarillo y emprendieron el viaje al hotel. 

- Me llamo Yo Chuan y seré su guía y traductor, dijo el joven en un español no muy bien pronunciado. 

Despues de presentarce a Pepe le extrañó el hecho que tomaran por una ruta, que evidentemente se retiraba de la gran ciudad, y se intentaba en barrios de casas más bajas, en donde difícilmente existieran hoteles y menos aún de cinco estrellas. El guía japonés hablaba constantemente y preguntaba también sobre Argentina, en un momento ingresó en un patio de una casa de un barrio evidentemente popular u obrero, detuvo la marcha y dijo con una sonrisa ¡llegamos! cuando detuvo el motor varias gallinas rodearon el vehículo. 

- Una pregunta, Yo Chuan, teníamos entendido que nos alojarian en un hotel cinco estrellas, y esto es una casa de familia.

- Si, es casa familia mía, muy buena, estarán cómodos durante estadía, son bien venidos por toda mi familia, ¡adelante!, ¡adelante!.

Algo desconcertados los dos amigos descendieron y de una pequeña puerta salieron al patio toda la familia de Yo Chuan, eran entre personas grandes y chicos unos veinte integrantes que se ubicaron en una fila para darle la mano con una sonrisa uno a uno, la última de la fila era una niñita con un ramito de flores para cada uno de ellos. Nadie puede quedar como desagradecido hante un recibimiento semejante, sería como mínimo cruel.

Yo Chuan le presentó a su mamá y la señora los acompañó a su dormitorio que se encontraba atravesando un largo y estrecho pasillo, la habitación unos dos metros por dos metros que tenía dos camas una encima de otra, el guardado de prendas se solucionaba con dos perchas, y un ventiluz daba a un corral habitado por una cabra.

Cuando los dos amigos quedaron solos en aquel lugar, Pepe mirando a la cabra dijo 

- Esto no creo que sea ingresar a las grandes ligas, demos gracia que no tenemos que dormir junto a la cabra.

- Pepe no seas descortés, es una muy buena familia, y Yo Chuan se nota que es un muy buen muchacho, lo que debe haber ocurrido es solo un mal entendido y seguramente mañana nos envían un auto con alguien disculpándose por el error, y nos llevará de inmediato al hotel.

Después de cenar con la familia en una larga mesa de madera, los dos amigos se dirigieron a su habitación a descansar, Yo Chuan no vivía allí y era el único que hablaba español, por cual toda la charla fue por señas.

- Será mejor que abras la ventana Pepe, yo sufro un poco de claustrofobia.

Cuando Pepe abrió la ventana, el olor a corral, era demasiado penetrante, por lo que no se pudo ventilar la pieza, Adolfo tuvo que respirar hondo hasta distenderse y poder conciliar el sueño.

Pepe también se durmió en la cama de arriba. 

Continuará 


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jueves, abril 15, 2021

MAR DEL DIABLO

 


Japón Año 1955

Un buque con cien científicos a bordo parte desde Tokio Japón para realizar investigaciones en algún lugar del océano Pacífico próximo a la isla de Miyake, el tema de la investigación, la desapariciones de embarcaciones, todas sin explicación lógica; cuando se encontraban en un lugar determinado se perdía toda comunicación con tierra, sin reportar algún tipo de avería u otra causa marítima, el silencio de la radio era la única respuesta. Por increíble que fuera este buque de investigación sufrió la misma suerte con toda su tripulación a bordo, esto ocurrió en el Mar del Diablo o lo que también se denomina Triángulo del Dragón. 

Buenos Aires año 2019

Un correo del corresponsal en Japón del diario llega a la computadora del señor Donofrio que dice así:
Señor Donofrio en estas últimas horas ha surgido una noticia sorprendente, al parecer han encontrado un bote salvavidas con cinco tripulantes jóvenes, en el Mar del Diablo, esto no sería tan sorprendente, lo asombroso es que estos muchachos cuyas edades rondan los veinticinco años, aseguran que forman parte de la tripulación de científicos del buque que se perdió en 1955. Creo que esto amerita que envíe usted algún corresponsal para realizar esta investigación, yo debo excusarme porque estoy investigando el problema comercial de China. Si usted me envía los datos de la persona que vendrá yo dejaré todo organizado (hotel y traductor). Mis saludos desde China.    

-¡Hola Pepe!... ¿me escuchas?...sentate por favor que tengo algo muy, muy importante que decirte.

- El señor Pepe no se encuentra, llame más tarde dentro de un par de años.

- Que desagradecido Pepe que sos conmigo, con todo lo que yo he hecho por vos.

- ¿Que hiciste por mí, solo meterme en problemas.

- No me trates así Pepe, vos sabes que yo te quiero, esto que tengo para decirte ni te lo imaginas, hoy me llamó el jefe y nos encomienda un trabajo de corresponsalía, que no te imaginas a dónde. 

- Ni me imagino ni me interesa, y corto porque estoy cenando. 

- ¿Que me dirías si por este trabajo, nos triplican el sueldo?

- Que es mentira.

- ¿Que me dirías si te digo que tengo en mis manos dos pasajes de avión?

- ¿Dos pasajes de avión?, no se te querrás ir unos días con tu novia a Mar del Plata, o Cancún, que se yo.

- No Pepe, los pasajes son para nosotros, y salimos el lunes, bueno, siempre que quieras acompañarme, de lo contrario compartiré el trabajo con tu competencia, Ramos.

- Vos sos muy capaz de ese tipo de traición si surge algo bueno. Bueno dale que se me enfría la sopa. 

- A donde vamos tenes que aprender a comer con palitos, ¿te lo imaginas?

- ¿Vos estas bien Adolfo, o tomaste algo? que yo sepa con palitos comen los pueblos orientales.

- ¡Acertaste Pepito!, el lunes salimos a cubrir una nota a Japón, ¿qué me contas?

- Pero decime una cosa Adolfo, ¿vos dominas el idioma Japonés!

- En realidad Pepe, yo no lo domino, pero le dije a Donofrio que vos trabajaste de traductor, y que lo dominas el idioma a las mil maravillas, quedó asombrado, no podemos perdernos esta oportunidad por un simple idioma, es más, fíjate el fin de semana que hay un curso acelerado muy bueno, practica un poco y listo.

- &&$ %^$##@¿^%%$€£ (lo dicho por Pepe a su amigo es irreproducible)

Continuará 


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jueves, abril 08, 2021

RECORRIENDO EL MUNDO

 Eusebio era un muchacho de veinte años nacido y criado en Salvador Mazza Salta, joven de pocos amigos, caminar pausado como su vida, trabajador rural, alto, flaco y narigon.

