«Los grandes artistas copian, los genios roban.»
Pablo Picasso (1881 - 1973)
Miguel Fernandez Mora, más conocido en el ambiente artístico, —digamos informal— como FM, sabía muy bien que su actividad la desarrollaba muy próxima al límite entre lo legal de lo ilegal. Para ser más explícito, copiar una obra de arte a los efectos de practicar, por el solo gusto de hacerlo, o para observar en privado, o en un reducido grupo de amigos
—no es un delito— pero si dicha obra artística copiada con la destreza de FM, se comercializa como si fuera un original, la cárcel estará preparada para encerrar aquel que lo intente.
FM realizaba copias de consagradas obras de arte para vender dentro de un pujante y dinámico mercado negro, llevado a cabo por expertos delincuentes que conocían de arte, estafas y negocios turbios.
Debemos también decir que con las actuales técnicas de impresión, envejecimiento acelerado, y demás instrumentos; falsificar un cuadro es más sencillo que en otras épocas. Pero FM, se jactaba de ser un artesano de la guardia vieja, y lo era sin duda.
Para aquellas obras maestras de arte antiguas, las cuales poseen detalles similares a un vino de calidad muy añejo, en donde el tiempo aporta una impronta fundamental, el envejecimiento de las capas de pintura, su decoloración y resquebrajamiento, dan como resultado una delicada pátina, que forman parte de una firma indeleble de cada pintura, esa era una de las capacidades que poseía FM, mediante delicados intervalos de calor y frío, lograba el envejecimiento prematuro de una cuadro, en unos pocos días enviaba a esa obra reciente a cientos de años atrás.
FM, poseía un estudio que en verdad eran dos, el primero se podría decir que daba a la calle, al sol, al mundo decente, bajo las reglas de la ley y el orden; el otro al jardín trasero. De un lugar al otro se accedía por una puerta que simulaba ser una biblioteca. En el primero todas las obras eran firmadas como es lógico por su autor, FM, y en el segundo, las obras eran firmadas por innumerables artistas muertos hace muchísimo tiempo. Gracias al insuperable oficio de FM, un Van Gogh, un Monet, un Velazquez, un Rembrand o incluso un Caravaggio, eran rescatados de su aburrida vida de museos o colecciones privadas, para pasar a la aventura de un submundo de estafadores y sinvergüenzas.
Una tarde de otoño se contactó con FM, un joven de rostro jovial, alto, vestimenta informal, diciendo ser estudiante de pintura llamado Esteban, la intención del muchacho era tomar unas clases de pintura con él, pero ya en la primer entrevista las clases que quería tomar el joven no era en el estudio que daba a la calle, era en el que daba al patio trasero de la casa, su carta de presentación era de un amigo mutuo, que se dedicaba a manejar pequeñas y reservadas salas de exposición en algunos lugares de Europa. Yendo al grano, la idea era realizar una continuidad de obras de arte no muy conocidas por novatos del arte pictórico siempre y cuando fueran acaudalados hombres o mujeres de negocios y posteriormente estafarlos.
—Sólo serán tres cuadros de colecciones privadas, —le dijo el joven a FM— los dejamos a su elección, el único requerimiento es que deberán estar terminados dentro del año próximo. Nuestro mutuo amigo quiere saber el precio de cada una de las obras, cuando estén terminadas, él vendrá a darle el visto bueno y después yo las vendré a retirar, le entregaré su dinero, y me los llevaré todos el mismo día.
FM, era un hombre soltero que llevaba una vida metódica, su pasión más allá de la pintura era realizar caminatas en zona boscosa o montañosa escuchando música clásica, con sesenta años y un estado físico admirable le brindaba la confianza de realizar travesías muy largas en zonas de cierta complejidad, llegó a realizar jornadas de tres días disfrutando acampar, y encender una fogata bajo el majestuoso cielo estrellado al cual observaba en absoluto silencio. Después de analizar este encargo, decidió que sería el último trabajo de firmas apócrifas, después, solo se dedicaría a trabajos originales propios, que dicho sea de paso los vendía a muy buen precio. Pero las falsificaciones ocupaban para FM algo en su vida que no podía substituir por otra actividad, —amaba esta profesión—, pensando con total naturalidad «que esas obras copiadas por él no eran en sí mismo falsificaciones, solo las firmas de sus autores originales eran falsa», tal es así que todos sus trabajos a riesgo de ser descubierto con facilidad, eran firmados por él, una minúscula pincelada roja, en un lugar en el cuarto inferior izquierdo eran la distinción de su trabajo. FM aceptó el encargo y se estipuló un precio que le permitiría vivir sin trabajar recorriendo el mundo el resto de su vida.
FM comenzaba a trabajar en su estudio trasero alrededor de las diez de la noche y su tarea se prolongaba hasta el amanecer, pero como un cazador profesional, primero buscaba su preciada presa en el mayor de los tesoro que poseía su atelier nocturno, una biblioteca con más de cien volúmenes de libros con láminas a todo color y catálogo de exposiciones recopiladas en diversos lugares del mundo, en ese océano artístico FM buceaba varios días hasta encontrar su objetivo y después de la elección, antes de desplegar la tela, realizaba un estudio minucioso del carácter de ese autor, su estilo de vida, su lugar en el mundo, sus maestros, su obra. La elección estaba definida, en esta oportunidad sería Paul Gauguin, y tres de sus obras, Paisaje Bretón, Lutteurs en Herbe y En Pleine Chaurleur.
