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miércoles, agosto 12, 2026

UNA MAESTRA RURAL

 


La educación es una obra de paciencia y de abnegación, de satisfacción interior y no de triunfos ruidosos.

Juana Manso (1819-1875)

1

         Dos horas de caminata le llevaba a Gloria llegar a su escuela. Su escuela, porque a pesar de ser propiedad de la provincia el edificio y todo lo que contenía, ese lugar le pertenecía; ella, la única maestra, lo cuidaba como si fuera su propia casa.




El zonda, el calor o el frío intenso templaron el carácter de una mujer ruda, con un único objetivo, similar al del náufrago que arroja una botella al mar con la esperanza de que alguien la encuentre. Para ella, ese mensaje consistía en lograr cinco futuros posibles para enfrentar un mundo hostil: Marita, la más chica; Rosalía, inteligente pero tímida; Florencio, delgado y bueno; Aníbal, una luz en matemáticas; y José, el más grande del grupo, fortachón y corajudo. Él solo enfrentó ese día al puma, seguramente tan hambriento como él.

Esa mañana el sol brillaba iluminando los cerros. Los cinco alumnos estaban parados frente al mástil y cantando como todos los días a las ocho en punto Aurora, mientras Juanita, la más pequeña del grupo, izaba la bandera con su delantal blanco, sus zapatillas rotas y sus dos trenzas negras como el carbón.

«Alta en el cielo un águila guerrera

audaz se eleva en vuelo triunfal,

azul un ala del color del cielo,

azul un ala del color del mar.

Así en el alta aurora irradial,

punta de flecha el áureo rostro imita

y forma estela al purpurado cuello.

El ala es paño, el águila es bandera,

es la bandera de la patria mía,

del sol nacida, que me ha dado Dios». 

Cuando sus voces fuertes y claras entonaban la canción patria, y seguramente sus corazones y sus mentes, en ese inhóspito lugar, junto a su maestra, sentían el amor sincero por su bandera, el suelo comenzó a temblar. El terror se apoderó del grupo, que corrió para protegerse en el lugar más seguro y confiable del mundo: junto a su maestra.

—¡No teman, chicos! ¡Ya va a pasar! ¡No tengan miedo, Dios nos protege! ¡Dios nos protege!

Fueron los tres minutos más largos de la vida de cada uno de ellos, excepto para José, que sabía de estas sacudidas. Cuando terminó, todos estaban abrazados en el patio; el mástil dejó de moverse. Pero, inmediatamente después, un estampido los asustó nuevamente: era la escuela que se desplomaba en cien pedazos frente a sus ojos atónitos, arrastrando los palos del techo y dejando una polvareda que cubrió sus cabezas con tierra.

—¡Viene otro! —gritó José.

Este temblor duró menos, pero dejó un surco que partió el patio de tierra en dos. Con el pasar de los minutos, regresó la calma. A Gloria aún le palpitaba el corazón con fuerza y dos lágrimas corrían por sus mejillas, pero debía mostrar fortaleza, sacarla de donde fuera.




—Ya pasó, chicos, ya pasó —tranquilizaba Gloria a sus alumnos, pero en su fuero íntimo sabía que, si hubiera ocurrido unos minutos después, habría sido una desgracia. Miró a los ojos a José mientras acariciaba la cabeza de Marita y abrazaba a Rosalía, que todavía temblaba de miedo. José le hizo una seña y ambos, sin hablar, quedaron de acuerdo en no decir nada más.

—¿Qué vamos a hacer, señorita Gloria, ahora que no tenemos escuela? —preguntó Florencio mirando la montaña de escombros.

—Por hoy, nada; pero mañana seguiremos adelante con lo que tenemos —respondió ella, resuelta.

—¿Qué tenemos? —preguntó Aníbal.

—En primer lugar, nos tenemos a nosotros; y después, toda nuestra escuela está allí, solo necesitamos volver a colocar los ladrillos en su lugar. —Gloria decía esto sabiendo que no les quedaba nada, mientras en su cabeza se agolpaban las ideas para imaginar por dónde empezar—. Bueno, chicos, mañana hay mucho por hacer. Vayan a sus casas y díganle a sus padres que habrá una reunión por la mañana, aquí en la escuela.

Cuando los chicos se fueron, Gloria se acercó a ver lo que quedaba de su escuela. Después de retirar unos palos y ladrillos, rescató el cartel que aún estaba sano, en el que se leía: «Escuela N.º 5».

2

Al día siguiente, Gloria llegó agotada cargando un bulto sobre su espalda; después de dejarlo sobre el piso, respiró profundamente. Al cabo de unos minutos llegaron sus alumnos junto a sus padres, quienes uno a uno la saludaron respetuosamente. Cuando todos estuvieron reunidos en el patio, Gloria, viendo a ese grupo de familias —con sus manos rústicas por las tareas del campo, sus rostros sombríos, sus ropas viejas—, entendió que su función, su trabajo y su empeño no solo eran necesarios, sino indispensables.

—Alumnos, papás, como pueden ver, la escuela está destruida. No obstante, las clases deben continuar; por eso, pido su ayuda para reconstruirla. Hoy mismo por la tarde iré a la gobernación para conseguir recursos, y mañana no habrá clases. Pero regresaré el miércoles y, si me ayudan, podemos empezar.

Cuando Gloria terminó de decir esto, el papá de José pidió permiso para hablar:

—Maestra, hoy mismo podemos empezar a trabajar. No necesitamos que usted, que tanto hace por nosotros, esté aquí. Usted consiga el dinero, nosotros pondremos nuestros brazos.

Todos asintieron. Ese mismo día empezó la reconstrucción de la escuela. El primer trabajo fue colocar el cartel de la escuela junto al pizarrón clavados en un algarrobo; después, Gloria extendió la lona que trajo sobre el piso.

—Bien, alumnos, tenemos mucho trabajo por delante, pero primero debemos izar nuestra bandera.

Todos los chicos se alinearon frente al mástil. Marita comenzó a izarla lentamente mientras todos cantaban la canción Aurora. Ese día, Gloria dio clases bajo el árbol con los chicos sentados sobre la lona, mientras sus padres trabajaban en la reconstrucción: los ladrillos por un lado, los palos del techo por otro y todo elemento que estuviera sano o se pudiera arreglar se juntaba en un sector del patio.

Al terminar la jornada, Gloria preguntó al grupo de padres qué necesitaban para levantar las paredes y rehacer el techo. Cuando terminó la lista, se dio cuenta de que la cantidad de materiales era enorme e imaginó el dinero que se precisaba: tirantes de madera, chapas, cemento, cal, clavos... Y la lista seguía. Sin la ayuda de la gobernación sería imposible.

Esa misma tarde, Gloria tomó el colectivo para la capital. A primera hora de la mañana se dirigió a la Dirección de Infraestructura Escolar; solicitó hablar con el director, pero, después de esperar dos horas, le dijeron que ese día no vendría y que la atendería el secretario.

Cuando la recibió, el secretario resultó ser un hombre alto, con un impecable traje gris, camisa blanca y corbata. Gloria se presentó y le dio todos los detalles de lo ocurrido, agregando la urgencia del caso porque sus alumnos no podían perder días de clase.

—Entonces, usted es la señorita Gloria García, de la Escuela Número Cinco —le reiteró este señor mientras escribía en un cuaderno.

—Así es, señor.

—Bien, y me dice usted que allí concurren cinco alumnos, ¿verdad?

—Así es, señor.

—Bien, bien —le dijo el secretario con cara de funcionario importante—. Lamentablemente, señorita García, por el momento no contamos con los recursos suficientes, por lo cual derivaremos a estos alumnos a la Escuela Número Diez y la tendremos informada para indicarle en qué lugar tomará servicio.

—Pero eso, señor secretario, es imposible —le respondió Gloria, preocupada—. Mis alumnos no pueden ir a esa escuela, porque queda del otro lado del río y es peligroso cuando llueve y crece de improviso, sumado a que tendrían una hora más de caminata.

—Lamento ese inconveniente, pero usted no puede pretender que por cinco alumnos debamos desatender otras cosas —le decía el secretario, cerrando su cuaderno en señal de que la reunión había terminado.

—¿Pero entonces, señor, vamos a dejar a estos chicos librados a su suerte? Creo que como Estado tenemos una responsabilidad, ¿no cree usted?

—Lo que usted o yo creamos no cambia nada. ¡No hay recursos, señorita García!, y eso es todo lo que le puedo decir.

—¿Qué ocurriría si la escuela la arreglan los padres? —preguntó Gloria, indignada.

—Bueno, en ese caso, todo seguiría como antes, y tal vez pueda conseguir que se coloque una placa conmemorativa agradeciendo la colaboración —dijo el funcionario con cinismo.




—Le diré algo, señor secretario; espero que lo anote en su libreta y se lo transmita al gobernador —le dijo en tono enérgico Gloria—. ¡Ni usted ni el gobernador sirven para una mierda! ¿Me entendió? ¡No sé si fui lo suficientemente clara! Mis saludos al gobernador.

Gloria se fue de allí furiosa, pegando un portazo. En el trayecto de regreso, más calmada, pensaba cómo explicar a los padres y a sus alumnos que la escuela no funcionaría más, y lo que más le dolía: que los chicos ya no quedarían a su cargo.

3

Cuando al día siguiente Gloria explicó a los niños y a sus padres la mala noticia, en un primer momento todos se quedaron callados, entendiendo la impotencia de ser pobres, de no tener recursos y de ser ignorados sin importar sus destinos.

—¿Qué pasa, maestra, si levantamos la escuela nosotros? —dijo el padre de José.

—Sin dinero, ¿cómo lo haríamos? Mi sueldo es muy poco para comprar todo —expresó Gloria con tristeza.