En una oportunidad un grupo teatral visitó el pueblo y se preparó una función en el salón principal, del club social, Don Gregorio inagotable organizador de eventos y presidente vitalicio, necesitaba pintar el gimnasio para esa función y contrató a Eusebio para la tarea, el muchacho era guapo y ágil, en solo dos días dejo el salón como nuevo, en recompensa Don Gregorio le pagó lo pactado y le dijo que si lo deseaba podía ver detrás del decorado la función, siempre que no hiciera ruido. 

Eusebio se consiguió una silla, la ubicó en un rincón, y allí sentado pudo ver algo que lo cautivó, jamás había visto preparativos semejantes, a lo sumo los partidos de fútbol nocturnos, campeonatos pueblerinos, en los cuales él ayudaba, acomodando los dos tractores, colocando las correas de los generadores, colgando los artefactos de iluminación, y en el cuidado del asado, junto al maestro asador, que era tío suyo, el cual se pasaba un poco con el vino, y entonces Eusebio lo ayudaba a continuar con la tarea.

Pero eso del teatro era algo nuevo, por empezar la iluminación era muy diferente a la de los partidos, estos eran reflectores, una especie de linternas gigantezcas, también alguien dijo que se realizaría la prueba de sonido, y un señor de barba, con un palito cromado, atado a un cable negro, diciendo

- 1, 2, 3, probando,... 1,2,3, probando y su voz retumbaba en todo el salón. Desde el camión estacionado en la puerta un grupo de jóvenes comenzaron a descargar una enorme cantidad de cosas, desde muebles, a carros con ropas y sombreros, Eusebio creía que una obra de teatro era algo similar al cine del cual había disfrutado muchas veces, pero esto del teatro no se lo imaginaba. En tanto un trabajo febril de elementos, cables y aparatos se acomodaban sobre el escenario, un grupo de personas vestidas con ropa común y silvestre, leían papeles, charlando entre ellos y realizando gesticulaciones, casi como locos pero también se reían y festejaban entre ellos. Este trajín duró casi toda la tarde hasta que alguien gritó 

- ¡vamos a tomar algo, y descansamos hasta la función!

Cuando Eusebio quedó solo, recorrió aquel escenario que ahora parecía la habitación de una casa incluso con ventanas y cortinas, sin que nadie lo viera tomó ese aparatito con cable, y dijo - Hola, soy Eusebio. Su voz retumbó en todo el salón, y una vez más 

- ¡hola, soy Eusebio!. Quedó perplejo, dejó aquel artefacto donde estaba, y fue hasta su casa para comentar todo aquello, su madre le dijo que una vez ella vio una obra de teatro y le había gustado, pero como llegó tarde la obra había empezado y no pudo comprender muy bien la historia, pero todos terminaron bien tomados de la mano y saludando y riendo. 

Eusebio a las ocho en punto estaba en su silla de espectador privilegiado, detrás del telón una señora estaba sentada en un sillón en penumbras, desde su ubicación podía ver como llegaba el público y se acomodaba en las sillas dispuestas en filas.

De pronto, se abrió el telón retirado por dos colaboradores, que el público no veía y todo el escenario se iluminó. Aquella función de teatro para Eusebio fue un descubrimiento inimaginado, cada detalle de lo que vio y escuchó esa noche lo cautivó como a un chico que le regalan una bicicleta para los reyes magos, esas personas que antes había visto leer unos papeles, ahora con esas vestimentas coloridas y hablando en voz alta, aveces gritando, otra veces riendo, gesticulando con sus brazos, caminando de lado a lado del escenario, lo enamoró y se dijo para él, que no descansaría hasta formar parte de ese grupo de personas.

La obra terminó, el público aplaudió y los actores saludaron todos tomados de la mano.

Eusebio tenía ganas de aplaudir pero recordaba que no podía hacer ruido.

Cuando el público se fue, los actores fueron invitados a comer a la casa de Don Gregorio, pero otro grupo de muchachos se quedaron desarmando y cargando todo, Don Gregorio trajo una bandeja de empanadas y unas cervezas para estos muchachos, y le pidió a Eusebio que se encargara de convidarlos y de paso que comiera él. 

No tardó mucho en entablar una charla con los utileros que festejaron el festín, y entre charla y charla, un señor mayor, le dijo si quería trabajar en la compañía que  necesitaban uno más, que si estaba dispuesto esa misma noche salían para Buenos Aires.

Eusebio, sin pensar dos veces aceptó y se fue hasta su casa corriendo a decirle a su madre y cargar en una mochila sus pertenencias. De esa forma casi en un sueño comenzó Eusebio su vida en el teatro.

Cuando llegó a Buenos Aires se encontró en una ciudad, ruidosa, con gente apurada y dirigiéndose quien sabe a donde; en un primer momento imagino que estaba sucediendo algo malo, tal vez se estaba en las puertas de una guerra y él no lo sabía, pero al transcurrir los días y comprobar que esa vorágine continuaba, comprendió que todo ese descontrol era normal,... ¡normal!..., ¿quién puede comprender que esa vida de locos era algo normal? Pero al mes, sus conocimientos citadinos, más alguna información suelta de sus compañeros de trabajo, fueron en aumento y de algún modo pudo acostumbrarse a un estilo de vida absolutamente opuesto a su pueblo natal.

Una tarde, terminando un trabajo retrasado  después del horario se salida, estaba sobre el escenario desmontando unos reflectores sobre una alta escalera, cuando una voz de mujer dirigiéndose a él le preguntó 

- ¿No te da miedo caerte?

Eusebio jamás imaginó que alguien se interesara en su trabajo, y dirigiendo su mirada, a la enorme sala vacía, una mujer lo observaba sentada en la primera fila.

- No, estoy acostumbrado.

- ¿Tu nombre es Eusebio, verdad?

Eusebio antes de contestar, trató de ver mejor a esa mujer, pero las luces próximas lo encandilaban, y entonces contestó. 

- Así  es señora, ¿necesita algo?

- ¿No sabes quién soy?

- La verdad que no, señora.

- Yo me llamo Nora y soy la persona que lleva adelante este teatro de mala muerte y a la compañía de la que formas parte.

¿Le parece señora que esto es un teatro de mala muerte?,...si le mostrara el teatro de mi pueblo, ese si que es de mala muerte.

La señora rió con ganas, y le pidió a Eusebio que bajara, quería hacerle unas preguntas de trabajo.

Las preguntas de la señora que doblaba en edad a Eusebio y las respuestas del muchacho se prolongaron todas las tardes después de hora durante varios meses.