Una vez determinado el objetivo, ampliaba el cuadro elegido sobre una pantalla cuatro veces, y una enorme lupa con luz, sujeta a un brazo móvil, le permitía observar hasta las más mínima pincelada de cada uno de los detalles, pero FM, tenía la capacidad de plasmar la intención del propio artista, se podría decir incluso que detectaba el estado de ánimo del maestro durante los días en que realizaba el cuadro, FM se convertía cada noche en Paul Gauguin. Su trabajo lo acompañaba con varias copas de coñac y su música preferida Chaikovsky. Cuando terminaba su trabajo diario, esperaba que los primeros rayos del sol iluminaran las copas de unos árboles próximo a su ventana, después de correr las cortinas se retiraba a descansar. Cuando se disfruta lo que se realiza, no se está trabajando, FM realizaba su tarea diaria incansablemente, sin perturbaciones, y era un hombre feliz.
Cuando la parte artística estaba terminada, FM realizaba la última revisión antes del proceso de envejecimiento, en otro pantalla proyectaba la copia aumentada cuatro veces y la comparaba con el original, solo muy delicadas pinceladas completaba su trabajo, y a pesar de entender que se arriesgaba a que su obra fuera descubierta con facilidad, la firmaba, un minúsculo punto rojo a diez centímetros del margen inferior y a otros diez centimetros del izquierdo, a pesar del enorme riesgo que esto implicaba, no podía dejar de hacerlo.
Un año después de haber terminado el encargo. Una noche de lluvia, paró frente a la casa de FM un automóvil negro de alta gama, el chófer le abrió la puerta trasera a un hombre bajo, y lo acompañó protegiéndolo de la lluvia con un amplio paraguas muy colorido hasta la entrada.
—¡Apreciado Paul, cuánto tiempo que no nos vemos! —le dijo FM— en voz alta al pequeño hombre, haciéndolo pasar. Era el comprador de su último trabajo. Paul era un simpático señor de impecable traje de corte tradicional cruzado, sus zapatos de cuero claro, más su reloj, demostraba a primera vista su enorme solvencia económica.
—Estimado maestro de maestros, el clima de tu país me perturba, pero aquí estoy. —le dijo con una amplia sonrisa, Paul..
Ambos amigos charlaron durante la cena recordando anécdotas inolvidables de compra y venta de obras de arte, genuinas y no tanto, después, el café con coñac se sirvió en el atelier trasero. Al entrar, FM iluminó los tres cuadros cubiertos con una tela de seda negra, y los descubrió para su amigo como si mostrara una joya exquisita. Paul, primero los miró a dos metros de distancia, recorriendolos con su mirada experta, sin decir palabra, inmediatamente después sacó de su bolsillo una lupa, y los inspeccionó uno a uno, en toda su superficie, deteniéndose en algunos lugares específicos, cuando terminó lo miró a FM y le dijo en voz baja. Son realmente sublimes y geniales, mi querido maestro de maestros.
Habían pasado varios meses de la entrega del trabajo cuando FM recibió una carta que pertenecía a su amigo Paul, y decía así:
"Estimado maestro de maestros con profundo pesar debo decirte que mi último negocio fue descubierto, seguramente cuando leas esta carta estaré en prisión, por lo que sé, la policía ha seguido el rastro de nuestro último trabajo y más temprano que tarde llegarán a ti, lamento que nuestra larga amistad termine de esta manera, no me ofenderé si declaras desconocerme, pero la situación es compleja, porque una mujer que poseía en su colección privada uno de los cuadros, se enteró de que uno igual lo había adquirido un billonario que lo publicó en Internet, lo que siguió puedes imaginarlo".
A los pocos días se presentó en la casa de Miguel un patrullero y dos policías con una orden de allanamiento, revisaron todo incluido el atelier del patio trasero, se llevaron varios cuadros y a Miguel, esposado.
El día del juicio llegó. Cuando a Miguel lo trasladaron a la sala le retiraron las esposas y lo sentaron en el banquillo de los acusados; sus tres cuadros se encontraban expuestos frente al jurado, después que el fiscal leyó todos los cargos la jueza, mirándolo a FM le preguntó si tenía algo para decir, y entonces FM poniéndose de pie dijo:
—Señora jueza, debo decir que estos tres cuadros los cuales son excelentes copias de los originales, han sido realizados por mí; y mi cliente pagó mi trabajo en forma correcta, pero desconozco donde está mi falta porque como es mi costumbre yo firmo todos mis cuadros, incluidos estos, imagino que si fuera un falsificador como ustedes me acusan no sería tan tonto en firmar un delito. La jueza asombrada miró al perito y lo llamó al estrado, después, el perito le preguntó a FM, —¿en qué lugar del cuadro está su supuesta firma?.
Cuando FM indicó el lugar exacto de aquel minúsculo punto rojo, el perito con una gran lupa observó el lugar de cada tela y tuvo que afirmar que FM decía la verdad. No obstante esta sutileza no libró a FM de ser acusado y condenado, pero muy levemente. Un año de prisión domiciliaria, más dos años de tareas comunitarias, —enseñar dibujo en una escuela primaria—, esta condena Miguel la disfrutó muchísimo y el contacto con chicos le fue muy gratificante; por último se le advirtió que de reincidir en realizar copias de obras de arte podría tener que soportar una condena mucho mayor.
Las tres copias de los cuadros de Paul Gauguin se enviaron a quemar.
Salieron del depósito del juzgado envueltas en papel madera y cinta adhesiva, y se cargaron en la camioneta bajo la custodia de un agente que después de colocar el precinto de seguridad, no les quitó la vista de encima, excepto durante el trayecto.
Durante el mismo, el vehículo solo se detuvo frente a algunos semáforos. Pero al llegar, cuando el agente rompió el precinto y abrió la puerta de la camioneta policial para trasladar los cuadros al horno industrial, para su sorpresa e impotencia, sólo encontró los marcos y restos de papel: las telas habían desaparecido.
Fin de esta historia





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