—Yo creo que tanto no haría falta, siempre que realicemos algunos cambios.

—¿A qué cambios se refiere, señor?

El padre de José, con su voz pausada y el característico acento de los hombres de campo, comenzó su explicación:

—Bueno, en primer lugar deberá ser más chica: tendremos que disminuir el largo de la sala; después, las paredes de ladrillo las levantaremos con adobe; las chapas para el techo las enderezamos, no quedarán como nuevas, pero no pasará el agua. En cuanto a la puerta y las ventanas, el padre de Florencio es carpintero…

—Así es, maestra —se apresuró a decir un señor morocho, quitándose su sombrero de ala ancha—. Yo me comprometo a reparar las ventanas, la puerta y los pupitres.

—Y nosotras, señorita —expresó la madre de Marita—, las mujeres, no nos quedaremos de brazos cruzados: haremos la comida y también podemos preparar el adobe para pegar los ladrillos.

—¿Cómo puedo ayudar? —dijo Gloria, emocionada y con lágrimas en los ojos.

—Usted, maestra —le respondió la mamá de Rosalía—, tiene que hacer lo que sabe: enseñar a nuestros hijos, porque ellos son nuestro futuro, nuestro sueño. Jamás deje de darles clase, maestra. Nosotros confiamos en usted y sabemos que ellos no nos defraudarán, son de buena madera.

Gloria, conmovida, fue y abrazó a la señora y le dijo:

—Estos chicos, querida señora, serán, no tenga dudas, grandes mujeres y hombres, se lo prometo.

A la mañana siguiente, cuando Gloria llegó a la escuela, la escena era conmovedora: una fogata encendida junto a una mesa improvisada se había preparado para compartir el desayuno de tortilla norteña y mate cocido. El sol recién despuntaba sobre las sierras, evaporando la humedad de la noche.

—¡A trabajar! —dijo alguien.

Todos comenzaron con sus tareas. Después de despejar el piso del salón, que no había sufrido daños, se comenzaron a distribuir los ladrillos para levantar las paredes. En una plataforma de madera con dos palos se arrastraba el adobe preparado por algunas mujeres. Con un cordel se había replanteado el salón y los padres de José y Marita empezaron a colocar las primeras hiladas de ladrillos.

El padre de Aníbal, que era el carpintero, comenzó a reparar las ventanas porque se colocarían primero, y agrupó los pupitres a la espera de ser arreglados. Dos hombres, a golpes, enderezaban las chapas retorcidas, mientras otro ordenaba los tirantes sanos.

Alrededor de las diez de la mañana, dos señoras comenzaron a preparar un guiso para el mediodía.



Los chicos, entre el sonido de los golpes y los gritos de sus padres, parecían entusiasmados en prestar atención a lo que escribía Gloria en el pizarrón. Ella lloraba, loca de contenta: lo que estaba ocurriendo allí, entre las sierras y caminos polvorientos y desolados, era un milagro.

—¿Por qué llora, señorita? —le preguntó Marita con cara de preocupación—. ¿Tiene miedo de que nuestros padres no sepan construir la escuela?

—No, Marita, no, querida; lloro porque… porque… ¡porque estoy feliz!

—Yo creía que se lloraba solo cuando se está triste —le dijo Marita.

—No, Marita, la gente también llora cuando está feliz, ya lo verás cuando seas grande.

4

Se tardó quince días en levantar las paredes hasta el techo. Una mañana, Gloria observó que los hombres tenían algún inconveniente porque hablaban en voz baja entre ellos y no comenzaban con la cubierta.

—¿Ocurre algo? —les preguntó Gloria, preocupada.

Fue entonces cuando el padre de José, un poco avergonzado, le confesó el problema:

—Lo que ocurre, maestra, es que para seguir con el techo necesitamos dos tirantes de madera gruesos, clavos para chapas, martillos, alambre y un serrucho más, porque el único que tenemos lo está utilizando el papá de Aníbal.

—Realicemos la lista, yo me encargo —dijo resuelta Gloria.

Al otro día, Gloria entró a la única ferretería que había en el pequeño pueblo.

—¿Qué necesita la maestra? —le dijo aquel viejo gruñón apodado por todos como «Perro Malo».

Gloria le extendió la lista sobre el mostrador, sabiendo que el dinero que llevaba no le alcanzaría.

—No me alcanzará para pagarle todo —dijo secamente Gloria.

—¿Quién le dijo que me lo tenía que pagar? —dijo aquel hombre de gorra y mameluco sucio—. Es solo un préstamo.




—¿¡Un préstamo!? —preguntó Gloria, extrañada.

—Sí, como me oyó: un préstamo.

—¿Y cuándo lo tendré que devolver?

—El mismo día que me muera, ni un día antes ni un día después —dijo el hombre seriamente—, que, dicho sea de paso, no falta mucho. Ese día, si no me encuentra, deje todo en el patio, seguro estará el portón abierto.

Gloria se acercó al viejo ferretero y le dio un beso en la mejilla. Mientras el hombre preparaba el pedido, comentó:

—Sabe, maestra, me hubiera gustado verle la cara al funcionario cuando le dijo de frente lo que todos pensamos y sabemos. Me imagino el momento y me río solo.

—¿Quién le contó? —preguntó Gloria, ruborizada.

—Un pajarito. Bueno, mañana le alcanzaré todo, lo llevaré con la chata.

5

La escuela por fin se terminó. Todos trabajaron la última noche, apurados para poder dar los últimos detalles: las paredes lucían rústicas y blancas como la nieve, contrastando perfectas con el tono claro de la madera; el piso de cemento brillaba como un espejo a fuerza de kerosén, y los pupitres habían quedado como nuevos. El ferretero agregó a su préstamo una salamandra de hierro cuyo tiraje colocó él mismo.

El lunes por la mañana, a las ocho en punto, todos estaban reunidos esperando ansiosos que llegara Gloria frente a la puerta, la cual ostentaba un cartel que decía: «Escuela N.º 5 de la maestra Gloria García». Cuando ella llegó, todos la aplaudieron y Marita le dio un abrazo, un beso y le entregó el mayor de los trofeos que puede recibir una maestra rural: la llave de su escuela. Ese día no hubo clases; se hizo un asado como festejo, que también dio en préstamo el viejo ferretero.

Los años pasaron y los alumnos de la maestra Gloria encontraron su destino: José llegó a ser capataz de una empresa avícola; Aníbal se recibió de ingeniero civil; Florencio fundó un próspero aserradero; Rosalía estudió violín y trabaja en la orquesta estable del Teatro Colón; y Marita, la más chica, fue maestra rural y fundó la primera biblioteca de su pueblo. Una vez por año se encontraban en la vieja escuela sus alumnos, acompañados por sus hijos, para dejar allí un ramo de flores en homenaje a su maestra.

A pesar de estar en pie, las autoridades habían clausurado la escuelita definitivamente por no cumplir con las normas edilicias necesarias para una educación de calidad.

Gloria García, un día de invierno, ya no pudo concurrir a su querida escuela: no por no querer, sino por no poder. Tal vez el viento zonda siga con persistencia tratando de aplacar su espíritu, pero no pudo, porque ella se eleva majestuosa como el águila guerrera de la canción patria:

«Alta en el cielo un águila guerrera

audaz se eleva en vuelo triunfal,

azul un ala del color del cielo,

azul un ala del color del mar».



FIN DE ESTA HISTORIA 


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sábado, agosto 08, 2026

UN ATARDECER EN PRIMAVERA

 «Los dos guerreros más poderosos son la paciencia y el tiempo».

León Tolstói (1828 - 1910)


—Tú no entiendes nada, hermano; los automóviles revolucionarán el mundo, la tracción a sangre no existirá y te puedo asegurar que el hombre podrá volar —le decía Germán a su hermano con medio cuerpo dentro del motor de su automóvil.




—Puede ser, hermano, pero ¿para qué tanto entusiasmo si en las plantas y en las flores se puede encontrar la felicidad? —le replicaba Adrián a su hermano—. Yo imagino un mundo no de ruidosos motores; mejor sería de calma, fragancias y poesía.

—¿¡Fragancias y poesías!? Pareces una niña enamorada, no un hombre. A los hombres nos gustan los motores, el ruido, la velocidad y desafiar a la muerte.

—No soy una niña, pero sí estoy enamorado; lo estoy de mi jardín, mis plantas, mis flores y el suave sol de la primavera.

—Es inútil, hermano, jamás podremos estar de acuerdo: tú eres un romántico y yo soy un aventurero.

—En ese punto estamos de acuerdo: somos lo opuesto, el blanco y el negro. Pero de todos modos te aprecio, hermano; tú eres como nuestro padre y yo soy como mamá.

—Yo también te quiero, hermano, a pesar de que tenemos gustos tan distintos —le respondió Germán a su hermano, incorporándose y apuntándole con una llave inglesa—. Una cosa, Adrián: ¿podrás acompañar a mamá al médico?

—Sí, siempre lo hago.

—Sí, es cierto, pero ayer, cuando le fui a pedir una toalla, me trajo una remera; le reiteré el pedido y regresó con un vaso con agua. ¿Tú has notado algo similar alguna vez?

—Muchas veces, querido hermano. Hace casi un año que empezó con eso, y el médico me dijo que se trata de reblandecimiento cerebral: no tiene cura, es por la edad. Debemos ir pensando en que la perderemos.

—¿¡Por qué no me lo comentaste, hermano!?

—Te lo dije, pero tú estabas entusiasmado con la carrera y ni siquiera lo registraste.

—¡Cómo no voy a registrar tal cosa! ¡No puede ser!

—Tu cabeza estaba ocupada al cien por ciento en el motor de tu auto, y me pareció que, como no hay remedio a la ley de la vida, era mejor así.

—¿Mejor así qué?