Las charlas se convirtieron en un pasatiempo en donde existió un intenso intercambio de experiencias de una mujer hacia un joven y de un joven hacia una mujer. El respeto mutuo se tornó en sincera amistad, y por muy poco no se cruzó un límite sin retorno, la señora en soledad prefirió que mejor no.

Eusebio aprendió en esas charlas el ABC de la actuación, y también recorrió el mundo, Francia, Inglaterra, Alemania, España, Estados Unidos, Grecia, poder ver ese mundo en una pantalla de diapositivos, con los comentarios de quien los recorrió, fue una experiencia inigualable. 

La señora le decía estas cosas a Eusebio:

- La actuación querido amigo, no se puede enseñar, ni explicar, solo se experimenta y esa capacidad del ser humano de convertirse en otra persona,... buena, despreciable, déspota, o irracional, se transmite al elemento fundamental del teatro...el público, en busca de la más grandiosa y única recompensa que busca un artista en toda su vida...el aplauso de ese público, sin público, no existe el teatro, sin aplauso no existe recompensa, y nótese que digo aplauso, en singular, porque una  sola persona para el artista basta para colmar un teatro.

- ¿Y si es así señora, como usted dice, si la sala no es necesario que se llene, de que viven los artistas?

- Eso es un tema Eusebio por el que sufro y lloro, todos los días de mi vida.

Una tarde de invierno, Eusebio se despidió de la señora Nora, su madre no estaba bien de salud, y sus hermanos le pedían que fuera lo antes posibles. Una vez en su pueblo, y después de perder a su madre, sus hermanos menores a él, lo necesitaban, el tiempo transcurrió y lo que queda muy lejos, por lo general comienza a verse distinto, e incluso se olvida. 

Una tarde de siesta y calor, golpean a su puerta, un hombre con una camioneta algo vieja preguntaba por él.

- ¿Usted es el señor Eusebio?.

- ¿Así es señor, que deseaba?

- Tome, esto es para usted, y le entregó un sobre de papel madera, y unas llaves, tenga cuidado porque la marcha atrás cuesta un poco, una pregunta ¿la terminal de micros?

Eusebio no entendía, lo de la marcha atrás, y se quedó esperando con cara de asombro. 

- ¿Que le pasa amigo, nunca le regalaron una camioneta?

- No. respondió Eusebio.

- Bueno, a mi tampoco, para serle sincero, se la envía una tal señora Nora, y además del vehículo le regala toda la carga que contiene, atiendame si me acerca a la terminal, se lo agradezco.

Cuando Eusebio aterrizó en este mundo, leyó la carta de la señora Nora que decía: Espero que con estos elementos puedas organizar una compañía teatral, como la que alguna vez pretendí tener, pero solo logré a medias, por no entender que a los teatros hay que llenarlos de público.  Un beso de tu amiga la señora Nora, ex empresaria teatral.

La carga que traía la camioneta para Eusebio tenía más valor que mil camionetas, un equipo de sonido con sus parlantes, un proyector de diapositivos, y diez enormes cajas con fotografías, y diapositivas de diferentes lugares del mundo, libros de teatro, libros de obras de teatro y de biografías de actores famosos.

Eusebio no regresó jamás a Buenos Aires, y organizó una función mensual, en diferentes pueblos llamada, "Recorriendo el mundo". No siempre se llenaba de mucho público, pero el aplauso de agradecimiento jamás faltó. 

                                   FIN


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martes, marzo 30, 2021

EL DESCONOCIDO

 _ De acuerdo señor Adolfo, creo que si salgo a las siete puedo llevar las carpetas al contador para que las entregue a primera hora,... correcto, buenas tardes señor _

Edgardo sabía que este mandado le implicaba un viaje de trabajo de tres horas extras, entre ida y vuelta, solo que su auto desde hacía un par de días, fallaba en baja, pero cumplir con el jefe preparaba el terreno para pedir ese aumento que lo esperaba desde principio de año.


Después de cargar nafta y subir al baúl las tres cajas llamó a su señora para avisarle que llegaría más tarde, luego emprendió el viaje. Adolfo sabía que en ese horario en la ruta no habría tráfico, si su coche no le fallaba, en una hora y media llegaría a la chacra del contador, había ido varias veces allí pero siempre durante el día nunca de noche, sabía que la tranquera de la entrada estaba muy alejada de la casa como a unos quinientos metros, si llegaba a estar cerrada esto se convertía en un problema porque debería dejar el auto e ir a pie, caminar no le preocupaba pero el contador era un hombre mayor que no utilizaba teléfono, por lo cual tendría que ir a buscar la llave del candado a la casa y regresar a la tranquera, a todo esto se sumaba un inconveniente no menor, los cinco perros del contador que los dejaba sueltos. Pensando en estos posibles inconvenientes sonó su teléfono, al atender, su esposa le comentó algo preocupada que su hijo más chico tenía unas líneas de fiebre, no era mucha, pero hubiera preferido que él estuviera ya en casa. Edgardo tranquilizó a su señora, y la entusiasmó con la posibilidad del aumento que mañana mismo le pediría a su jefe. 


Al ingresar por el camino de tierra, la noche era cerrada, solo podía ver los pastizales de la banquina y de tanto en tanto el alambrado, de acuerdo a sus cálculos le restaba una media hora de viaje, no se podía descuidar, porque la única señal era un pequeño cartel blanco, con el nombre de la chacra "Destino". De pronto en medio del camino alcanzó a ver un bulto muy negro, aminoro la marcha, y se acercó despacio, se asusto cuando el bulto se movió, al frenar, el motor se detuvo y pudo ver una vaca negra acostada que se levantó y corrió por la banquina opuesta, Adolfo este hecho normal del campo, lo sobresaltó lo suficiente como para pensar que la tarea se complicaba de noche, cuando pretendió continuar, ocurrió lo que no debía ocurrir, su automóvil no arrancaba.