—Eso, que continúes disfrutando de tu vida.

—¿Qué haremos, hermano? —le preguntó Germán apesadumbrado—. ¿Quién la cuidará?

—Ya me ocupé yo, y el mes próximo vendrá una señora a estar con ella todo el tiempo.

—¿Cómo lo tomó papá?

—Lo tomó como él y tú toman las cosas: me hizo exactamente la misma pregunta: «¿Quién la cuidará?».

—Es decir, que ambos estamos preocupados.

Adrián miró a su hermano con cierta resignación, tomó su cajón de jardinería y después dijo:

—Así es, hermano: todos estamos preocupados, incluidos ustedes dos.

Dos años después de la muerte de su madre

—¿Cómo está papá, Adrián?

—Delicado, pero bien. Me pregunta todas las noches cuándo vendrás a verlo.

—Pronto. Lo que ocurre es que con la fábrica no me queda mucho tiempo y es un viaje largo.




—Son cuatrocientos kilómetros. Con tu auto en cuatro horas estarías aquí, te quedas una noche y al otro día estarás de regreso.

—Tal vez el mes próximo, hermano.

—¿Cómo estás tú?

—Yo bien, cuidando a papá, la casa y el jardín; tengo para entretenerme de lunes a lunes —decía Adrián mientras le secaba la boca a su padre, apartando su taza de té.

—Qué bien, Adrián. Una cosa más, hermano: si necesitas dinero, solo debes pedírmelo, la cantidad que sea.

—Por ahora está todo bajo control; si necesito, te aviso.

—Excelente. Tengo que cortar, los chicos están peleando y Nora está a los gritos. Mi familia es una constante locura.

—Dales mis saludos a todos.

—Así lo haré. Recuerda llamarme para lo que necesites.

Un año después de la muerte del padre

—Hola, Germán.

—Hermano, ¡qué sorpresa! ¿Cómo estás?

—Bien, Germán —le decía Adrián a su hermano mirando desde la galería de la amplia casa el atardecer y su jardín repleto de flores, sintiendo su fragancia—. Quería reunirme contigo para ver qué hacemos con la casa.

—¿Por qué, hermano? ¿Estás incómodo allí?

—No, pero la casa me queda grande y tengo que ir pensando en tener un jardín más modesto. Te recuerdo que yo soy quince años mayor que tú y, como vivo solo, tengo que pensar en cómo enfrentar mi vejez.

—No pienses tonterías, hombre: tú tienes cuerda para rato. Pero si quieres venderla, yo no me opongo; encárgate de la operación y dime cuándo haya que firmar algo. Discúlpame, pero he dejado una reunión y me esperan.

—¡Adelante, adelante! Atiende tus cosas. Me da gusto escuchar al menos tu voz; desde que papá murió no nos vemos.

Germán ya había cortado sin poder escuchar esto último que le decía su hermano.




Adrián murió a los dos meses de esta conversación sin poder ver a su hermano al menos una vez más; tampoco vendió la casa de sus padres. Lo encontraron recostado sobre su sillón, con su té de la tarde servido, al atardecer, en primavera.


Fin de esta historia 


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viernes, agosto 07, 2026

UN PARTIDO DE FÚTBOL EN EL AÑO 2226

 


«No podemos predecir el futuro, pero podemos inventarlo.»

Dennis Gabor (1900 - 1979)


AÑO 2226

—Hola Kai, al fin me atiendes, ¿qué estás haciendo?

—Elion, ¡qué sorpresa!, acabo de instalarme en mi nuevo módulo, lo terminaron hace un par de días. ¿Cómo estás, querido amigo?

—Por ahora bien, pero me temo que si no soluciono un problema en la planta potabilizadora, me echarán el próximo lunes. Cuarenta millones de personas se quedarán sin agua potable, y yo seré el responsable.

—Ustedes, los ingenieros, son siempre alarmistas; después solucionan todo.

—Espero que eso ocurra, porque de lo contrario saldré en las noticias.




—Para serte franco, yo también pendo de un hilo. La semana pasada se rompió una válvula del depósito de oxígeno y no había repuesto. Por suerte aquí hay un experimentado señor que la reparó; es un mago con todo lo referente a electrónica, mecánica y robótica. Si pido un viaje de emergencia, con la situación económica de la base, me echan sin remedio.

—Escuché en las noticias que la base lunar está económicamente quebrada, ¿es así?

—El inconveniente es que la base china logra —no me preguntes cómo— cerrar contratos con decenas de empresas de investigación. En cambio nosotros solo trabajamos para PLX, que desde que empezó con los viajes a Marte tiene gastos enormes y falta mucho para que su negocio le brinde beneficios.

—Te digo que aquí, Kai, están ocurriendo cosas muy extrañas. Desde que se amplió la Corte Internacional de Justicia, el sistema de agua y alimentos sigue de mal en peor. Se están tomando medidas de emergencia que son parches y que solo afectan a los no ciudadanos. Esto está generando un malestar que puede estallar en cualquier momento.

—Algo escuché, pero es como siempre: dejan que la cuerda se estire y se estire.

—¿Cómo están tus padres y tus hijos, Kai?

—Muy bien, mis padres a sus ciento setenta años siguen buscando aventuras. Ahora están en una colonia aquí en la Luna, del lado oscuro; me dijeron que les encanta, hacen caminatas grupales y acampan. Son unos viejos locos. Y mis hijos están armando una empresa de robótica muy original: son robots acompañantes y asistentes que pueden interactuar con chicos, adolescentes y adultos motivándolos para su crecimiento personal en aquellas áreas que les interesan y más les gustan, detectando las aptitudes de cada uno.

—Qué interesante. ¿Ya los están comercializando?

—Aún no, están en una etapa de pulido de detalles y todavía no tienen al capitalista interesado. De hecho, esto no es una idea nueva, Japón ha desarrollado algo muy similar, pero mis hijos sostienen que pueden mejorar el valor de venta.

—¿Cómo está tu familia, Elion?

—¿Cuál de ellas: la primera, la segunda o la tercera? —respondió irónicamente Elion.

—Todas, hombre, cuéntame —dijo sonriente Kai.

—Bien, muy bien. Todos al frente de sus empresas. Quiero reunirlos a todos en mi cumpleaños; ciento diez solo se cumplen una vez en la vida. Están invitados tú y tu novia.

—Allí estaré, amigo.

—El que está en problemas es nuestro amigo común Jual.

—¿Qué le pasa?

—¿Recuerdas que tenía su empresa de drones?

—Sí, por supuesto.

—Bueno, había lanzado un nuevo producto que consistía en drones de carga y uno de ellos falló estallando en una empresa, lo que provocó un incendio devastador. La última vez que hablé con él estaba desbordado. Le pregunté si necesitaba ayuda y me respondió que solo podía solucionarlo con varios millones de Bitcoins 23.

—¿Pero no tenía seguro?

—No, administrativamente es un desastre, no tenía seguro. ¿Puedes creerlo?

—Él se busca los problemas, es increíble.

—Tengo que dejarte, Kai, tengo una reunión de emergencia.

—Suerte, nos hablamos.

EN ALGÚN LUGAR DE LA TIERRA

Los dos amigos quedaron en encontrarse donde siempre: un lugar de la ciudad muy descuidado, una pequeña plaza sombría entre altos edificios de departamentos grises con sus escaleras de emergencia oxidadas. El césped se observaba en mal estado, crecido, y un olor a humo se sentía en el aire.

—Hola, Elis.

—Hola, Rin, ¿cómo estás?




—Si te digo bien, te estaría mintiendo; tal vez lo correcto sería decir que aún vivo.

—Tú eres siempre melodramático, tienes que ver la vida desde otra perspectiva.

—¿Y qué perspectiva es esa?

—Disfrutar de tus seres queridos, por ejemplo.

—Mis hijos viven todo el día conectados a su mundo virtual. Su madre los debe zamarrear para que coman y beban algo. Raly es una buena mujer, pero hablamos poco y nada. Como conclusión, estoy harto de esta vida.

—¿No has probado ir al teatro, al cine o al parque a andar en patineta?

—Me he aburrido de todo eso, no encuentro una distracción para mí. Incluido eso que no me preguntas pero que imaginas. Me gustaba viajar en mi auto, pero desde que nos prohibieron circular fuera de nuestras ciudades me quitaron mi libertad, parte de mi vida. Quisiera ver nuevamente un amanecer en el mar, disfrutar de un campamento en las montañas o correr en el campo bajo el sol. Pero no, nosotros solo podemos subsistir, no podemos disfrutar de la vida. Debemos conformarnos con ese mundo virtual que es gratuito, pero no existe.

—Piensa, Elis, que a todos nosotros nos falta esa libertad que añoras, no es a ti solo. Mira, hace unos meses que me estoy reuniendo con un grupo de personas que pretendemos poder cambiar las cosas. ¿Quieres venir?

—No podrán cambiar nada, ya se intentó una vez y fue peor.

—Esta vez es distinto: en aquel momento se quiso hacer por la fuerza, hoy no; estamos convencidos de que podemos aportar algo más que tan solo ser indocumentados a los que se les da vivienda, alimentos y agua de mala calidad.

—Dime sinceramente, Rin, no tenemos estudios, jamás hemos trabajado, solo sabemos leer, escribir y manejar nuestros teléfonos. ¿Qué podemos brindar a una sociedad que nos ignora?

—Hay algo que podemos brindar.

—¿Qué cosa, amigo?

—Suplantar a los robots.

—Eso es imposible, son muy superiores y eficaces, es imposible reemplazarlos.

—Te daré un ejemplo simple, Rin.

—Cuál, sabelotodo.

—El deporte, ¿a ti te gusta?

—No, el gimnasio me ha saturado, se ha convertido en una película virtual sin atractivo; lo mismo ocurre con otros viejos deportes como el golf, el básquet o el tenis. Se juegan de forma individual dentro de las casas, frente a una pantalla.

—Exacto, Rin, cada vez se está menos en contacto con el sol, el viento o la lluvia. Nos estamos convirtiendo en seres encerrados en cajas, activando nuestros sentidos artificialmente.

—Estamos terminados, amigo. Tu grupo de amigos son soñadores, no podrán cambiar nada.

—Creemos que sí, Rin. Mira, hay un hombre mayor en nuestro grupo que se dedica a buscar viejos archivos binarios y los traduce. Nos ha mostrado un informe de un extinguido periódico de un país que tampoco existe ya, que se llamaba Argentina, en donde en el siglo veintiuno compitió en un torneo mundial de fútbol; lo curioso es que, a pesar de haber salido segundos, la pasión que esta gente demostraba para con sus jugadores era indescriptible. Realizaban fiestas en sus pueblos, saliendo a la calle a festejar con un entusiasmo que yo jamás he visto. Otro de los integrantes de nuestro grupo, que es un estudioso de las sociedades humanas, nos dijo que, en su opinión, este comportamiento de festejo y alegría se debía a que la gente, al ver a sus jugadores de carne y hueso, imaginaba que son ellos los que están jugando, y entonces sienten en carne propia los golpes, el esfuerzo, el cansancio y el estallido emocional cuando se convierte un gol.

—¿Qué se les ocurre hacer para cambiar nuestra situación? ¿Volver al pasado?

—Algo parecido, Rin. Mira, otro integrante de nuestro grupo es investigador de comportamientos y psiquis humanas, y tiene una teoría muy convincente: él dice que si pudiéramos practicar nuevamente los antiguos deportes del siglo veintiuno, como el básquet o el fútbol, pero compitiendo entre nosotros, frente a frente, no virtualmente, conseguiríamos entretenernos e incluso apasionarnos, es decir, disfrutar de algo superador. Se generaría un clima entre jugadores y espectadores que se retroalimentaría de entusiasmo.

—¿Entusiasmo? ¿Qué significa eso?

—El entusiasmo, estimado amigo, es una capacidad del ser humano que hemos perdido, pero que podemos recuperar. Mediante esa capacidad podemos sentirnos útiles, eficientes, capaces de ser dueños de nuestra propia vida. El entusiasmo está superpuesto con el amor y esta fórmula puede transformar a una sociedad desde sus cimientos. ¿Me entiendes?

—Creo que sí, pero ¿cómo lograrán llevar a la práctica su idea?

—Vamos a realizar un experimento. Estamos organizando un partido de ese viejo y olvidado deporte que se llamaba fútbol. Estamos trabajando en construir una cancha con tribunas para los espectadores —así se practicaba—, incluso la cancha tendrá césped natural. Todos estamos motivados por este proyecto. Esperamos ansiosos reunirnos para ajustar y solucionar todos los detalles.

—¿Cuándo se reúnen?

—El martes próximo.

—Iré a escuchar.

—Serás bienvenido, Rin, no te arrepentirás.

El proyecto de organizar un partido de fútbol del mismo modo y con las mismas características que dos siglos antes fue un disparador de entusiasmo para la comunidad. Se hicieron camisetas con los nombres de jugadores y números, incluidos los botines; todo demandó muchísimo esfuerzo, investigación y trabajo. La pelota fue lo más complicado: no se encontraron informes de cómo poder hacerla, entonces se decidió realizarla de un material sintético.

El investigador de viejos archivos binarios pudo traducir un reglamento del juego, pero no se pudo comprender correctamente, salvo que el único autorizado para tocar la pelota con la mano era el arquero y que un gol consistía en que un equipo metiera la pelota en el arco contrario.

Por fin llegó el día del experimento.

Cuando la pelota comenzó a rodar, un jugador robusto corrió para patearla y se llevó por delante a un defensor, el cual quedó tendido en el piso. Esto generó un clima poco propicio para continuar, pero el mismo jugador caído se levantó inmediatamente y quiso que el juego continuara. Como no había reglas ni técnica de juego, todos corrían detrás de la pelota en un desorden generalizado que resultaba muy gracioso, hasta que un chiquitín delgado pudo dominar el balón y despistar a los contrincantes. Cuando se acercó al arco, a pesar de que el arquero quiso detenerlo extendiendo sus brazos hacia arriba y abriendo sus piernas, con un leve movimiento de su pie el joven atacante pudo conseguir incrustar la pelota en la red.

—¡Gooool! —fue el grito al unísono de todos los simpatizantes.

Después, los ánimos se desataron en más gritos y vivas, y en cada corrida, en cada gambeta —tal vez rústica, pero gambeta al fin— los simpatizantes sobre las improvisadas tribunas de un lado o del otro estallaban de algarabía. El primer partido experimental, lejos de toda tecnología, llevado a cabo por personas de carne y hueso, fue un éxito absoluto. Los organizadores comprendieron que ese era el camino hacia el futuro para poder cambiar una vida chata, sin proyectos ni recompensas.




Estimado lector: mi sitio de cuentos no posee publicidad. Todos mis relatos puedes leerlos de principio a fin en el momento que quieras. Si te ha gustado esta historia, puedes invitarme un tecito o cafecito en señal de aprobación. Desde ya, muchas gracias por tu colaboración."









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La historia principal transcurre en la nave espacial Hail Mary y está intercalada con recuerdos del pasado. El protagonista de la historia, Ryland Grace, despierta a bordo de la Hail Mary sin recordar nada. Fragmentos de sus recuerdos comienzan a aparecer, y descubre que el destino de la Tierra depende del éxito de la misión, los científicos de la tierra observaron que el Sol se está atenuando, coincidiendo con la aparición de una tenue línea infrarroja que se extiende desde el Sol hasta Venus, denominada "línea de Petrova".

Como esta disminución de la temperatura del Sol provocaría una edad de hielo catastrófica en unos treinta años, los gobiernos del mundo nombran a Eva Stratt, exadministradora de la Agencia Espacial Europea, para liderar un grupo de trabajo encargado de resolver el problema. Una sonda espacial enviada a investigar Venus descubre que microbios alienígenas están generando la mencionada luz infrarroja. Stratt recluta a Grace, un científico marginado por sus teorías radicales que se dedica a dar clases en una escuela, para investigar la naturaleza de esta amenaza.


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domingo, agosto 02, 2026

MAL TIEMPO (final de la historia)


CASA ROSADA - DESPACHO PRESIDENCIAL

—Comunícame con la Fuerza Aérea.

—Enseguida, Presidente.

—Brigadier, ya tenemos el componente, pero nos queda muy poco tiempo, dos días como máximo. ¿Es posible hacerlo? ¿Contamos con los aviones suficientes?

—Sí, Presidente. Tenemos los Pampas; necesitamos una noche para los preparativos y podemos atacar de inmediato, solo nos debe dar la orden.

—Bien, Gustavo. Que Dios nos ayude. Comencemos. Las dosis están llegando en formato de dardo como usted me pidió; quiero estar al tanto de todo.

—Así se hará, Presidente. Fijemos como hora de ataque las 6:00 a. m. de mañana lunes.

—Perfecto, Brigadier. Mantendré la radio abierta para escuchar todo.

Cuando esta conversación terminó, el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina ordenó a su subalterno comenzar con el plan “Leloir-70”.

En la base Reconquista, el operativo generó un movimiento de personal enorme: se abrieron las puertas de los hangares, los pilotos subieron a los aviones para sacarlos y realizar los protocolos de rutina, mientras el controlador de vuelo, junto a dos asistentes, miraba sus monitores y los informes climáticos para verificar las condiciones del despegue programado.




A las diez de la noche llegó a la base un vehículo fuertemente custodiado, guiado por una docena de motos policiales y dos micros con agentes de seguridad. Eran las dosis de “Leloir-70”. Las mismas se bajaron del camión que las transportaba con mucho cuidado y se distribuyeron cinco en cada avión.

A las seis de la mañana en punto, se impartió la orden de comienzo de la operación.

Uno a uno, los cinco aviones Pampa despegaron mientras se sentía el rugir de sus turbinas, para después perderse entre las negras y espesas nubes.

—Atención base, atención base —se escuchó en la radio, la cual se replicaba en la Casa Rosada, en la sala de situación de la Aeronáutica y al jefe de la operación.




—Lo escuchamos, Pampa 1. Adelante.

—Estamos próximos al primer objetivo, ya lo estoy viendo. Se observa una gran semiesfera traslúcida de color naranja y azul, que posee una especie de brazos en su parte inferior. ¿Pueden verlo en sus monitores?

Todos los monitores conectados veían exactamente lo que el piloto transmitía. El sol despuntaba sobre las nubes, iluminando una criatura gigantesca que se movía con suavidad.

—Pampa 2, realice un vuelo rasante por encima de la criatura —ordenó el jefe de la operación.

Cuando el segundo avión pasó por encima del objetivo, todos pudieron observar su tamaño comparándolo con el del avión.

—Son gigantescos —se asombró el Presidente—. Si el componente “Leloir-70” no da resultado, será el fin.

El secretario del Presidente no salía de su asombro.

—Pampa 1, realice usted el primer disparo.

—A la orden, comandante.

En las pantallas se observaba la mira del avión apuntando a un ser siniestro y desconocido, hasta que una estela luminosa se incrustó en esa masa deforme.

—¡Impacto en el objetivo! —confirmó el piloto—. Continuaremos volando en círculos para observar y filmar si le afecta.

Todos quedaron expectantes esperando la reacción de la criatura, que por el momento no daba signos de ningún tipo.