Solo las luces iluminaban el camino, pero debía apagarlas para no gastar la batería, eso hizo, en un primer momento la oscuridad era absoluta, al cabo de unos instantes, su vista se acostumbró a la penumbra y pudo disfrutar de las estrellas que tapizaban el cielo como diamantes, un tenue resplandor en el horizonte indicaba la ubicación del pueblo distante, encendió su linterna, buscó una pinza de la guantera, y abrió el capó, la última vez que le ocurrió esto lo pudo solucionar golpeando uno de los bornes de la batería, eso fue a hacer, pero esta vez la maniobra no resultó, lo iba a intentar nuevamente cuando pegado al alambrado sintió unos pasos sobre los pastizales, se sobresaltó y al alumbrar el lugar, solo eran un grupo de vacas, tal vez más asustadas que él. En el apuro la linterna se le cayó y se apagó, escuchó donde había caído, y comenzó a tantear con su mano el piso, pero no la podía encontrar; entretenido con este inconveniente, algo, a unos cien metros del alambrado campo adentro le llamó la atención, observó con más detenimiento y algo blanco juraría que se movía lentamente, imagino que sería otro animal, pero era imposible saberlo, por fin al extender su brazo por detrás de la rueda, allí encontró la linterna. Un segundo intento para que su auto arrancara también fracasó, ¿a quién podría llamar a esa hora y en ese lugar? por algún motivo bajó el capó de su auto, tal vez con la esperanza que arranque, después fue a buscar el teléfono a la guantera, cuando se sentó frente al volante, miró al camino y eso blanco ahora estaba sobre el camino, al encender las luces, pudo ver nítidamente la silueta de un hombre con sombrero que caminaba hacia él. Edgardo comenzó a realizar conjeturas de todo tipo, nada halagüeñas, al ir acercándose lo podía observar muy bien, era un hombre delgado, alto, con saco, sombrero y pantalón blanco, caminaba hacia el auto, y con su mano se protegía la cara, evidentemente las luces lo encandilaban, Edgardo asustado, colocó las trabas de las puertas, y tomó un destornillador. Esta persona se acercó a tal punto de quedar parado a cinco metros del auto, inmóvil.

Habrían transcurrido unos minutos, y Edgardo atinó a abrir la ventanilla y decir en voz alta, _ ¡hola!, ¿que desea?_ 

Y este hombre respondió

 _ he visto que se le quedó el auto, ¿lo puedo ayudar?_

Edgardo sabía que la gente de campo es servicial por naturaleza, pero eso no lo a animaba demasiado, la apariencia de aquel hombre era desprolija, su sombrero ni siquiera tenía una forma, el saco era grande para esos hombros huesudos, y el pantalón era blanco pero notoriamente sucio, al tener este sujeto su brazo levantado no podía verle bien la cara, solo alcanzaba a ver un pañuelo azul o tal vez negro con lunares blancos. Ante situaciones extremas, nunca sabemos de qué forma reaccionamos, nuestro instinto de supervivencia actúa a pesar del miedo o el terror. 

Edgardo, con el destornillador aferrado a su mano bajó del auto y encaró al desconocido. 

_ así es_ dijo Edgardo,

 _ creo que son los bornes de la batería _  

_ ¿quiere que los revise? _ dijo el desconocido. 

Por esas cosas, esa voz a Edgardo le brindaba confianza, era algo difícil de explicar, porque no tenía un acento a nada conocido, ni siquiera campechano, solo era un timbre de voz que bien podría ser la de un profesor, no parecía la voz de un hombre de campo, pero por la indumentaria no parecía que fuera alguien muy instruido, pero las apariencias engañan, se dijo, y entonces respondió 

_ Bueno, ahora le abro el capó, ¿quiere que ilumine con la linterna?_

_ No hace falta, quédese arriba, yo le aviso _

El hombre abrió el capó, y Edgardo no podía ver que estaba haciendo, no se escuchaba ningún sonido, al cabo de unos minutos, el visitante dijo.

_ ¡ ahora dele arranque!_

Al primer intento el auto arrancó perfectamente, Edgardo no podía creerlo, pensó bajar a agradecer, pero el hombre le dijo que no bajara y que mantuviera el acelerador apretado, después de bajar el capó el desconocido se acercó a la ventanilla donde estaba Edgardo y se quedó allí parado, Edgardo agradecido le dijo.

_ ¿ qué le debo por la gauchada amigo?_

_ Nada _ dijo esa voz. 

Edgardo al estar sentado y el hombre próximo a la ventanilla seguía sin poder verle la cara.

_ Continúe con su viaje Edgardo _

Edgardo quedó mudo, ¿de dónde lo conocía? Lo había llamado por su nombre.

_ ¿Usted me conoce señor?_

_ Ahora lo acabo de conocer,... antes no_

Edgardo continuaba asombrado,

_ ¿Usted vive por aquí? _

_ Digamos que si _

_ Quedo en deuda _ Dijo Edgardo.

_ No se preocupe ha sido un gusto poderlo ayudar, continúe con su viaje _

_¿Quiere que lo alcance a alguna parte? _ insistió Edgardo.

_ Le agradezco, mi lugar es este,... disculpe, antes que se vaya, usted merece que le comente algo _

_ Digame_  dijo Edgardo intrigado.

_ Bueno, vea, puede ir tranquilo, la tranquera del contador, está abierta, y los perros están atados, también le digo que su jefe el cual le tiene mucho aprecio, no le aumentará el sueldo este mes, el próximo sí, y regrese a su casa confiado, a su hijito ya le bajó la fiebre _

Aquel hombre, después de decirle esto, se retiró caminando con tranquilidad, por donde vino, Edgardo lo siguió con la mirada y con el corazón en la boca, hasta que se perdió de vista en la oscuridad. Edgardo no atinó a llamarlo para preguntarle sobre todo esto que le decía. Edgardo continuó con su trabajo con la profunda curiosidad hacia esa persona, que bien se podría decir que solo estaba allí esa noche para ayudarlo.


Absolutamente todo lo dicho por el desconocido se cumplió al pie de la letra, Edgardo nunca comentó con nadie este extraño encuentro, ya habían pasado dos meses, y una mañana debía de llevar unos papeles al contador; cuando pasó por aquel lugar, detuvo su auto, se bajó, y miró a su alrededor, eran campos de pastoreo, y los yuyales estaban altos, al observar en la dirección donde aquel hombre apareció, observó algo oscuro, diferente al color de los pastizales, cuando se internó en el campo después de pasar por el alambrado, lo pudo ver, a pleno sol, se podría decir que lo estaba esperando.