ESA MISMA MAÑANA EN BAHÍA BLANCA

Después de trabajar toda la noche, Alberto, Felipe y su tío pudieron poner en condiciones los dos vehículos, pero faltaba la prueba de fuego: que arrancaran.

—Vamos a probar con la F-100 primero —dijo Alberto, para después preguntar—: ¿Quién tendrá el honor?

—Me encantaría ser yo quien la ponga en marcha —dijo Juan.

—Adelante, tío, es toda suya.




Juan se sentó al volante y recordó esos años de su juventud recorriendo aquellos caminos de tierra que unían a decenas de pueblos. Después de colocar la llave, con su pie derecho hundió el pedal del acelerador dos veces y, cuando le dio arranque, el primer intento fracasó; pero en el segundo, los viejos cilindros del motor comenzaron a moverse para ya no detenerse. El sonido del motor regulando hizo que los tres hombres aplaudieran satisfechos.

Felipe se subió al Rastrojero y, en el primer intento, después de largar por su caño de escape una bocanada de humo negro, quedó regulando.

—¡Triunfamos, señores! —gritó Alberto para la algarabía de todos, incluido Pedro, que no paraba de ladrar.

Con dos vehículos podrían seguir el viaje al sur.

Los preparativos fueron rápidos: suficiente comida preparada por las mujeres para un par de días, agua y abrigo.

La F-100 la conduciría Felipe, llevando a las mujeres y a los dos perros en la caja, y en el Rastrojero viajarían Alberto y Juan, llevando todos los víveres en la caja.

A las seis de la mañana en punto estaban saliendo de Bahía Blanca.

EN ALGÚN LUGAR SOBRE LAS ESPESAS NUBES

—Atención base, atención base.

—Lo escuchamos, Pampa 1.

—Ya han pasado quince minutos y no se observan cambios en el objetivo, pedimos instrucciones para regresar.

—Regresen, escuadrón Pampa; repito, regresen, escuadrón Pampa.

El Presidente, en su despacho, pegó un puñetazo en su escritorio:

—¡Maldición! No puedo creer que el antídoto no funcione. Almirante, aguardemos cinco minutos más.

—Atención, escuadrón, rectifico la orden —dijo el Brigadier de inmediato—. Sobrevuelen el objetivo cinco minutos más.

—A la orden, señor.

Las naves continuaron volando en círculos cuando, de pronto, se escuchó un sonido muy extraño, similar al gemido de una ballena franca bajo el agua.

—¡Atención base, atención base!

—Adelante, Pampa 1.

—Estamos observando un leve cambio de color y están apareciendo en su piel llagas que desprenden un líquido amarillento. Ahora, varios sectores de su piel comenzaron a englobarse y después estallan, formando un polvo amarillo que se esparce en el aire.

Todos observaban desde sus monitores lo que el piloto veía en primera persona. El Presidente se puso de pie y exclamó:

—¡Se está muriendo, no cabe duda!




—Ahora se ha convertido en una masa inerte que se pulveriza y degrada sobre las nubes —exclamó el piloto.

El Brigadier impartió una última orden al jefe de operaciones y este la transmitió:

—Atención, escuadrón, continúen con el mismo ataque al resto de las criaturas. Recuerden que solo cuentan con un dardo para cada una; no hay más, no podemos fallar.

—Entendido, comandante. Tenemos las coordenadas y procederemos.

El Presidente lloraba de emoción:

—Comuníqueme con el instituto... ¡Profesor, lo logramos! El “Leloir-70” dio el resultado esperado! Mis felicitaciones y reconocimiento para su institución.

CAMINO AL SUR DESDE BAHÍA BLANCA

La camioneta F-100 avanzaba a buen ritmo; detrás venían Alberto y el tío Juan en el Rastrojero.

—Debo agradecerle, Juan, porque gracias a usted hemos podido continuar nuestro viaje. Le voy a ser franco: no sé si podremos zafar de esta situación, pero al menos lo intentaremos.

—El agradecido, Alberto, soy yo. Pensé que mis días habían terminado hasta que ustedes llegaron. Aunque no lo crea, haber puesto en marcha estos cacharros con ruedas me regresó a mi juventud; le aseguro que tengo renovadas ganas de vivir. Y vivir, estimado amigo, también implica enfrentar lo que venga, lo cual es mejor que bajar los brazos.

—Así es, Juan. ¡No nos rendiremos!

—A propósito, Alberto, estaba pensando que tal vez, si esto termina bien... He notado que usted sabe mucho de mecánica y, como me comentó que vivían de su jubilación, que todos sabemos que aquí en Argentina es magra (incluida la mía), le propongo un emprendimiento.

—¿Qué me propone, Juan?

—Mire, yo conozco infinidad de pueblos donde, si uno busca, encuentra todavía autos viejos. Los compramos, los llevamos a mi galpón para arreglarlos y después los vendemos. Estoy seguro de que a mi sobrino le gustaría; vi sus ojos cuando la chata arrancó y el empeño que puso para arreglarla.

—Me interesa, Juan, me gusta mucho su propuesta. Hace unos años que quería cambiar de vida, para mí sería una oportunidad.

—¡Trato hecho! —dijo Juan, y ambos hombres se dieron la mano.

En la F-100, la madre de Ester miró hacia atrás y vio cómo los dos perros disfrutaban del viaje con sus orejas revoloteando por el viento.

—Ellos solo disfrutan de su vida, qué afortunados... En cambio nosotros vivimos alterados, con miedo y padeciendo injusticias.

—No seas tan negativa, mamá. Con un poco de suerte encontraremos un lugar para estar tranquilos.

Felipe le tomó la mano a su novia; en ese preciso momento, una llovizna amarillenta cubrió el parabrisas.

—¿Qué será eso? —preguntó en voz alta Felipe.

—¡Dios mío! —exclamó asustada la mamá de Ester—. Miren el campo, eso que cae lo cubrió todo.

Felipe detuvo la camioneta en la banquina y detrás paró Alberto con el Rastrojero.

El tío de Felipe pasó su mano por el parabrisas y, al mirar la palma de su mano, la misma se había teñido de amarillo.

—Parece polen de alguna planta, pero es imposible en esta cantidad.

—¿No será tóxico? —preguntó la mamá de Ester tapándose la boca.

—No creo —dijo Alberto—, no tiene olor.

Cuando todos estaban hablando sobre esta extraña lluvia, una leve brisa del este comenzó a soplar, arremolinando esta rara sustancia y acumulándola sobre la banquina.

En un momento, los perros comenzaron a ladrar muy fuerte, mirando hacia algún lugar del horizonte.

—¿Qué es eso? —preguntó Ester.

Todos miraron y vieron nítidamente cómo, cerca del horizonte, la ruta se iluminaba.

—¡Es el sol! —exclamó Juan—. ¡Es el sol!

Todos se abrazaron, los perros ladraban moviendo sus colas, y ahora la brisa se había convertido en un persistente viento que los despeinaba y hacía mover los secos cardos del campo.


Un viento seco y frío comenzó a soplar, empujando las nubes negras y espesas hasta hacerlas avanzar lentamente. El mal tiempo había terminado. 



FIN


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Alchemised es una novela de fantasía oscura escrita por SenLinYu, basada en su popular fanfiction Manacled ambientado en el universo de Harry Potter (Dramione), adaptado para publicarse como una historia original independiente.


Sinopsis clave

La historia transcurre en un mundo devastado por la guerra tras la victoria de una facción tiránica y oscura.

  • La protagonista (Helena): Es una sanadora de la resistencia que cae prisionera. Sus recuerdos han sido alterados o bloqueados mágicamente para proteger información crucial.

  • El dilema de la memoria: Al carecer de sus recuerdos, Helena es sometida a interrogatorios mágicos para descifrar los secretos que esconde en su mente, mientras intenta reconstruir quién era y qué papel jugó durante el conflicto.

  • El captor: Un peligroso comandante enemigo queda a cargo de su custodia e interrogatorios. A través del choque entre ambos y los recuerdos desenterrados, la novela explora una compleja historia de supervivencia, trauma, guerra y un romance oscuro e intenso (enemies-to-lovers).

Temas principales

  • Trauma y memoria: El valor de la mente como refugio y arma.

  • Moral en tiempos de guerra: Sacrificios extremos y las zonas grises de la resistencia.

  • Fantasía oscura (Dark Romance): Ambientes claustrofóbicos, giros trágicos y una marcada tensión psicológica.



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martes, julio 21, 2026

MAL TIEMPO (séptima entrega)

         Cuando se aproximaban a Bahía Blanca el tráfico había disminuido visiblemente; sólo de tanto en tanto circulaba algún vehículo hacia el sur.

El fin del viaje lo marcaba la luz roja del tablero del automóvil de Felipe.

—Si llegamos a la casa de mis parientes será solo por milagro —avisó Felipe, mirando un humo blanco que salía por debajo del capó.

Ahora las densas nubes estaban tan bajas que parecía que se podían tocar con las manos. Por la oscuridad, las luces del camino de ingreso se habían encendido.

Felipe tomó por una calle que sabía que desembocaba en la plaza principal. A poco de recorrerla, observó algo extraño.

—Aquí ha pasado algo raro —dijo Felipe.

—Sí, es evidente. La gente abandonó las casas como si huyera de algo —observaba Alberto—. Incluso han dejado portones y puertas abiertas.

—¿Qué los asustó de ese modo? —preguntaba la mamá de Ester.

—Tiene que haber sido algo muy repentino —afirmaba Ester—. ¿Dónde viven tus parientes, Felipe?

—A pocas cuadras de aquí.

Cuando llegaron a la casa de los familiares de Felipe, tanto el portón del garaje como la puerta de ingreso estaban abiertos. Felipe estacionó el auto frente a la casa y se bajó para ver; Alberto lo siguió.

Cuando entraron hasta la mesa del comedor, la misma continuaba servida para el almuerzo: un par de sillas estaban volcadas y había unos vasos y platos rotos en el piso.

—¿De dónde proviene esa música? —preguntó el papá de Ester.

—Es en el patio —respondió Felipe yendo hacia allí.

—¡Tío! ¿Qué haces aquí solo? ¡¿Qué ha ocurrido?! —exclamó Felipe asombrado al ver a su tío Juan, sentado en un sillón junto a su perro, con una vela encendida sobre la mesa.

—¡Qué sorpresa, Felipe! —exclamó el anciano—. ¿Qué estás haciendo aquí, querido?




—Vine a verlos escapando de la ciudad por todo esto que estamos padeciendo. Pero ¿por qué te han dejado solo?

—No estoy solo, me acompaña Pedro.

—¿Quién es Pedro, tío? No lo conozco.

—Es él —dijo el anciano señalando a su perro, que sin levantar la cabeza comenzó a mover la cola suavemente.

—Ah, sí, por supuesto, entiendo —dijo Felipe—. Te presento a Alberto, que es el padre de mi novia.

—Encantado, señor. Le adelanto que su hija tiene suerte: mi sobrino es un buen muchacho.

—Ya lo sé, señor —respondió Alberto—. Permítame preguntarle: ¿por qué todos se han ido?

—Me han dicho que se está terminando el aire, aire que todos necesitamos para seguir participando; sin él no hay vida.

—¡¿Quién dijo eso?! —preguntó apresurado Felipe.

—Lo han dicho en las noticias —respondió el hombre con tranquilidad—. Todos se aterrorizaron y huyeron de aquí.

—¿Y por qué tú no te has ido con todos?

—En el auto solo había espacio para mí o para mi fiel amigo, ambos no entrábamos; entonces pensé que preferiría morir aquí, en mi casa de toda la vida. ¿Por qué ir a otro lugar? Aquí estoy a gusto, disfrutando mis mates y escuchando tangos. ¿Qué más puedo pedir a mi edad?

—¿Por qué tiene una vela encendida, tío?

—Ah, sí, la vela. Solo es para saber que, cuando comience a apagarse, subiré a mi compañero sobre mis piernas y lo abrazaré. Si Dios me brinda un último deseo, solo le pido que él no sufra, porque no se lo merece y, además, no sabe que va a morir.

Ester y su mamá, que esperaban en el auto, al ver que los hombres no regresaban, se bajaron y entraron a la casa con Cacique, el cual corrió hasta el patio. Ambos perros, al enfrentarse, se olfatearon y después se pusieron a jugar. Felipe le presentó a su tío y les explicó qué hacía allí y por qué.

La mamá de Ester se asustó al saber la novedad de que todos se fueron de la ciudad porque existía el peligro inminente de que se terminara el oxígeno.

—¿Pero cómo es posible tal cosa? —dijo Nora aferrándose a su hija.

—Es una información muy extraña, pero Juan nos dijo eso.

—A mí también me parece algo raro —acotó el anciano—. Pero todos se fueron aterrorizados, no quedó nadie. Bueno, salvo algún otro viejo loco como yo. Lo que me asombra es que, después de que dieron la información en el noticiero local y en la radio del pueblo, la programación de siempre se interropió y solo pasan música.

Mientras las dos mujeres se quedaron charlando con el tío de Felipe, ambos hombres se hicieron una seña para hablar en otro lugar.

—No podemos dejar a tu tío solo aquí, en un pueblo desierto a expensas de cualquier malhechor.

—¿Y qué podemos hacer? Llevarlo con nosotros es imposible, ya no tenemos vehículo y además no aceptará; lo conozco bien.

—Quedémonos aquí —dijo resuelto el padre de Ester—. Al menos esta noche descansamos y mañana veremos.

—Me parece bien, Alberto.

El resto del día transcurrió como una verdadera reunión familiar: las mujeres prepararon una rica cena y los hombres hablaron de todo tipo de cosas.

Después de la sobremesa, ya estaban todos por irse a descansar cuando el tío sacó un tema inesperado, que nadie imaginaba.

—He pasado un día fantástico —dijo Juan—. Me hizo acordar a cuando trabajaba de fletero y con Rosita, mi señora, charlábamos hasta cualquier hora en la cocina.

—Siempre recuerdo que de chico —acotó Felipe—, estando de vacaciones, acompañaba a mi tío en los repartos. Tenía una F100 roja preciosa. Ir por esos caminos de tierra de pueblo en pueblo era fascinante.

—Todavía tengo la chata —dijo el tío con una sonrisa.

—¡¿Qué ha dicho, tío?! —le preguntó Felipe sorprendido.

—Todavía tengo la chata, y también al Rastrojero. Están viejos y olvidados como yo, pero esos fierros me han dado tantas satisfacciones que forman parte de mi vida.

—No puedo creer que aún tenga el Rastrojero y la chata, tío.

—Así es. Les contaré una pequeña historia —comenzó diciendo Juan—. De joven tenía un amigo mecánico que siempre me atendió las camionetas, hasta que los años pasaron y un día no me renovaron el registro por mi vista: fue el anuncio de mi retiro. Pero mi amigo mecánico era también grande como yo y, con los nuevos autos más sofisticados, no sabía arreglarlos. Entonces se me ocurrió darle una parte de mi jubilación y le inventé una tarea: primero rectificó el motor de las dos camionetas y dos veces por semana salíamos a recorrer los pueblos para que las chatas no quedaran paradas. Para no ofender su orgullo, yo le decía que las tenía en venta. No sé si me creía, pero mantuve esa afirmación hasta que se murió. Después, allí quedaron las chatas; de esto hace ya más de diez años.

—Señor Juan —dijo Alberto—, ¿podemos ver el estado de sus chatas?

—Por supuesto, están en mi galpón, aquí a la vuelta. ¿Le gustan los autos viejos?

—No solo me gustan: en este momento nos podrían sacar de un apuro. No tenemos vehículo con qué movilizarnos.

—Escúchenme bien —dijo el anciano, poniendo su mano sobre la de su sobrino—: si pueden ponerlas en marcha, se las regalo; a mí ya no me sirven.

—Trato hecho —dijo Felipe—. Pero solo si usted nos acompaña, tío, no lo dejaremos aquí solo —se expresó resuelto.

El anciano se quedó callado por unos instantes y después dijo:

—Solo si Pedro me acompaña.

—Desde ya, tío. O todos o ninguno.

—Pero lamento decirles que mis chatas están arrumbadas hace mucho, mucho tiempo —dijo el tío con tristeza.

—Eso ya lo veremos —dijo Alberto.

—¡Nos queda una sorpresa! —dijo la mamá de Ester.

—Yo voy —dijo Ester, yendo a la cocina.

Cuando regresó, traía en sus manos una gran fuente con pastelitos.

—¡Están rellenos de dulce de membrillo!

Todos aplaudieron y ambos perros ladraron, moviendo sus colas.

A la mañana siguiente, los tres hombres fueron al galpón del tío Juan a ver las camionetas.




Después de levantar el capó del Rastrojero, Alberto dijo:

—Bueno, si conseguimos aceite, correas, batería, cables de bujías, bujías y, obviamente, las ruedas, creo que puedo ponerlas en marcha.

—Las ruedas están allí atrás, están sin rodar. Y los repuestos... solo hay que ir a buscarlos, porque todos salieron de aquí con lo puesto —afirmó el tío Juan—. Todos los negocios, incluida la estación de servicio, tienen todo lo que necesitamos. Vamos a hacer así: sobre los mostradores dejaremos una nota con la lista de lo que tomamos prestado hasta nuestro regreso.

—¡Manos a la obra! —dijo Alberto—. Solo resta un pequeño detalle: no tenemos herramientas.

El tío caminó unos pasos en la penumbra del galpón y abrió dos puertas de una especie de aparador.

—Aquí está todo lo que se necesita.

Cuando Alberto y Felipe observaron el contenido, vieron un panel con todas las herramientas de mecánica colgadas en perfecto orden.



Continuará…

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jueves, julio 16, 2026

MAL TIEMPO (sexta entrega)

 CASA BLANCA WASHINGTON D.C.


           Después de la reunión general de emergencia que convocó el presidente, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, expone en la reunión sus conclusiones. Todos leyeron detenidamente el informe confidencial  


DEPARTAMENTO DE DEFENSA DE LOS ESTADOS UNIDOS

AGENCIA DE PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN AVANZADA PARA LA DEFENSA (DARPA)

DIVISIÓN DE BIOLOGÍA SINTÉTICA Y ESTUDIOS AMBIENTALES DINÁMICOS

CAMPUS ARLINGTON, VIRGINIA

DOCUMENTO: CLASIFICADO / SOLO PARA OJOS DEL COMITÉ DE SEGURIDAD NACIONAL

FECHA: 14 de julio de 2026

ASUNTO: Evaluación de Impacto Ecológico y Riesgo Antrópico: Directiva de Erradicación Total de Especímenes "Mal Tiempo"

1. Resumen Ejecutivo

Este informe técnico evalúa la propuesta del Comando Conjunto de utilizar fuerza letal sistemática (Directiva de Erradicación Química/Cinética) contra las entidades biológicas no identificadas surgidas durante los eventos climáticos anómalos recientes.

Los modelos computacionales de esta agencia indican que la destrucción de los especímenes no resolverá la crisis. Por el contrario, desencadenará un colapso biológico en cascada y una crisis de salud pública de proporciones catastróficas para la población civil de los Estados Unidos. Se recomienda la suspensión inmediata de cualquier operación ofensiva a gran escala.