Era un espantapájaros ya olvidado incluso por el tiempo, con sombrero, saco, pantalón blanco muy sucio, además de roto, y pañuelo negro con lunares blancos, sus hombros eran solo un palo viejo cruzado sobre un poste, su cara, un manojo de paja seca, Edgardo se quedó allí un largo rato, la briza del campo movia una manga que colgaba descocida, pero el pañuelo se mantenía firme, el sombrero ya no tenía forma, pero Edgardo se lo acomodó lo mejor que pudo, y luego dijo… _ Gracias,...amigo _  





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domingo, marzo 28, 2021

CUANDO EL MUNDO SE DETUVO

   El viento era el único testigo de aquella consecuencia imposible de prever, papeles y hojas arrastrados por calles desiertas, y algunos animales fuera de su hábitat o mejor dicho ocupando su nuevo espacio de vida, era lo último que ya nadie podía observar, porque todos se habían retirado, ahuyentados por sucesivas pandemias imposibles de detener. Los magníficos rascacielos realizados por el hombre, continuaban allí, erguidos, sobre avenidas interminables vacías y silenciosas. Las enormes estaciones ferroviarias solo estaban ocupadas por miles de vagones detenidos. Por las noches, la energía eléctrica no convertía más la noche en día, en los aeropuertos enormes aviones se habían abandonado sin remedio. Millones de familias habían huido al campo y el descontrol reinaba, nada se pudo planificar, todo se desarrolló en muy poco tiempo guiado por el terror a contagiarse,los centros de salud no funcionaban por no tener ni enfermos ni médicos. La información que hasta no hacía mucho era un logro humano sin precedentes, en poco tiempo se deterioró, el sistema no se podía sostener sin energía y sin empleados que la controlen y sostengan, la economía mundial estalló por los aires, y junto a ella los recursos económicos de millones de personas habían desaparecido en poquísimo años. Los principales poderes mundiales no pudieron detener la ola de terror, los tomó por sorpresa, y al deteriorarse la información confiable, todo se arruinó aún más sin remedio ni solución a la vista. Los puertos de todo el mundo quedaron con miles de buques de carga incluso muchos cargados pero abandonados, ante esta situación no era muy difícil prever un colapso aún mayor, la pérdida de todos los avances tecnológicos que poseía la humanidad, satélites,  centrales eléctricas, la plantas purificadoras de agua, todo aquello que parecía cotidiano, simple y para siempre, se detuvo en casi solo dos años, el transporte de mercaderías no funcionaba, por ende el mundo entero se había detenido. 

Los principales países quedaron desconectados unos de otros, incluso los vínculos sociales también, grupos de pequeñas comunidades trataron de organizarse pero de inmediato entendieron que al desaparecer el comercio global, con él desaparecía el sistema de engranajes que permite el funcionamiento de la humanidad, transacciones, mercado, cultura, educación, trabajo, todo se esfumó. 

Desconocer lo que ocurre del otro lado del océano, significa retroceder mil años en la historia del hombre. Un grupo de marinos tuvo la ocurrencia de formar una comunidad sobre un buque, pero la idea se descartó de inmediato por los posibles riesgos, quedarse sin combustible, la alimentación, y por supuesto la posibilidad de enfermarse. Un aviador experimentado junto a su familia  decidió cruzar el Atlántico desde Florida a Inglaterra, logró preparar su nave que poseía la autonomía suficiente, cargar combustible, aprovisionarse de víveres y despegar no fue problemático, pero no contaba con pronóstico climáticos fiables, esto es como volar a ciegas, con muchísima suerte pudo evitar una tormenta y retomar su ruta, pero el mayor riesgo era sufrir un aterrador choque aéreo porque muchos aviadores pensaron lo mismo, pero no había controladores de vuelo que los guíen, cuando llegó a los cielos del Reino Unido, aterrizar por poco les cuesta la vida, pudo lograr hacerlo sobre un campo solo gracias a su destreza, al comprobar cómo estaba la situación allí, encontró el mismo drama que existía en Estados Unidos, ciudades abandonadas, y campamentos de personas en todas las llanuras, con sus provisiones al límite, y su estado de ánimo llegando a la desesperación e incluso a la locura.

El principal problema en apariencia imposible de resolver era poder contactarse para lograr una mínima organización, los teléfonos, internet, la radio, la tv, solo funcionaban al diez por ciento de su capacidad, porque las centrales quedaban sin energía ni mantenimiento alguno.

Al principio el desastre para gran parte de la población mundial pasaba desapercibido porque aquellos sistemas de convivencia humana reducida no lo notaban, sus vidas en apariencia continuaban como siempre, hasta que comenzó a fallar la energía, no llegaban insumos indispensables, los medios de comunicación dejaban de informar, y un día una enorme cantidad de familias empezaron a aparecer desde todos los puntos cardinales, desesperados, solicitando albergue y alimentos para sus hijos, los disturbios no tardaron en empezar y era la vida de las familias lo que estaba en juego, los incidentes eran cada vez más sangrientos, y lo peor era no poder saber a quién recurrir, a quien pedir ayuda, o adónde dirigirse, porque los comentarios de viajeros que venían de muy lejos brindaban de todos lados historias horribles. Una gran cantidad de familias acostumbradas a vivir y disfrutar del aire libre practicando camping pudieron conseguir una forma de vida muy precaria, pescar y cazar en zonas boscosas fue para ellos una solución, pero una cosa es disfrutar de un campamento durante un verano y regresar durante el resto del año a la vida citadina, y otra es tener que enfrentar esa vida todos los meses del año,... de por vida, imaginando para sus hijos un futuro de mujeres y hombres de la selva. 


El reloj de Miguel sonó a las 8 en punto, al despertarse corrió a su ventana, la abrió desesperado, al ver a su cartero que lo saludaba, su alma regresó a su cuerpo, este simple acontecimiento lo dejó feliz y tranquilo,... todo había sido un mal sueño. 


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jueves, febrero 11, 2021

LAS DESVENTURAS DE DANIEL (historia en entregas)

 


LAS DESVENTURAS DE DANIEL (historia en entregas)

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https://lasdesventurasdedaniel.blogspot.com/


jueves, febrero 04, 2021

martes, febrero 02, 2021

LA TEORÍA DE DIMITRI

 Hola Juan, ¿cómo estás?, bien Edgardo, más allá de estar quebrado y con amplias posibilidades de dormir esta noche en la calle, bastante bien. ¿Discutiste nuevamente con Nora? preguntó Edgardo, no llegamos a esos extremos, pero sin decirme una sola palabra arrojó toda mi ropa y mis libros a la calle, alguien se ofusco al recibir un golpe en su cabeza de los cuentos completos de Cortázar y tuve que bajar rápidamente los tres pisos, cuando regresé al departamento la puerta ya estaba cerrada.

A Edgardo estas historias contadas por  Juan le causaban gracia, y por lo general tenía que esforzarse para no reírse en la cara de su amigo.

Bueno, dijo Edgardo en tono conciliador, ya sabemos que toda mujer tiene sus días, ya va a pasar, y verás que se compondrá la relación, ¿vos crees?, sin duda, mañana llamala y pedile disculpas, y cuando la veas de nuevo regálale un ramo de rosas. Tal vez tengas razón, dijo Juan no muy convencido, pero esta vez me parece que su actitud es diferente a otras veces, creo que definitivamente no me soporta y de algún modo tiene algo de razón, mis proyectos han fracasado uno a uno, y mis deudas aumentan todos los años a pesar de haber tenido oportunidades inmensas no las he sabido aprovechar, ninguna mujer puede soportar la incertidumbre constante de la inestabilidad económica de su pareja, todo tiene un límite y esta vez creo que el límite de Nora ha llegado al grado de saturación. Hoy estás demasiado pesimista Juan, mira, esta noche mi hermano no está por lo cual te invito a que duermas en casa, mañana vamos a desayunar y verás todo de otra manera, 

¿te parece?, por supuesto, Gracias Edgardo acepto, vos sos mi mejor amigo, me acuerdo cuando me metí con el asunto de la crianza de los perros Gran Daneses, el tipo me la vendió muy bien, y yo entre como un caballo, lo que no sabía era que estos bichos eran más grandes que mi ignorancia, si no hubiera sido por tu viejo que me prestó la quinta no tenía dónde ubicar diez de estos animales que comían como dinosaurios, la verdad ni mi hermano mayor me tiene en cuenta, creo no equivocarme en decir que soy un desastre. Bueno, Juan, dijo Edgardo, ¡déjate de joder! ¡parala!, mañana verás las cosas mejor, vas a ver...¿Qué querés tomar, yo invito?

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PERGOLAS COSTA ATLÁNTICA

PRESUPUESTOS SIN CARGO

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A la mañana siguiente cuando ambos amigos estaban desayunando, el ánimo de Juan se había fortalecido y pensaba tratar de componer las relaciones con Nora, fue entonces cuando en plena charla prácticamente de la nada un hombre delgado, de cabello entrecano, de nariz aguileña y ojos celestes, se paró frente a la mesa del bar sin decir una palabra. A Juan le extrañó la actitud de este hombre sin duda de origen ruso, o alemán, que vestía un pantalón negro con saco gris alguna talla mayor y camisa blanca con el cuello desprendido, pero de inmediato Edgardo dijo, con sorpresa, ¡hola Dimitri! ¿cómo está usted?, tome asiento por favor.

El hombre se sentó frente a Juan, sin decir palabra, Juan también lo miraba al punto que sus miradas se cruzaron unos instantes, y en ese momento sonó un celular, era el de Edgardo, cuando atendió se paró repentinamente y tapando con su mano el teléfono se dirigió a los dos conocidos para decirles que había surgido un problema en su estudio, difícilmente regresaría, pidan lo que ustedes deseen va por mi cuenta. 


El destino hizo que estos dos hombres se conocieran frente a frente en una mesa de un bar sin imaginarlo jamás, Dimitri no era un hombre grande pero su apariencia le sumaba algunos años, en cambio Juan parecía un joven de 40 años y ya tenía casi 50.

Juan rompió el silencio y le preguntó a Dimitri que deseaba tomar, Dimitri tardó en responder y después pidió un café. En un momento Juan tuvo deseos de inventar una excusa e irse, pero faltaban no menos de dos horas para abrir la persiana del gimnasio tarea que debía realizar solo él, dado que era el único empleado de Augusto su primo, el dueño. 


Tratando de entablar una conversación, Juan dijo mirando por la amplia ventana, Edgardo siempre tiene problemas en el trabajo, y eso que es el dueño, que sería si estuviera empleado.


Cuando el mozo le trajo el café a Dimitri este le dijo a Juan, así es, Edgardo es muy trabajador,...y ¿tú a qué te dedicas? preguntó Dimitri, a lo que Juan respondió, estoy en el negocio de los gimnasios, ¿tienes un gimnasio?, en realidad mi primo tiene uno y yo se lo administro. Ahh, que bien, es una linda actividad dijo Dimitri. Si, es muy linda dijo Juan, ¿y tú? yo soy profesor de matemáticas y dibujo técnico, en verdad es lo que he conseguido aquí en Argentina, en Rusia de donde soy oriundo trabajaba en un laboratorio científico de satélites espaciales, pero cuando los Chinos ingresaron en el negocio me echaron.

No había terminado Demitri de decir esto cuando apareció junto a la mesa una mujer de rostro inexpresivo, se podría decir de profunda angustia con un chico en brazos, y dirigiéndose a Dimitri le dijo algo en voz baja, entonces Dimitri sacó de su bolsillo una billetera muy gastada y finita, la abrió y le entregó a esa mujer un billete, la mujer sin decir palabra tomó el dinero y se retiró. 

Juan imaginó que Demitri le presentaría a esa señora que por sus rasgos y su idioma seguramente era su esposa, pero esto no ocurrió. 


Otro espacio de silencio se produjo, y ambos intentaron decir algo al mismo tiempo. Fue entonces que Dimitri sonrió y una robusta dentadura blanca iluminó el rostro de aquel hombre, demostrando un carácter afable y amplio que hasta el momento estaba oculto. A partir de allí la conversación fue aumentando en temas diversos, experiencia, viajes, anécdotas, ambos tenían esa capacidad de algunas personas de poder llegar a escuchar hablar cien horas sin importar lo que digan. Ese primer día Juan se fue a trabajar con la sensación de haber conocido a una persona muy inteligente y con una experiencia de vida enorme, de ser posible hubiera seguido charlando todo el día; cuando se encontraba inmerso en estos pensamientos sonó su teléfono, y pudo leer un mensaje de su amigo Edgardo que opacó un poco su nueva amistad, "Juan, te quiero avisar que Demitri es un muy buen hombre pero ten cuidado que está un poco loco".


Juan ni siquiera registró esta advertencia y durante varios días las reuniones con Dimitri continuaron, pero ahora con más comodidad después de cumplir con sus respectivos trabajos, el conocimiento mutuo fue en aumento y comenzaron como suele suceder a confiarse ciertas cuestiones privadas, por ejemplo Juan se enteró que esa mujer que venía a pedirle plata a Dimitri no era su esposa, era su hermana, la cual vivía con él en Rusia, y era madre soltera, Juan por su lado le había confiado a Demitri la seguidilla de proyectos fracasados de su vida y su relación inestable con Nora.