2. Hallazgos Clave y Mecanismos de Riesgo

A. El Efecto "Sumidero Atmosférico" (Biofiltración)

Nuestros análisis bioquímicos confirman que estas criaturas no son meras amenazas físicas; actúan como catalizadores metabólicos del entorno. La atmósfera alterada por el fenómeno "Mal Tiempo" contiene concentraciones letales de compuestos nitrosos pesados y toxinas ionizadas en suspensión.

El Mecanismo: Los especímenes absorben activamente estas toxinas a través de sus sistemas respiratorios modificados o de sus membranas externas, estabilizando la calidad del aire a nivel superficial.

El Riesgo: Eliminar a los especímenes rompería este ciclo de filtración biológica. Los modelos estiman que, en menos de 72 horas tras la erradicación del 60% de la biomasa de las criaturas, el aire de las principales ciudades de la Costa Este se volverá químicamente corrosivo, provocando edema pulmonar masivo en la población civil expuesta.

B. Liberación de Patógenos y Necro-toxinas (Necromasa Inestable)

La fisiología de estas entidades depende de un equilibrio bioquímico exótico. Cuando un espécimen es destruido mediante fuego o impactos cinéticos, su estructura molecular sufre una descomposición acelerada no natural.

Contaminación de Acuíferos: Los restos en descomposición (necromasa) filtran fluidos con alta acidez y metales pesados estables que saturan el suelo de inmediato.

Vectores de Enfermedad: Si los cuerpos no son incinerados a más de 1200 °C de forma instantánea, liberan esporas latentes. Estas esporas han demostrado la capacidad de parasitar cultivos agrícolas locales, destruyendo el suministro de alimentos en un radio de 15 kilómetros por cada criatura caída.

C. Ruptura de la Cadena Trófica y Efecto Rebote

Los especímenes han suplantado rápidamente a los depredadores alfa en las zonas afectadas. Sin embargo, también actúan como el único mecanismo de control sobre sub-organismos parasitarios mucho más pequeños y agresivos que viajan ocultos dentro de los frentes de tormenta.

[Fenómeno Mal Tiempo] ──> Genera Si el ejército elimina a las criaturas grandes, nos enfrentaremos a un Efecto Rebote: miles de millones de micro-parásitos invisibles al ojo humano quedarán libres para infestar sistemas eléctricos, suministros de agua y tejidos humanos sin un depredador que los contenga.

3. Conclusiones y Recomendación de Protocolo

La fuerza bruta es una respuesta política, no científica. Destruir a las criaturas equivale a romper el termostato de una casa que se está incendiando: no apaga el fuego, solo destruye nuestra capacidad de regularlo.

Esta agencia propone la transición inmediata al Protocolo de Contención Estática y Coexistencia Asistida. Debemos aprender a manipular la presión atmosférica que guía a las criaturas en lugar de matarlas. Si el Comando Conjunto procede con el bombardeo sistemático planificado para el próximo martes, estimamos una tasa de bajas civiles indirectas de entre el 35% y el 40% en los estados afectados dentro de los primeros treinta días, debido al envenenamiento ambiental y al colapso de los recursos básicos.

Aprobado por:

Dr. Arthur Vance

Director de Biología de Vanguardia, DARPA

PROPIEDAD DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS - CUALQUIER REPRODUCCIÓN NO AUTORIZADA SERÁ PROCESADA BAJO LA LEY DE ESPIONAJE.

(FIN DEL INFORME)


CASA ROSADA - BUENOS AIRES - ARGENTINA - DESPACHO PRESIDENCIAL

—Señor presidente, tenemos una videollamada desde Washington.  




—Adelante señor presidente, gracias por su preocupación  —le dijo el presidente argentino a su par estadounidense. 

Por intermedio del traductor este le respondió:

—Señor presidente, imagino que usted ya ha leído el informe y tiene en su poder el análisis y las muestras de la composición biológica de estos seres.

—Así es, me encuentro en una situación que jamás pude imaginar en toda mi vida  —se expresó el presidente argentino abatido— no puedo decidir sobre la vida de millones de mis compatriotas. No soy Dios. 

—Comprendo señor presidente pero lamentablemente estas criaturas amenazan toda la vida en la tierra, Brasil ya ha sido afectado, y nosotros no podemos permitir que esto continúe. —dijo sin rodeos el presidente estadounidense— si usted no toma una decisión, la tendremos que tomar nosotros.

—De cuánto tiempo dispongo. —preguntó el mandatario sudamericano—  para al menos buscar un paliativo para mi gente. No puedo no decir nada, no avisar, debo hacer algo.

—Lamentablemente no se puede hacer nada, debemos destruir a esas criaturas cuanto antes. —sentenció el mandatario estadounidense—  El ataque masivo lo realizaremos en setenta y dos horas, recomiendo al presidente, que se proteja usted y su familia. 

Cuando terminó la videoconferencia, el secretario del presidente argentino irrumpió en el despacho y le alcanzó una carpeta 

—Señor presidente, aquí está el informe del instituto


INFORME TÉCNICO CONFIDENCIAL

DE: Departamento de Virología y Biología Molecular — Fundación Instituto Leloir (FIL / IIBBA-CONICET)

PARA: Comando de Emergencia "Mal Tiempo"

ASUNTO: Protocolo de Vulnerabilidad Metabólica en Especímenes de la Anomalía "Mal Tiempo"

DOCUMENTO: FIL-MT-094-REV3

1. Resumen del Hallazgo

Tras analizar las muestras de tejido de las criaturas recuperadas en el último sector de exclusión, nuestro equipo de bioquímica estructural identificó una anomalía única en su fisiología. A diferencia de cualquier organismo terrestre conocido, estas criaturas no dependen de procesos celulares estándar para la regeneración de tejidos; en su lugar, utilizan un armazón polimérico externo compuesto por una variante exótica de glicoproteínas (proteínas unidas a azúcares complejos) que les otorga su extrema resistencia física y adaptabilidad climática.

Aprovechando la histórica especialización de este instituto en el metabolismo de hidratos de carbono (el legado científico del Dr. Luis Federico Leloir), hemos logrado sintetizar un agente disruptor químico capaz de colapsar esta estructura de forma inmediata.

2. El Vector de Ataque: Compuesto "Leloir-70"

Las criaturas requieren una enzima sintetizadora específica para mantener cohesionado su caparazón molecular. Si se bloquea esa enzima, el "cemento" que las mantiene unidas se disuelve, provocando una lisis celular (ruptura de membranas) masiva y catastrófica en cuestión de minutos.

Hemos diseñado un inhibidor enzimático competitivo modificado, denominado provisionalmente Leloir-70.

Mecanismo de acción: El compuesto engaña a los receptores de la criatura simulando ser un nutriente esencial (un nucleótido de azúcar modificado). Una vez absorbido, bloquea irreversiblemente la síntesis del polímero de su armazón.

Efecto visual/físico: Al entrar en contacto con el compuesto, la criatura pierde la cohesión molecular de su capa exterior. El tejido, antes impermeable a las balas y al fuego, comienza a licuarse, tornándose en una sustancia gelatinosa inerte que se evapora al contacto con el aire húmedo de la tormenta.

3. Método de Dispersión

Debido a las condiciones atmosféricas de la anomalía "Mal tiempo", la entrega del compuesto debe ser rápida y aérea:

Aerosolización térmica: El compuesto Leloir-70 es termoestable. Puede ser cargado en las turbinas de dispersión de aeronaves militares o drones de patrulla para generar una niebla química artificial.

Reacción con la lluvia: El compuesto es altamente higroscópico (absorbe la humedad del ambiente). Esto significa que la propia lluvia del "Mal tiempo" actuará como el vehículo conductor perfecto, acelerando la propagación del compuesto por toda la zona de conflicto y asegurando que las criaturas lo absorban a través de sus membranas respiratorias o tegumentarias.

4. Consideraciones de Seguridad

Impacto ambiental: El compuesto es biodegradable en suelo terrestre y completamente inocuo para la flora y fauna local, ya que está diseñado para encajar únicamente en la cerradura molecular específica de las criaturas.

Margen de efectividad: no se puede confirmar 100%, por falta de las pruebas en más tejidos 

Firmado:

Dirección de Bioquímica y Biología Celular

Fundación Instituto Leloir, Buenos Aires, Argentina.


—Comunícame con el director del instituto de inmediato. 

—Estimado profesor, ¿cree usted que esto funcionará. 

—El resultado no lo podemos garantizar ciento por ciento, sin realizar pruebas. Las muestras de tejidos eran muy pequeñas.

—Apelo a su experiencia profesor, si usted me dice que es posible, que existe un grado de posibilidad de que funcione, yo me responsabilizo y actúo en consecuencia. 

—Me sumo a su responsabilidad presidente. Tiene que funcionar, mi equipo es excelente y han trabajado sin descanso. 

—Ni una palabra más.  —confirmó resuelto el presidente argentino—. Ya envío a personal del ejército a retirar las ampollas al instituto. 

—Quien realice el trabajo, debe colocar una sola dosis por cada ser, sólo hay treinta y seis, ni una más. —replicó el director del instituto.


FELIPE, SU NOVIA Y SUS PADRES, PRÓXIMOS A LLEGAR A BAHÍA BLANCA 


Ahora todos estaban más distendidos, la madre de Ester los convidó con pasteles, los que fueron bien recibidos, no habían probado bocado en todo el día.

La ruta estaba transitada pero no había muchos camiones, la circulación era fluida.

—Encenderé la radio para saber qué información están dando. —dijo Alberto.

En la mayoría de las estaciones del dial solo se escuchaba música, hasta que en una radio pudieron escuchar a un periodista que decía:

—Atención, tenemos una información urgente de una persona que se encuentra en el paso “Integración Austral” a Chile:

—Aquí está ocurriendo algo muy extraño, ¡si, si, esto es un caos!  —se escuchaba la voz de un hombre gritando desesperado. 