Esa tarde de Diciembre el calor era soportable pero la humedad no, Dimitri y Juan quedaron en encontrarse en la plaza para respirar aire fresco, así fue, un cómodo banco a la sombra de un gran árbol era un lugar adecuado, una brisa refrescante animaba su conversación, ya estaba bajando el sol y Juan le había prometido a Nora llevarla a una cervecería que preparaban unas riquísimas papas rústicas, fue entonces que le dijo a Dimitri si quería venir a conocer a Nora y tomar una cerveza... pero Demitri tenía que terminar de corregir unos últimos exámenes de rezagados alumnos, por lo cual le dijo a Juan que no faltaría oportunidad, ambos se pararon par irse cada cual por su lado, pero Dimitri se detuvo un instante y le hizo una pregunta a Juan, Hace unos días que quiero preguntarte algo si, Dimitri dime, y Dimitri le preguntó a Juan ¿tienes alguna experiencia en la teoría de las probabilidades?, ¿qué significa eso? preguntó Juan, nada, nada, dijo Dimitri, te lo comentaré en nuestro próxima encuentro, que disfrutes tu cerveza junto a Nora,...chau Dimitri, nos vemos.


No habían pasado dos días y el teléfono de Juan, recibió un mensaje de Dimitri que decía: "Juan, te espero en mi casa porque quiero comentarte lo de la teoría" La verdad que a Juan no le agradaba donde vivía Dimitri, era una pensión de mala muerte con baño y cocina compartida, la habitación que Dimitri alquilaba para él y su hermana era tétrica, un cordel del que colgaba una sábana separaba las camas de su hermana y su pequeño hijo y la de él, las paredes de la pieza lucían un empapelado semi arruinado que se sostenía de pura casualidad, un viejo ropero con espejo y una mesita desvencijada con dos sillas de pino era todo el mobiliario, una sola lámpara colgaba desde el medio del cielorraso, y solo la cama de Dimitri poseía una mesa de luz y velador. Juan había estado allí en una sola oportunidad para llevarle un medicamento para el sobrino de Demitri que no conseguían pero cuando lo quisieron convidar con un té Juan por poco sale huyendo.


Juan respondió, "No podemos mejor encontrarnos en el bar, lo digo para que estemos más cómodos, yo invito el café"


"No Juan, esto que deseo compartir contigo es un trabajo que he realizado durante veinte años y merece una reserva absoluta"


A Juan no le quedó más remedio que aceptar.


Esa tarde el clima era pésimo, una llovizna persistente humedecida la ropa, cuando Juan entró a la pensión y se dirigió a la habitación de Dimitri, su hermana salía pero sin su hijo.


Hola Juan, adelante, ¿que deseas tomar, te, café, mate? No gracias Dimitri, solo te aceptaría un poco de agua fría. Dame un momento ya traigo, cuando Dimitri salió de la habitación Juan pudo observar a solas aquella pieza, el niño dormía profundamente, y el foquito de luz encendido que iluminaba poco y nada conformaba un entorno paupérrimo, pero lo que más le molestaba era ese penetrante olor a humedad mezclado con el perfume de la criatura. Cuando Dimitri regresó traía una pequeña bandeja con una taza de té, un vaso con agua y bizcochos de grasa, con cuidado Dimitri depositó todo sobre la cama con la intención de dejar libre la única mesa existente, después se dirigió al ropero y de un estante superior sacó dos cajas de madera idénticas que ubicó una sobre la otra en la mesa, siéntate Juan te mostré algo que seguramente no has visto en toda tu vida.

Después que ambos estuvieron sentados frente a frente Dimitri abrió la primer caja que contenía decenas de pequeñas libretas numeradas prolijamente, cuando sacó un de ellas con el número 1, se la entregó a Juan para que la hojeara, Juan al abrirla observó que todas las hojas de la libreta contenían infinidad de listas de números y solo algunos remarcados con un círculo ¿imaginas, que es esto? Le preguntó Dimitri a Juan, no tengo ni idea, le respondió Juan mirando la libreta.

Este es el trabajo de estadística pura realizado durante más de 20 años, esta libreta que tienes en tus manos fue la primera, yo en ese momento era el hombre más feliz de Rusia, sigo sin entender dijo Juan. "Bien, te explicaré dijo Dimitri, cuando joven realicé una apuesta a un amigo mío que era un jugador empedernido, aposté que podía ganar en el casino miles de rublos si me dejaba realizar unos cálculos en un lapso de tiempo de seis meses y mis cálculos fueron exactos, esto me permitió no solo ganar la apuesta, continue aplicando mi teoría en la ruleta y pude ganar una suma de dinero enorme...Dimitri quedó con su mirada fija en los ojos de Juan sin decir palabra…¿y entonces?, le preguntó Juan intrigado, y entonces, contestó Dimitri, no consideré el principio y el final de cada ciclo, esto me impidió continuar ganando...Nuevamente Dimitri quedó en blanco…¿y entonces? preguntó ya algo exaltado Juan,... y entonces, respondió Dimitri, continúe perfeccionando mi teoría y ahora, después de todos estos años, el trabajo está concluido, ya conozco la cantidad de jugadas necesarias para que el ciclo comience o termine. ¿Qué significa esto de los ciclos? preguntó Juan,...Te explicaré estimado amigo.

Mi teoría se sustenta, en que cualquier sistema manual o mecánico que pueda brindar solo dos resultados, por ejemplo el colorado o negro de una ruleta, en forma aparentemente casual, estadisticamente no es así, yo he comprobado que estos resultados cumplen rigurosamente un ciclo repetitivo de entre 1200 o 1400 tiros, te enseñaré. 

Dimitri abrió la otra caja y de la misma sacó una ruleta en escala, y una libreta.

Después de abrir la libreta y observar una lista de números, hizo girar la ruleta y arrojó la bolilla, antes de que la bolilla cayera en un número, Dimitri con anterioridad le decía el resultado a Juan.

Colorado 14, colorado 23, negro 33, colorado 16, negro 20, colorado 12, negro 35, negro 31, 00, colorado 7, negro 15.

Dimitri no falló en ninguna oportunidad incluyendo el cero, después se quedó mirando a Juan sin decir palabra, y realizó una nueva demostración también sin fallar ni un solo juego y repitió esto una tercera vez para que no existiera duda alguna de su teoría, al finalizar le dijo a Juan, esto no se trata de cábalas, corazonadas o azar, esto que te he mostrado es solo ciencia pura.

Juan quedó impresionado, y no sabía que decirle a Dimitri sobre semejante proeza o ciencia para utilizar el término adecuado, solo le dijo, ¿por qué motivo me cuentas a mi este trabajo que evidentemente te puede convertir en multimillonario?

Es muy simple dijo Dimitri, para poder ganar en una ruleta se tiene que realizar entre dos personas, uno apuesta, tu,  en tanto yo realizo ciertos cálculos indispensables, sin inconveniente podemos ser dos los millonarios.

Cuando Juan aún no salía de su asombro, la criatura que dormía irrumpió en llantos, y entonces Dimitri guardó apresuradamente todo lo que contenían las cajas y las llevó nuevamente al ropero para después comenzar a cambiarles los pañales a su sobrino. Juan no pretendía ayudar en la tarea, y entonces quedaron en verse al otro día en el bar de siempre.

Durante el transcurso de camino de regreso a su casa Juan no sabía si lo vivido en la habitación de Dimitri era verdad o un sueño, pero sin duda era verdad, convertirse en millonario no era algo que estuviera en sus planes por esos días. 


Al día siguiente Juan esperaba a Dimitri en la mesa de siempre hasta que lo vio entrar, después de saludarse pidieron un café y comenzaron sin más preámbulo a ultimar los detalles de aquella empresa.

Como todo el proyecto y el dinero necesario surgía de Dimitri, se estableció el porcentaje para cada uno, 30% para Juan y 70% para el mentor, para Juan el 30% de millones de pesos sin arriesgar un centavo era como tocar el cielo con las manos, por lo cual este tema estaba superado.

Dimitri le detalló a Juan todo lo que debía hacer sin cometer errores, él, mediante señas muy disimuladas le indicaría a Juan cuánto apostar, a que número, e incluso los intervalos en los que no debía apostar, estos movimientos eran los indispensables hasta que se diera el golpe, este golpe consistía en apostar todo a un solo color, en la jugada que Dimitri le indicara. Quedaron en viajar a Mar del Plata el viernes de la semana próxima para ir al casino el sábado que es cuando concurren mayor cantidad de apostadores y ellos pasarían desapercibido hasta el momento culmine.

Esto se planificó así porque Demitri decía saber que en las salas de juego siempre están los veedores, señores que disimulan ser jugadores y en realidad controlan cualquier movimiento extraño, si los descubren a ellos, a uno apostando y al otro realizando cálculos, los obligarían a dejar la sala.


Después del viaje en micro el viernes a la noche, llegaron a Mar del Plata el sábado a la madrugada, Dimitri eligió un hotel próximo al casino bastante costoso, después de descansar almorzaron como reyes en el comedor del hotel y sin más vueltas se dirigieron al casino. Juan se sentía bastante nervioso a diferencia de Dimitri que se comportaba confiado y tranquilo, el plan consistía en que Dimitri le entregaría las fichas a Juan en los sanitarios en forma disimulada, y así fue, en un momento que no quedaba nadie en el baño, Dimitri le dio a Juan cinco fichas de las más grandes, después entraron por separado a la sala, Juan se dirigió a una mesa de acuerdo a lo planeado y Dimitri se colocó en un lugar estratégico para impartir las señas.


¡No va más!,  negro el 29, Dimitri no realizó ninguna señal, Juan no debía apostar aún, ¡No va más! negro el 10, Dimitri inmutable, ¡No va más! colorado el 5, Dimitri le hizo la señal a Juan, dos dedos hacia arriba, apostar al colorado una sola ficha de las grandes,...Juan acató la orden y le traspiraban las manos a pesar que el dinero que se arriesgaba no era propio….¡No va más!...el repiqueteo de la bolilla tardaba una eternidad hasta que se detuvo… y se escuchó nítidamente colorado el 34. A Juan su corazón le dio un brinco, ¡funcionó! se dijo, en tanto el crupier, dejaba al lado de la apuesta de Juan una montaña de fichas. El juego continuó y durante seis tiros Dimitri no le daba ninguna instrucción, hasta que en la séptima, le indicó a Juan con señas que apostara dos fichas grandes al color negro, Juan así lo hizo, y nuevamente, se escuchó el característico ¡No va más! ...luego esperar el desenlace,...Juan no quería ni mirar a la ruleta… negro el 4.

Juan no podía contener su entusiasmo, en un cálculo rápido habían ganado como 800.000 pesos, el 30% de esa cifra eran 240.000 pesos, eran los sueldos de todo un año en el gimnasio. 

Una enorme cantidad de fichas le entregó el crupier a Juan, los demás jugadores de la mesa hicieron sentir su admiración.

Cuando Juan miró a Dimitri este observaba fijo el paño, y mantenía el puño izquierdo cerrado señal que no se debía apostar, después cerró los dos puños, esa era la señal trascendental, cuando le guiñara el ojo izquierdo debia apostar a negro y si le guiñaba el derecho, debía de apostar todo a colorado, Juan espero ansioso la señal, pero los nervios bloquearon su mente y un escalofrío le corrió por la espalda, dudaba cual de los ojos de Dimitri era el izquierdo o el derecho, respiró profundo y exalo el aire a intervalos, y mentalmente se orientó con su mano, él era diestro, por lo cual solo tenía que interpretar como sería si estuviera frente a un espejo, pero esto le causaba dudas por lo cual prefirió interpretar que su mano con la que escribía era la derecha y entonces la de Dimitri sería la opuesta, la transpiración corría por su frente, cuando Dimitri, ahora sí, cerró su ojo izquierdo, Juan se dijo ¡todo al negro! ...es curioso lo de nuestras mentes cuando están trabajando al límite,...en lugar de apostar al negro, Juan apostó a colorado, pero dos segundos antes de que el crupier cantara el ¡no va más! Juan vio su error inexplicable, y alcanzó a cambiar de color todas las fichas estirando su cuerpo y su brazo al límite. ¡No va más! el repiqueteo de esa bolilla tardó una eternidad, hasta que se hizo un segundo de silencio, Juan había cerrado sus ojos, y el crupier cantó implacable…¡colorado el 12!  


Juan sintió que se desmayaba, su desesperación irracional hizo que tratara de no permitirle al crupier que se llevara esa fortuna, pero el encargado lo miró muy serio y con ese artefacto infernal que todo lo entrega o todo lo quita, se llevó todo. Juan no se animaba a mirar a Dimitri, y pasó por su mente que él era el responsable del error, cuando levantó la vista Dimitri no estaba, imagino a Dimitri queriéndolo matar, y se dijo, mejor así, aquí se terminó todo. Cuando comenzó a buscar la salida pasó frente a la barra y alguien lo llamaba, era Dimitri que le hacía señas para que se acercara.

Desencajado, y empapado en sudor, Juan se acercó, curiosamente Dimitri lo esperaba con una botella de champaña, Dimitri sirvió las dos copas y distendido dijo: cometí un error Juan, pero ya lo solucionaré,...¡salud compañero, el próximo año seremos ricos, te lo aseguro!


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