—¡Cálmese por favor!, ¿qué está ocurriendo?  —Le preguntó el periodista.

La misma voz ahora más agitada decía:

—¡Aquí a los autos se les para el motor, no arrancan!, ¡las personas!, ¡las personas!

—¿¡Qué está pasando!? —enfatizó el periodista.

—¡Se desvanecen!, ¡se están desmayando!, ¡Por Dios no!.

Se escuchó un golpe seco, después silencio; el periodista trataba de saber más, pero la comunicación se había interrumpido definitivamente. 





Continuará…


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lunes, julio 13, 2026

MAL TIEMPO (quinta entrega)

 CASA BLANCA WASHINGTON D.C.

Con la carpeta en su mano el secretario del presidente corre al despacho oval de la Casa Blanca.

—Señor presidente, aquí está el resumen del informe de la situación “Mal tiempo”

El presidente abre la carpeta y comienza a leer




INFORME CLASIFICADO: ANOMALÍA "MAL TIEMPO

Origen: Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) | Estatus: Alerta de Extinción Local

1. El Diagnóstico Científico

Las criaturas de "Mal Tiempo" no operan bajo una biología convencional; son motores de combustión química hiperacelerados.

Consumo radical: Absorben agua (H₂O) y oxígeno (O₂) a un ritmo 400 veces superior al de cualquier vertebrado conocido. Su paso genera zonas de vacío atmosférico y desecación instantánea de acuíferos.

Excreción letal: Liberan columnas masivas de anhídrido carbónico (CO₂). Esto acidifica el entorno de inmediato, desplomando el pH del agua a un catastrófico 6.4 (disolviendo conchas, corales y tejidos vivos) y recalentando la atmósfera local.

2. Protocolo de Erradicación (Puntos Débiles)

El uso de armas convencionales o agua es inútil (las alimenta). La destrucción debe ser química y física:

Deshidratación por Cal Viva (CaO): Al contacto con la criatura, la cal absorbe su agua interna mediante una reacción térmica extrema que supera los 200°C, carbonizándolas en seco.

Asfixia por Retención: Aislar las colonias bajo cúpulas herméticas. El CO₂ que excretan las satura en minutos, provocándoles una autodestrucción por hipercapnia.

Frío Criogénico (Nitrógeno Líquido): Congela el agua celular al instante. Al expandirse, el hielo destruye sus membranas, reduciendo la colonia a polvo quebradizo.

3. Impacto en la Población (El Colapso)

La amenaza para los humanos no es la depredación física, sino la alteración ambiental:

La Asfixia Silenciosa: El desplazamiento del oxígeno por el CO₂ provoca letargo, pérdida de conocimiento y muerte indolora en cuestión de horas. Las máscaras de gas comunes no sirven; se requiere soporte de oxígeno autónomo.

Desecación de Recursos: En minutos, las colonias secan embalses, tuberías y piscinas, provocando una deshidratación ambiental tan extrema que agrieta la piel y las mucosas de los sobrevivientes.

La Trampa de Escape: Huir en coche durante el "Mal Tiempo" es imposible. Al desaparecer el oxígeno del aire, los motores de combustión de los vehículos se apagan de golpe, atrapando a las caravanas de evacuados.

Al terminar de leer el presidente, mira a su secretario y le dice:

—Convoquemos a una reunión de ministros y a las fuerzas armadas ahora mismo. 

A los quince minutos comenzaba en la sala de situación la reunión solicitada por el presidente de los Estados Unidos por videoconferencia, con sus ministros y los jefes de las fuerzas armadas.

A MILES DE KILÓMETROS DE DISTANCIA EN BUENOS AIRES 

Fernández estaba preocupado por el informe secreto que tenía en sus manos y la situación de su amiga Ester, que ni siquiera sabía cómo y dónde estaba. Decidió llamar a su amigo Felipe, al menos para compartir lo que sabía. 

—Hola Felipe, ya tengo el informe confidencial y te aseguro que es desalentador, se suma a todo esto que la verdad se quiere ocultar. Es algo que me sobrepasa y lamentablemente está involucrada mi amiga Ester. Me ha dicho que debe permanecer escondida. No se que hacer.

—Pero qué dice el informe  —le preguntó Felipe. 

—Estamos amenazados por criaturas desconocidas que son casi con seguridad las que provocan este bloqueo climático. Es todo lo que dice el informe, debe haber mucho más, que desconozco. La fotografía es terrorífica. 

—Yo estoy pensando en partir hacia el sur con mi novia y su familia, no sé, tal vez poder cruzar a Chile. Tu me has dicho que la cordillera bloquea las nubes. —le respondió Felipe a su amigo.

—Ahora Felipe, ya no estoy seguro de nada, esto excede mis conocimientos, se trata de otra cosa, es algo enorme e impredecible. Voy a esperar a que me llame mi amiga para poder reunirme con ella y también trataré de ir hacia el sur, tal vez sea una posibilidad. Solo te puedo desear suerte Felipe.

—Lo mismo para tí amigo.

Cuando Felipe llegó al mecánico su auto estaba con el capot abierto  

—Tengo malas noticias para tí amigo, —le dijo el mecánico a Felipe, limpiando sus manos con un trapo negro de suciedad.

—Tengo que viajar mañana sin falta. —exclamó Felipe, mirándolo angustiado—  por el dinero no hay problema. 

—No es el dinero el problema  —se expresó el hombre—  necesito enviar a rectificar la tapa de cilindro y tardarán como mínimo una semana en entregármela arreglada, en el mejor de los casos, porque todos quieren irse de la ciudad, es por este tiempo de los mil demonios, pero se acuerdan de arreglar el auto a último momento. 

—Entonces me lo llevo así  —dijo Felipe sacando su billetera.

—Cómo usted quiera pero le aseguro que no llegará muy lejos.

Felipe salió con su auto del taller dejando una estela de humo blanco.

Después de cargar lo indispensable, subieron todos al auto de Felipe y salieron con rumbo sur, la intención de Felipe era ir por la ruta 3 para poder  pasar por Bahía Blanca porque allí vivía un primo de él. Si llegaba con su auto trataría de cambiarlo por otro que le pudiera garantizar hacer más de mil quinientos kilómetros. 




El padre de Ester se llamaba Alberto, era un hombre rudo de pocas pulgas, se casó con su esposa Ana cuando ambos eran muy jóvenes. En Comodoro Rivadavia trabajó como mecánico de barcos y en Puerto Deseado abrió un aserradero, hasta que sus negocios no prosperaron y se vino con su familia a Buenos Aires con su única hija que tenía cinco años. 

—Si el mecánico dijo eso, no tendremos muchas posibilidades de llegar lejos, —le decía Alberto a Felipe—  tendremos que revisar el nivel de aceite y agua con frecuencia.

—Así es Alberto, llevo cinco litros y un bidón grande de agua  —le respondía Felipe mientras manejaba.

—Hace dos horas y media que salimos y veo cada vez más tráfico.  —Acotaba Alberto— evidentemente todos se quieren ir de Buenos Aires.

—Lo que ocurre es que con un clima como éste la ciudad se ha convertido en una trampa peligrosa. —remarcó Felipe. 

—Allí hay una YPF, paremos.   —dijo Alberto.

La estación de servicio parecía abandonada, después de esperar varios minutos, se acercó un hombre mayor de mameluco.

—Ya no queda combustible, y tampoco creo que venga el camión con más. 

—La próxima estación a qué distancia está  —preguntó Felipe. 

—A cuarenta kilómetros, en las Flores, pero por lo que me dijeron ya no queda nadie allí. Es un pueblo fantasma.

Cuando los tres hombres hablaban, una moto de alta cilindrada se acercó desde la ruta, con dos motociclistas. Al llegar a pocos metros de los tres, el hombre que no conducía la moto sacó un arma y los apuntó. 




—¡Rápido, denme todo el dinero!

Ester y su madre al ver esto quedaron aterradas, contuvieron a Cacique qué como si supiera del peligro comenzó a ladrar desesperado.

El playero dijo que tenía dinero adentro, entonces el ladrón dijo:

—¡Vamos rápido, viejo, o te mato!.

Ambos se fueron caminando. El conductor de la moto también había sacado un arma y apuntaba a Alberto y Felipe, mientras les decía:

¡Ustedes también, denme todo lo que tengan!

Alberto tuvo un impulso de arrebatarle el arma al malviviente, pero no se animó, porque estaba algo alejado, y si fallaba, todo podía terminar en un desastre. A regañadientes sacó su billetera y le entregó todo el dinero que tenía, Felipe hizo lo mismo. Al cabo de un instante se escuchó un disparo qué provenía del local. Después salió corriendo con el arma en su mano el ladrón gritando:

—¡Vámonos de aquí, rápido!

Ambos malvivientes se montaron en su moto y salieron raudamente. A pesar de pasar muchos autos, en ese momento, ninguno se detuvo. Alberto corrió a ver al playero, y Felipe, conmocionado aún, se quedó cuidando a las mujeres. Al cabo de unos instantes Alberto regresó corriendo pidiendo el pequeño botiquín y una toalla.

—Está herido en la pierna pero es solo un rasguño.  —dijo más distendido. 

Por fin, todos más tranquilos fueron al local, el encargado estaba pálido recostado en una silla.

—Creí que no contaba el cuento —dijo el hombre con su pierna sobre otra silla— tomen lo que quieran, va por mi cuenta, ustedes han sido muy amables.

Todos tomaron un refresco, lo necesitaban.

—Joven  —le dijo el playero a Felipe— atrás en el galpón encontrará tres barriles de doscientos litros que tienen combustible, también hay bidones, cargue su tanque, y lleve toda la cantidad que pueda, no encontrará más combustible en otro lado, de aquí hasta Bahía Blanca. 

Continuará…


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